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Cuando el museo que guarda los tesoros robados del mundo descubre que también puede ser víctima.
UN ROBO DE MINUTOS, UN SAQUEO DE SIGLOS
En apenas siete minutos, ladrones se llevaron joyas de Napoleón y de la emperatriz Eugenia del Museo del Louvre. La prensa francesa habló de “robo del siglo”. Pero lo cierto es que Francia lleva siglos robando siglos: piezas africanas, momias egipcias, tótems asiáticos y máscaras funerarias americanas arrancadas a punta de fusil.
El Louvre, símbolo del arte universal, es también el santuario de un saqueo global que el colonialismo convirtió en cultura. Lo que ahora llaman patrimonio fue, en muchos casos, botín de guerra y violencia imperial.
En el siglo XIX, mientras Europa se repartía África con regla y escuadra, Francia enviaba arqueólogos con soldados. De Egipto salieron templos enteros; del Congo, marfiles y reliquias; de Argelia, manuscritos y tumbas profanadas. Hoy todo eso se exhibe bajo vitrinas que hablan de “intercambio cultural”, como si la historia la hubiesen escrito los museos y no los pueblos despojados.
LA IRONÍA DEL IMPERIO: CUANDO EL LADRON ROBADO LLAMA A LA POLICÍA
El robo reciente revela la hipocresía institucional de una potencia que nunca ha devuelto lo que tomó. Francia llora un collar, pero calla ante los continentes saqueados. En 2021, Emmanuel Macron prometió restituir parte del patrimonio africano. Hasta hoy, de las más de 90.000 piezas africanas guardadas en museos franceses, apenas unas pocas decenas han sido devueltas.
El resto sigue custodiado con alarma, cámaras y discursos sobre la “universalidad del arte”, mientras las y los descendientes de quienes crearon esas obras no pueden ni tocarlas.
Lo que diferencia el robo del Louvre del saqueo colonial no es la ética, sino el uniforme. En un caso hay una escalera; en el otro, ejércitos, tratados y leyes escritas por los vencedores. Francia no sufre ahora una injusticia: experimenta en carne propia lo que impuso al mundo entero durante siglos.
El Ministerio de Cultura puede reforzar sus medidas de seguridad, pero no hay sistema de vigilancia que proteja a un país de su pasado. La vergüenza no se devuelve en piezas, sino en justicia histórica.
Los museos europeos deberían ser tribunales de memoria, no escaparates del expolio.
Y si el Louvre busca a los culpables, quizá debería empezar por mirarse al espejo.
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Francia, España, Inglaterra, todos ustedes europeo$ colono$ saqueadores, devuelvan lo que robaron piratas!!!