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El beso no deseado de Rubiales se ha convertido en el símbolo de una agresión que va más allá de lo físico. Es una clara violación de la intimidad y la dignidad de una persona
«Las mujeres han visto en ese hombre el retrato de su agresor.» Esta frase, tras el polémico beso sin consentimiento de Luis Rubiales a Jenni Hermoso, resume el malestar generalizado de un movimiento feminista que, lejos de estar debilitado, ha demostrado una vez más su fortaleza y unidad en tiempos de adversidad. Pero vayamos por partes.
EL PASADO REVISITADO: DESDE NEVENKA HASTA JENNI HERMOSO
Para comprender la magnitud de lo que está sucediendo, es necesario recordar algunos episodios oscuros en la historia de España. No hace mucho, la concejala Nevenka Fernández era vilipendiada por denunciar el acoso del alcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez. Muchas voces se alzaron entonces con argumentos como «A mí no me acosa nadie si no me dejo». Fast-forward a 2023, y el paisaje ha cambiado dramáticamente. Las y los defensores de los derechos de las mujeres y de la igualdad de género están más unidos que nunca, alzando sus voces en una denuncia unificada contra la «violación simbólica» que ha sufrido Jenni Hermoso.
El beso no deseado de Rubiales se ha convertido en el símbolo de una agresión que va más allá de lo físico. Es una clara violación de la intimidad y la dignidad de una persona, un acto que refleja la persistencia de estructuras patriarcales en la sociedad. La respuesta ha sido inmediata y firme. «Se acabó» ha sido el lema unificador, una clara advertencia de que las agresiones, en todas sus formas, ya no serán toleradas.
EL PODER DE LA UNIÓN Y LA MEMORIA COLECTIVA
El incidente Rubiales-Hermoso ha revelado algo más que la fortaleza del movimiento feminista. Ha mostrado cómo la memoria colectiva puede ser una herramienta poderosa en la lucha contra la opresión. Las referencias a los movimientos «MeToo» y «Se acabó» muestran cómo, a lo largo de los años, las mujeres han unido sus voces para denunciar abusos y, en el proceso, han construido una memoria colectiva que fortalece su causa.
Es clara la evolución de este movimiento. Las y los activistas, que una vez fueron vistos con escepticismo, ahora lideran una contestación social sin precedentes. Han pasado años desde que feministas de todas las edades y backgrounds pusieron temas como las violencias sexuales en el foco, y ese esfuerzo constante está dando sus frutos.
El caso de Jenni Hermoso ha demostrado que el feminismo en España no solo está vivo, sino que es fuerte y unificado. La rápida respuesta y la solidaridad demostrada en las movilizaciones recientes son evidencia de esto. Es el resultado de años de pedagogía, de un trabajo a veces invisible, pero siempre persistente. El movimiento feminista está aquí para quedarse, y este incidente es un recordatorio de su poder y resiliencia.
Lo que está claro es que estamos presenciando un punto de inflexión. Las mujeres ya no se ven solo como víctimas, sino como campeonas, como luchadoras; y con el grueso de la sociedad a su lado alzando el puño. Y con campeonas así, el patriarcado no tiene ninguna oportunidad.
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