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La implantación de la LOMLOE ha dado lugar a un debate en ocasiones muy polarizado entre defensores de una educación más “tradicional” en la que se priorice la impartición de contenidos concretos y los partidarios de un enfoque por competencias, que presumiblemente busca enseñar a aprender, dar las herramientas y fomentar una aproximación más práctica al aprendizaje que tenga que ver con el contexto y la aplicación de los conocimientos.
¿Es este un debate real? ¿Son incompatibles ambas cosas?
Arantxa Serantes.
Investigadora en Filosofía y Humanismo Digital, Universidad de A Coruña
Los contenidos hacen referencia a la planificación docente y sirven como esquema para orientar el proceso de enseñanza–aprendizaje. El término competencia tiene más que ver con el desarrollo profesional y laboral y teniendo en cuenta fenómenos como las crisis económicas, el descenso de alumnado y las dificultades de acceso al empleo de calidad. Las competencias son las protagonistas, aunque no son un modelo pedagógico, sino que sirven para integrar las habilidades y los conocimientos recibidos.
La programación didáctica puede relacionar contenidos y competencias: el aprendizaje híbrido es más beneficioso porque se pueden evaluar los logros obtenidos y el rendimiento. La cuestión aquí es si los planes de estudio (contenidos) guardan el equilibrio necesario. Normalmente están muy estandarizados y es difícil adaptarlos a las necesidades de los estudiantes.
El debate se provoca cuando se regulan las leyes al margen de la comunidad académica, que conoce de primera mano las necesidades de sus respectivas instituciones. Cuando no se tiene en cuenta su diversidad ni se es flexible, el diseño de la programación se malogra y se pierde la capacidad de vincular el conocimiento de una forma interdisciplinar.
Considero que deben cambiarse los criterios de evaluación y los objetivos de aprendizaje para plantear una formación realista y asumible con contenidos, competencias, objetivos y criterios de evaluación actualizados a los tiempos en los que vivimos, mediante el uso de las TIC.
Xavier Mas Garcia.
Especialista en educación digital, Universitat Oberta de Catalunya
El debate sobre si es más productivo centrar la educación en contenidos o en competencias ha estado presente durante décadas y se basa en la dicotomía entre los modelos educativos que priorizan la adquisición de un conocimiento estable y consolidado, y otros que apuestan por metodologías orientadas a la construcción de este conocimiento por parte de los estudiantes colaborando y desarrollando actividades o proyectos. Pero, ¿sigue teniendo sentido?
Vivimos en la sociedad digital. Ello conlleva la inmersión en un entorno sociotecnológico en el que la tecnología digital impregna cualquier acción, proceso e incluso pensamiento humano. Esta digitalización es la causa y a la vez el resultado de una aceleración exponencial del desarrollo de tecnologías con un alto potencial disruptivo, modelando constantemente el mundo profesional y nuestra vida cotidiana.
En este contexto de transformación, ni los contenidos formativos ni las competencias –especialmente las más específicas– pueden seguir siendo piedras angulares de ningún sistema educativo, puesto que están sujetas a una mutación permanente.
El verdadero debate está en la necesidad y la posibilidad de desarrollar programas formativos basados en planteamientos educativos más líquidos y personalizables, centrados en la exploración, la generación de experiencias y el fomento de la creatividad de los estudiantes. Sin embargo, hoy por hoy, el marco regulador de nuestros sistemas educativos dista mucho de facilitar el desarrollo de este tipo de planteamientos.
Rocío González Suárez (izq.) e Isabel Piñeiro Aguín (dcha.).
Author provided
Rocío González Suárez, doctora en Psicología Educativa, e Isabel Piñeiro Aguín, profesora en Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidade da Coruña
En educación, como en otros muchos ámbitos, los debates “a dos bandas” pueden resultar productivos siempre y cuando no nos obliguen a situarnos en uno de los lados sin posibilidad de beneficiarnos de los aspectos positivos del otro, puesto que, de ser así, el debate se convierte en un frente polarizado ineficaz: o estás conmigo o estás contra mí. Sin embargo, pueden constituir un espacio de aprendizaje. La meta debe ser la búsqueda de soluciones y no el debate como objetivo.
En términos generales y dentro del ámbito académico, contenido y competencia no solo no son incompatibles, sino que son conceptos conexos. No se trata tanto de la oposición entre lo tradicional y lo actual, sino de cambiar de paradigma a la hora de plantear y entender el aprendizaje y la evaluación.
Quizás las nuevas propuestas son el futuro, pero deben ser implantadas desde una perspectiva transformadora; donde se reconozca la necesidad de establecer un período de transición entre metodologías con una clara y concreta hoja de ruta que facilite la implantación de estas propuestas por parte de los profesionales del ámbito.
La escuela debe ser ese lugar donde los alumnos reflexionen sobre los saberes adquiridos y las destrezas desarrolladas. Se trata de que sean capaces de transferir lo aprendido a las situaciones reales.
Gastón Sanglier Contreras.
Profesor de Ingeniería en la Universidad CEU San Pablo
En mi opinión no se puede hablar sólo de competencias y contenidos sin tener en cuenta cómo se enseña, es decir, las metodologías aplicadas en los procesos de aprendizaje. Debemos ser conscientes, como indica el psicólogo Juan Ignacio Pozo, de que la escuela ofrece los contenidos del siglo XIX, con profesores del siglo XX y alumnos del siglo XXI. Existe la necesidad de un cambio profundo en la cultura del aprendizaje.
El tema de debate es muy fructífero ya que hay muchas cosas que se deben cambiar y muchas perspectivas desde las que mirar. En un mundo tan acelerado como el nuestro, deberemos plantearnos las verdaderas necesidades de nuestros alumnos basadas en las verdaderas necesidades de nuestra sociedad. La función de la educación no es tanto cambiar el mundo como a las personas que van a intervenir sobre el mundo.
Debemos reflexionar sobre los elementos esenciales que van a dar sentido al aprendizaje de los estudiantes, las competencias que queremos desarrollar, los contenidos que debemos elegir para hacerlo y los criterios para que, en este proceso de toma de decisiones, los centros educativos sean capaces de responder a los nuevos retos educativos del futuro, y de potenciar el pensamiento crítico de los estudiantes con el fin de integrarnos en una sociedad llena de actividades que van a reforzar las competencias necesarias para vivir en ella, como son el aprendizaje en grupo, acordar soluciones colectivas, organización de asambleas, estrategias para resolver conflictos, etc.
Este debate debe de existir, es más, es totalmente necesario desde un punto de vista constructivo. Seamos críticos, pero sensatos: admitamos ciertos problemas en el proceso de aprendizaje derivados de los nuevos tiempos, de las nuevas demandas de nuestros alumnos para construir una educación mejor dentro de un mundo mejor.
Laura Domingo Peñafiel (izquierda) y Nuria Carrete Marín.
Author provided
Laura Domingo Peñafiel, profesora del departamento de Pedagogía especializada en Educación en contextos rurales, y Nuria Carrete Marín, investigadora y doctoranda en Educación especializada en Educación en territorios rurales, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya
En la sociedad cambiante en la que nos encontramos es preciso promover situaciones en la escuela que permitan desarrollar aprendizajes útiles para un futuro. Para ello, es imprescindible que competencias y contenidos vayan de la mano.
De entrada, es preciso incidir en el desarrollo de competencias y capacitar a los alumnos para resolver los problemas a los se tengan que enfrentar. Estas competencias han de ir acompañadas de contenidos prácticos y contextualizados, interesantes y llenos de significado para el alumnado.
No tiene sentido potenciar la enseñanza de unos contenidos a los que, o bien puedan llegar por otras vías, como por ejemplo a través de la tecnología e internet, o bien carecen de practicidad y utilidad, sin conexión con su realidad.
Estos contenidos tampoco serán los mismos en un contexto u otro, ya sea rural o urbano, o bien entre dos contextos rurales distintos con características diversas. En este sentido, la implantación de la LOMLOE y el nuevo enfoque competencial ponen todavía más en relieve que la escuela rural es una escuela con capacidad de innovar. Para aprovechar el valor pedagógico de las aulas multigrado y ante la necesidad de incorporar la dimensión territorial es preciso que los aprendizajes sean contextualizados y significativos y que los saberes que surjan del trabajo desarrollado en el aula estén en contacto con problemáticas reales y su entorno inmediato.
El tratamiento y el enfoque de los contenidos curriculares a impartir desde las escuelas rurales no será el mismo en función de las características particulares de cada contexto rural. Por tanto, las estrategias didácticas empleadas y los recursos utilizados también deben seleccionarse, crearse y adaptarse teniendo en cuenta este aspecto, y también las posibilidades de cada alumno según sus intereses, capacidades y nivel de desarrollo.
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