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Marina Lobo estalla en HECD contra el televoto manipulado, la complicidad europea y el cinismo de la derecha española
“A mí casi me da un pampurrio”. Así resumía Marina Lobo su reacción al ver a Israel liderando el televoto en Eurovisión 2025. En su programa Hasta el coño de (HECD), la periodista y humorista desgranó con precisión quirúrgica lo que los medios generalistas callan: la estrategia de propaganda internacional que Israel ha montado a través de Eurovisión, mientras bombardea Gaza.
Este año, la representante israelí Yuval Raphael no fue elegida por su talento musical, sino por su biografía: es superviviente del ataque del 7 de octubre, y su canción “New Day: Wild Rise” estuvo plagada de referencias a la guerra. Una elección deliberada para apelar a la emoción, disfrazar el genocidio y victimizar al ocupante. “Si eso no es una intencionalidad política, que venga Dios y lo vea”, dijo Marina.
La UER lo permitió. Las normas del festival prohíben referencias políticas, pero, como denunció Lobo, “Eurovisión es apolítica… pero apolítica de derechas”. No hubo sanciones. Ni por la letra. Ni por la campaña de televoto orquestada desde Tel Aviv. Ni por el uso del aparato diplomático para movilizar votos desde las embajadas. Ni por los anuncios de YouTube pagados con fondos públicos israelíes, enseñando a votar veinte veces por persona.
“No te hace falta ni ver la gala. Solo necesitas una tarjeta de crédito, veinte votos y cero vergüenza”, resumió Marina. Mientras Israel arrasaba Gaza, millones de europeos regalaban sus votos a su embajadora musical. Una embajadora que subía al escenario en directo mientras caían bombas sobre Rafah.
EL CINISMO DEL TELEVOTO Y LA COBARDÍA DE EUROPA
Las cifras escandalizan. En España, más de 111.000 votos online se registraron en la final. Cien mil más que en la semifinal. La única diferencia: la presencia de Israel. “No hace falta ser Sherlock Holmes para ver el patrón”, disparó Marina. Los países con sistemas más restrictivos de voto —que exigen DNI para comprar SIMs— no dieron ni un punto a Israel. Pero los que permiten tarjetas prepago y votaciones masivas vieron cómo la candidata israelí arrasaba.
¿Resultado? Eurovisión convertido en un arma de guerra blanda, un escaparate con luces, fuego y purpurina para encubrir la matanza sistemática de miles de personas.
Y mientras tanto, la Unión Europea de Radiodifusión (UER) enmudece. Amenazó con sancionar a RTVE por proyectar una cartela negra pidiendo paz y justicia para Palestina antes del festival, pero no hizo nada contra el país que ha convertido la franja de Gaza en un cementerio. Ni por violar sus estatutos. Ni por usar el certamen como plataforma política. Marina lo dejó claro: “Un organismo que no sanciona a un genocida, pero sí a quien lo denuncia, no es neutral, es cómplice”.
“Ahora no podemos decir que no sabíamos lo que estaba pasando”, insistió. “Lo sabemos aunque prohíban entrar a periodistas, porque los móviles siguen grabando”. Gaza está cercada. La ONU alerta de que 14.000 niñas y niños morirán de hambre en las próximas 48 horas si no entra ayuda humanitaria, pero en Europa preferimos votar canciones.
FEIJÓO, AYUSO Y LOS PALMEROS DEL GENOCIDIO
Pero la parte más escalofriante del monólogo llegó cuando Marina desenmascaró a los palmeros. “Aplauden a Israel no por amor al arte, sino por odio a Sánchez”, dijo. Porque sí, el PP y Vox salieron en tromba a celebrar el voto español a Israel, no por simpatía musical, sino como herramienta política para atacar al Gobierno. Feijóo acusó al Ejecutivo de usar Eurovisión como arma política —una acusación tan surrealista que solo se entiende desde la más miserable manipulación.
Ayuso, por su parte, tiró de su habitual retórica contra el islam y la izquierda, acusando a RTVE de estar “secuestrada por la politización”. “Le dan igual los ancianos, los niños, y ahora también los palestinos”, sentenció Marina. “Con tal de joder al contrario, defienden a genocidas”.
Y por si faltaba hipocresía, el ministro israelí de la Diáspora, Amichai Chikli, se permitió enviar un mensaje a Pedro Sánchez: “Parece que los españoles han hablado”. A lo que Marina respondió: “En Jerusalén escucháis las bofetadas porque os dedicáis a darlas”.
Todo mientras Moroccanoil, una empresa israelí denunciada por fabricar en territorio palestino ocupado, sigue siendo el principal patrocinador del festival. “Aquí nunca manda lo artístico, aquí siempre manda el dinero”, concluyó Marina.
LA DIFERENCIA ENTRE VOTO Y DIGNIDAD
Ahora el PSOE ha votado a favor de tramitar en el Congreso un embargo total de armas a Israel. Lo hace obligado por la presión social, después de semanas de movilización y de una denuncia sostenida por más de 500 organizaciones. ¿Por convicción? No. Por vergüenza.
Pero Marina no se engaña: “El PSOE va al lado bueno solo cuando no le queda otra”. Lo importante es que la sociedad civil presione. Que las personas con principios levanten la voz. Porque como dijo al final, y aquí no sobra ni una palabra:
“Si aplauden blanquear la propaganda militar, no merecen ni una canción, ni un voto, ni un segundo de nuestra atención”.
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