El presidente argentino, ese que iba a salvar la economía con su «genialidad libertaria», ha hecho lo que mejor sabe hacer: vender humo
Javier Milei vendiendo criptomonedas como si fueran choripanes en la feria y, sorpresa, ¡era una estafa! ¿Quién lo iba a decir? Bueno, cualquiera con dos neuronas y acceso a internet. El presidente argentino, ese que iba a salvar la economía con su «genialidad libertaria», ha hecho lo que mejor sabe hacer: vender humo, pero esta vez en formato digital y con pérdidas millonarias. Porque claro, recomendar una cripto desde la cuenta oficial de X como si fuera un tutorial de TikTok sobre cómo hacer una tortilla sin romper huevos es la nueva política económica del siglo XXI. Al final, el token de la libertad duró menos que la promesa de que la inflación bajaría, dejando a miles de incautos con el bolsillo más vacío que el discurso de un liberal sobre justicia social.
Y como siempre, el show post-estafa no decepciona: primero, los trolls del Mileiverso diciendo que le hackearon la cuenta; luego, la teoría de que lo rodean villanos que lo manipulan porque, pobrecito, él no se entera de nada; y finalmente, el propio Milei alegando que simplemente «no se había interiorizado bien» en el tema. O sea, el mismo tipo que presume de ser la mente más brillante en economía resulta que se comió una cripto-estafa como si fuera un novato en Wall Street Bets. La cereza del pastel: la culpa, como no podía ser de otra manera, se la están echando a su hermana Karina. Porque ya sabemos que el único recurso infalible del patriarcado es encontrar a una mujer para responsabilizarla de las cagadas de los hombres. Libertad, carajo.
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