Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El CNIO examina posibles irregularidades mientras la fundación CRIS mantiene el dinero a la espera de un plan
La campaña que convirtió a Mariano Barbacid en símbolo de esperanza frente al cáncer de páncreas atraviesa ahora su momento más delicado. El estudio que sustentaba buena parte de ese impulso ha sido retirado por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, y la pregunta que sobrevuela es inevitable: qué ocurre con los 3,6 millones de euros recaudados.
La retirada no se debe a errores científicos en los resultados, al menos sobre el papel, sino a la falta de declaración de un conflicto de intereses. Barbacid, junto a dos coautoras, participaba en la empresa Vega Oncotargets, creada en 2024 para explotar comercialmente los posibles avances. Esa relación no se comunicó al publicar el artículo en la revista PNAS, lo que ha obligado a retractarlo.
Desde el entorno del investigador se insiste en que todo responde a un “olvido” y a una “cuestión formal”. Se intenta rebajar la gravedad. Pero el movimiento ha encendido alertas dentro y fuera de la comunidad científica. No es un matiz menor. Es una de las reglas básicas del sistema.
El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde trabaja Barbacid, ha abierto un análisis interno. Lo hace amparándose en su propio Código de Buenas Prácticas Científicas, que considera la no declaración de conflictos de interés como una posible “mala praxis”. Y no es solo una etiqueta. El protocolo contempla la intervención del Comité Científico y la eventual imposición de sanciones disciplinarias.
El artículo 5.2 del código es claro: cualquier conflicto, real o potencial, debe comunicarse. No hacerlo activa un proceso de evaluación formal que puede acabar en una resolución vinculante. No es una recomendación. Es una obligación.
Un dinero en pausa y un destino sin definir
Mientras tanto, el foco se desplaza hacia la financiación. La fundación CRIS Contra el Cáncer, que impulsó la recaudación, ha confirmado que los 3,6 millones de euros siguen bajo su control. El dinero no se ha perdido. Pero tampoco tiene todavía un destino definido.
La organización habla de esperar a un plan técnico antes de decidir. Una pausa que, lejos de tranquilizar, abre nuevas incógnitas. Dentro del CNIO hay inquietud. Algunas fuentes internas cuestionan cómo se canalizarán esos fondos y advierten de un riesgo reputacional evidente.
La preocupación es directa: si el dinero no se articula a través del laboratorio público en el que se desarrolló la investigación, podría interpretarse que se ha utilizado la imagen de un científico financiado con recursos públicos para captar fondos con fines privados. Es una línea delicada. Muy fina.
Desde el equipo de Barbacid se defiende que la empresa Vega Oncotargets es necesaria para avanzar. Carmen Guerra, coautora del estudio, sostiene que la fase actual —el descubrimiento de fármacos— requiere infraestructuras y contratación que el CNIO no puede asumir. Habla de la necesidad de incorporar al menos a ocho químicos y de inversiones que el sistema público no cubre.
La lógica empresarial se cuela así en un terreno tradicionalmente público. Y no sin fricción.
Conflictos previos y tensiones internas
La relación entre el CNIO y Vega Oncotargets no es nueva. Ya había sido cuestionada antes de este episodio. Informes internos alertaban de posibles conflictos de intereses y de propuestas de acuerdos consideradas perjudiciales para el centro. Se llegó a plantear la cesión gratuita de patentes y conocimiento técnico, algo que chocaba con los procedimientos habituales.
En paralelo, la crisis institucional del CNIO sigue de fondo. La salida del exgerente Juan Arroyo y de la directora científica Maria Blasco dejó un clima enrarecido. La Fiscalía Anticorrupción investiga prácticas como el uso reiterado de contratos menores o la simulación de competencia. Un contexto que amplifica cualquier polémica.
En ese escenario, el caso Barbacid no es un episodio aislado. Se percibe como una pieza más de un sistema tensionado.
Expertos en evaluación científica son tajantes. Félix de Moya Anegón subraya que el conflicto de intereses es evidente: investigar un producto que podría ser comercializado por una empresa propia exige máxima transparencia. Y más aún cuando se utiliza una vía de publicación —la modalidad “contributed” de PNAS— que permite a los autores elegir revisores.
Otros van más allá. Isidro F. Aguillo plantea que deberían aplicarse sanciones severas, incluyendo la exclusión temporal de publicar en la revista y una revisión de la relación contractual con el CNIO. Recuerda precedentes como el de Josep Baselga en 2018, apartado de su institución por situaciones similares.
Expectativas infladas y pacientes desorientados
Pero hay otro elemento que pesa. Quizá el más incómodo. La gestión de las expectativas.
La campaña de recaudación y la exposición mediática generaron una ola de esperanza difícil de sostener. El propio CNIO recibió la mayor avalancha de consultas de su historia. Pacientes preguntando por ensayos clínicos que no existían. Familias buscando una opción que todavía no estaba disponible.
Algunas intervenciones públicas, como la aparición de Barbacid en televisión, contribuyeron a esa percepción. Se transmitió la idea de un avance cercano. Incluso de una solución en marcha. La realidad era otra. Mucho más lenta. Mucho más incierta.
Investigadores como Xosé Bustelo lo advirtieron en su momento. Existe una línea muy fina entre comunicar avances y generar falsas esperanzas. Cuando se cruza, el impacto no es solo científico. Es humano.
Ahora, con el estudio retirado y el dinero en pausa, esa tensión se hace visible. No es solo una discusión sobre protocolos o publicaciones. Es una cuestión de confianza. Y de credibilidad en un sistema que vive, precisamente, de ambas.
Porque cuando la ciencia se mezcla con expectativas infladas, financiación opaca y conflictos no declarados, lo que se pone en juego no es un artículo retirado. Es algo mucho más difícil de recuperar.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir