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Un experto en política internacional denuncia que la devastación equivale a seis bombas atómicas mientras Europa mira hacia otro lado
EL PESO DE LAS CIFRAS: 70.000 TONELADAS DE EXPLOSIVOS
El catedrático emérito Paul Rogers, de la Universidad de Bradford, lo dice con crudeza: Israel ha arrojado sobre Gaza el equivalente a seis Hiroshimas. No es una metáfora poética ni un eslogan militante. Es un cálculo técnico basado en un informe de Scientists for Global Security, que recopila datos oficiales de la ofensiva.
La aritmética es aterradora. Durante los últimos meses, según Rogers, se han lanzado unas 70.000 toneladas de explosivos sobre la franja. En la jerga de la Guerra Fría, un kilotón equivale a mil toneladas de TNT. Hiroshima, arrasada en 1945, sufrió el impacto de una bomba de 12 kilotones. Gaza ya ha recibido seis veces esa potencia de fuego, pero distribuida en miles de impactos individuales: bombas, misiles y decenas de miles de proyectiles de artillería que pulverizan barrio tras barrio.
El propio Rogers, autor de títulos como Losing Control o Monstrous Anger of the Guns, lo resume así: “Es más devastador que Dresde y más destructivo que las incursiones de 2.000 bombarderos de la Segunda Guerra Mundial”. La diferencia, señala, es que entonces había imágenes, memoria y tribunales de Núremberg. Hoy, apenas fragmentos en informativos europeos y una normalización mediática que oculta el alcance real de la carnicería.
UN CRIMEN ANUNCIADO Y UN SILENCIO CÓMPLICE
La devastación no es solo física. Es política, social y moral. Rogers subraya que lo ocurrido es “un nivel de destrucción sin precedentes en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial”. Y sin embargo, en Europa se ha convertido en ruido de fondo. En el mundo árabe, advierte, la indignación es total. Allí se emiten las imágenes que aquí se esconden, y la rabia se transforma en una fractura histórica con Occidente.
La comparación con Hiroshima no busca exagerar, sino situar a quienes justifican o callan frente a su propia hipocresía. Mientras Israel arrasa con 70 kilotoneladas de muerte, la Unión Europea y Estados Unidos siguen enviando armas, votos en la ONU y coberturas diplomáticas. El genocidio se perpetúa gracias a un sistema en el que gobiernos, industrias de defensa, think tanks y universidades alimentan el negocio de la guerra, como recordó Rogers en su conversación con Owen Jones.
El profesor no se limita a Gaza. Denuncia también las “abyectas derrotas” de Afganistán, Irak y Libia, y expone el entramado que une al complejo militar-industrial con la política y la academia. Los mismos nombres que ayer justificaban guerras coloniales hoy blanquean el asedio a Gaza en tertulias y despachos ministeriales.
Lo que diferencia este momento histórico no es la violencia, sino la indiferencia. Y esa indiferencia no es inocua. Es el combustible de un odio que Rogers describe como “palpable” en todo el mundo árabe, un odio que no nace de dogmas sino de la constatación diaria de que Occidente predica democracia mientras exporta bombas y silencio.
Más de 38.000 personas ya han visto la entrevista en YouTube. Millones viven sus consecuencias bajo los escombros. No hacen falta metáforas cuando el dato desnudo es que Gaza ha sufrido seis Hiroshimas.
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