Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
En Senatobia, Mississippi, la policía respondió a un supuesto hurto en un Walmart con disparos. El resultado: Kohen Wiley, de solo un año, muerto. Después, la protesta recibió gases. Así funciona la ley cuando la pobreza se cruza con una placa.
UN BEBÉ DE UN AÑO, UN WALMART Y LA VIOLENCIA DE SIEMPRE
Kohen Wiley tenía un año. No era una amenaza. No era un sospechoso. No era una “situación de riesgo”. Era un bebé dentro de un vehículo en el aparcamiento de un Walmart de Senatobia, Mississippi. Y está muerto porque un agente disparó durante una actuación policial originada por una denuncia de supuesto hurto. El presunto motivo inicial: una caja de pañales.
La noticia parece escrita por una sociedad enferma. Pero no. Es la realidad estadounidense cuando el supermercado se convierte en frontera, la pobreza en delito y la policía en respuesta automática a cualquier grieta del sistema. El domingo, agentes del departamento de policía de Senatobia y ayudantes de la oficina del sheriff del condado de Tate acudieron al Walmart tras recibir el aviso. Según la Oficina de Investigación de Mississippi, conocida como MBI, un agente disparó contra un vehículo antes de que abandonara el lugar.
Las autoridades sostienen que el coche se dirigía hacia un agente en el momento del disparo. Esa es la versión oficial. La de siempre. La que aparece casi antes de que la sangre se seque. Pero varios testigos han cuestionado ese relato, según Mississippi Free Press. Y la familia de Kohen exige algo muy sencillo: que se publiquen las imágenes de las cámaras corporales de los agentes y los vídeos de vigilancia de Walmart. Transparencia, dicen las autoridades. Pues que empiecen por enseñar lo que pasó.
Kohen iba dentro del vehículo. Poco después, ese coche llegó a un hospital cercano. Allí declararon muerto al niño. Otra persona que iba en el vehículo, identificada por medios como una amiga de la madre de Kohen, quedó en estado crítico. La MBI también informó de que ningún agente sufrió heridas graves. El saldo es obsceno: un bebé muerto, una persona crítica, policías sin lesiones graves y una institución pidiendo paciencia.
La paciencia. Qué palabra tan cómoda cuando la ponen quienes tienen armas, sueldos públicos y comunicados oficiales. Qué insulto cuando se la exigen a una familia que acaba de perder a un niño de un año por una actuación policial vinculada a unos pañales.
El agente que disparó ha sido apartado con licencia administrativa. Una fórmula burocrática que suena a castigo, pero muchas veces funciona como sala de espera. Una pausa. Un colchón institucional. Mientras tanto, la familia entierra a Kohen y la ciudad intenta entender cómo un supuesto hurto menor pudo terminar en una muerte infantil.
CUANDO LA GENTE PROTESTA, EL SISTEMA VUELVE A DISPARAR
El martes, la rabia salió a la calle. Manifestantes se concentraron frente al ayuntamiento de Senatobia mientras las autoridades municipales celebraban una reunión dentro. También hubo protestas frente al Walmart. Y entonces apareció la segunda parte del manual: cuando la violencia policial genera protesta, la respuesta del Estado suele ser más violencia policial.
Agentes con máscaras antigás formaron una línea frente al supermercado. Después lanzaron un irritante conocido comúnmente como gas lacrimógeno contra quienes protestaban. La escena es brutal en su claridad. Primero muere un bebé durante una intervención policial. Luego la ciudadanía pide respuestas. Y el poder responde con gases. No es gestión del orden público. Es pedagogía del miedo.
El mensaje es transparente aunque no lo escriban en ningún comunicado: no lloréis demasiado alto, no preguntéis demasiado fuerte, no convirtáis la muerte de Kohen en un problema político. Porque eso es precisamente lo que es. Un problema político. Un problema de clase. Un problema racial. Un problema de país. Estados Unidos puede llenar estadios, vender libertad en anuncios y dar lecciones al mundo con una bandera gigante detrás. Pero en sus aparcamientos, una familia pobre puede terminar tiroteada tras una denuncia por pañales.
El abogado de derechos civiles Ben Crump, contratado por la familia el martes, lo resumió con una dureza necesaria. Kohen Wiley era un bebé. Su madre, que no ha sido acusada de ningún delito, afirma que intentó comunicar a los agentes que había un niño en el coche. Dispararon igualmente, según denunció Crump. Y el resultado fue la muerte de un inocente de un año. Una vida robada. No perdida. Robada.
El comisionado de Seguridad Pública de Mississippi, Sean Tindell, habló con periodistas el martes en un juzgado municipal. Aseguró que hay una investigación independiente en marcha y que las imágenes policiales serán difundidas cuando termine esa investigación. Es decir: las pruebas existen, pero la ciudadanía tendrá que esperar a que el propio sistema que debe ser examinado decida cuándo puede verlas. Bonita idea de la rendición de cuentas. Muy estadounidense. Muy de institución cerrando filas mientras promete apertura.
Walmart, por su parte, afirma que coopera con las fuerzas de seguridad. La policía de Senatobia publicó en Facebook que está comprometida con la “plena transparencia” y que compartirá tanta información como sea posible conforme avance la investigación y se verifiquen los hechos. Palabras limpias para una escena sucia. Porque la transparencia no es un eslogan después de una muerte. La transparencia es entregar las imágenes, identificar responsabilidades y explicar por qué una actuación por un supuesto hurto acabó con un bebé muerto.
Y aquí está el fondo del asunto, aunque moleste. Cuando el capitalismo convierte los pañales en mercancía inaccesible, convierte también la pobreza en sospecha. Cuando el Estado arma hasta los dientes a sus policías, cualquier intervención puede transformarse en ejecución. Cuando una sociedad normaliza que el orden de un aparcamiento valga más que la vida de quienes no pueden pagar, el resultado no es un accidente. Es una consecuencia.
Kohen Wiley tenía un año. Murió el domingo. Las protestas estallaron después. El martes hubo gases contra manifestantes. El agente está de baja administrativa. La MBI investiga. La familia exige vídeos. Walmart coopera. La policía promete transparencia. Todo está dicho y, aun así, falta lo único importante: justicia.
Porque si un bebé puede morir por una caja de pañales, el problema no es solo el disparo. Es todo el país apuntando.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir