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El patriarcado no siempre lleva sotana. A veces lleva blazer beige, sonrisa de coach y un discurso de empoderamiento neoliberal.
Marina Lobo lanza una alerta con bisturí y humor: muchas mujeres están repitiendo sin saberlo las consignas de la derecha más reaccionaria. No es una exageración. Es el síntoma de una ofensiva cultural que se disfraza de “sentido común”, “feminismo moderno” o “autocuidado”.
CUANDO EL FEMINISMO SE DISFRAZA DE AUTOAYUDA
El discurso ultraconservador ya no llega con rosarios ni desfiles militares. Llega en reels de Instagram, frases inspiracionales y vídeos de “mujeres reales que no necesitan victimizarse”. Las nuevas santas del patriarcado son las influencers que venden independencia económica mientras romantizan la sumisión emocional.
Dicen que ser feminista está pasado de moda, que el empoderamiento consiste en ganar dinero, maquillarse para una cita y no “quejarse tanto”. Han cambiado la Biblia por el algoritmo y el Ave María por el “si quieres, puedes”. Pero el resultado es el mismo: mujeres agotadas intentando encajar en un sistema que las prefiere dóciles, bellas y agradecidas.
El feminismo, reducido a estética, se convierte en mercancía. Las marcas te venden camisetas de “girl power” mientras pagan sueldos miserables a las trabajadoras que las cosen. La derecha, que hace años te llamaba histérica, ahora te invita a “equilibrar tu energía femenina”. Y muchas caen, porque el marketing de la sumisión es suave, bonito y está en feed.
CÓMO DETECTAR A LA “SEÑORA DE DERECHAS INTERIOR”
No hace falta votar a Vox para pensar como Vox. El manual de Marina Lobo lo deja claro: la derechización emocional empieza en las pequeñas frases que repites sin pensar.
Cuando dices “ya no hay respeto” o “el lenguaje inclusivo no hace falta”, estás validando una nostalgia construida por quienes quieren devolvernos al pasado.
Si crees que “antes se educaba mejor”, olvidas que antes las mujeres necesitaban permiso para trabajar o abrir una cuenta bancaria. Si piensas que “las feministas se han pasado”, quizá no has visto las cifras: en 2024, 58 mujeres fueron asesinadas por violencia machista en el Estado español.
Esa “señora interior” no aparece de la nada: la cultivan los medios, los podcasts de “mujeres exitosas”, los vídeos que te dicen que el feminismo “divide” y que “el amor no entiende de ideologías”. Te persuaden de que pensar es odiar, y que dudar es exagerar.
El patriarcado ha entendido que ya no puede imponerse por la fuerza, así que ahora seduce. Te vende la “feminidad perdida”, el “equilibrio”, la “familia tradicional reinventada”. Pero detrás de esa estética soft hay un proyecto político: desactivar el pensamiento crítico y aislarte del colectivo.
MEMORIA, LECTURA Y AUTOCRÍTICA
El antídoto está en tres palabras que asustan a la derecha: memoria, lectura y autocrítica.
Memoria para recordar quién luchó antes de nosotras. Lectura para entender cómo se camuflan los discursos de poder. Autocrítica para no caer en la trampa de creer que el feminismo es una moda o una etapa.
El feminismo no es un filtro de Instagram ni un eslogan para vender perfumes. Es una práctica política incómoda que cuestiona privilegios, estructuras y silencios. Es lucha colectiva, no desarrollo personal.
Marina Lobo lo resume con ironía, pero el fondo es serio: no te estás “haciendo mayor”, te estás derechizando sin darte cuenta. Y si el algoritmo te susurra que “las feministas radicales dan miedo”, recuerda que lo que de verdad da miedo es el retroceso que se está normalizando con risas, memes y consejos de pareja.
Hermana, bájate del tren del “antes todo era mejor”. No hay nada más revolucionario que seguir leyendo, seguir dudando y seguir diciendo que no.
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