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Cualquiera que haya dado un paseo virtual por las redes sociales habrá notado que la espirulina está de moda entre los influencers de Instagram y TikTok. Desde smoothies en la playa, hasta la cocina de Ángel León, el chef del mar.
La espirulina, un alga azul verdosa que debe su nombre a la forma espiral que adopta, ha llegado a nuestras vidas para quedarse. A pesar de ser una tendencia actual, ¡es consumida por los humanos desde hace siglos!
Hay indicios de que ya en el siglo XIII el Imperio Kanem consumía tortas de espirulina en África. Varios siglos más tarde y a 12 000 km de distancia, los Aztecas recolectaban este alimento del lago Texcoco. Lo llamaban Tecuitlatl y era el producto más preciado de los mercados.
El término “superalimento” se ha utilizado para referirse a la espirulina en muchas ocasiones y se ha popularizado en el lenguaje cotidiano. Sin embargo, es importante aclarar que no existe un único alimento mágico que pueda satisfacer todas nuestras necesidades nutricionales.
Pero cuidado, que un alimento no sea mágico no significa que no tenga muchísimos beneficios. En el caso de la espirulina, tiene muchísimos, pues es rica en vitaminas y minerales. Contiene hierro, calcio, fósforo, magnesio, vitamina A, vitamina K, vitamina E y vitamina B2, B3 y B6.
Todos estos nutrientes son necesarios para mantener el buen funcionamiento y desarrollo del cuerpo. Su alto contenido en hierro es especialmente interesante, ya que este es mas habitual en productos de origen animal. Sin embargo, lo que ha despertado el creciente interés en este alimento es su elevado contenido en proteínas.
El valor de las proteínas de la espirulina
Pero nos preguntamos, ¿por qué interesan tanto las proteínas? Pues porque la búsqueda de nuevas fuentes sostenibles de proteína es desde hace tiempo uno de los mayores retos de los investigadores. Los métodos actuales de producción no son sostenibles y no todas las proteínas que consumimos tienen la misma calidad. La espirulina es el alimento con mayor cantidad de proteína disponible en el mercado.
Además, contiene proteínas de la más alta calidad. Las proteínas están formadas por aminoácidos, pilares fundamentales de la vida. El cuerpo humano por sí solo puede producir algunos aminoácidos, pero otros tienen que ser adquiridos a través de la dieta, los aminoácidos esenciales. El valor de la espirulina radica en su alto contenido en estos aminoácidos, superior al de otros alimentos.
A su aporte nutricional, hay que añadirle los beneficios ambientales que implica el cultivo de espirulina. Su producción es respetuosa con el medio ambiente y utiliza una cantidad mínima de recursos naturales.
Hay quienes la engloban dentro de los denominado productos “Km 0”. Para formar parte de este grupo, los productos deben producirse y consumirse en un radio bastante cercano, con el máximo cuidado y protección al medio ambiente.
Las microalgas como la espirulina podrían formar parte de este grupo debido a la facilidad que tienen de crecer prácticamente en cualquier ambiente con luz. La luz es importante porque, de forma similar a las plantas, las algas realizan la fotosíntesis. Sin embargo, son mucho más eficientes captando la luz solar que las plantas terrestres. Esto les permite crecer rápidamente, transformando el dióxido de carbono del aire en oxígeno.
Esta capacidad de eliminar el principal gas de efecto invernadero y de hacerlo, además, utilizando luz solar, ha hecho que expertos de la NASA y de la ESA hayan propuesto la espirulina como un alimento indispensable en la tartera que llevarán al espacio los astronautas del futuro.
Por qué todavía no está en nuestra despensa
Pero, si la espirulina tiene tantos beneficios, ¿por qué no es tan común en nuestra despensa? Por un lado, la capacidad actual de producción de espirulina está muy por debajo de la de la industria alimentaria, que demanda grandes cantidades de materias primas.
Además, a pesar de muchos progresos durante las últimas décadas, el coste de producción de la espirulina sigue siendo relativamente elevado en comparación con el de otros alimentos. Esto no impide que ya esté disponible en el mercado y que la cantidad de alimentos enriquecidos con espirulina se incremente año a año.
Una de las principales causas de la baja presencia de espirulina en nuestras comidas podría ser el alto grado de desconocimiento que tienen los consumidores sobre esta valiosa materia prima. En un estudio reciente, llevado a cabo por investigadores españoles, se demostró que la principal causa de su bajo consumo es que la gran mayoría de los consumidores desconoce sus beneficios.
Pero no todo son malas noticias, ya que ese estudio demostró que los consumidores la perciben como un alimento sano, seguro y sostenible y que incrementar el conocimiento de los consumidores podría ser la clave para fomentar su consumo.
Aún queda mucho por descubrir. Lo que sabemos hasta ahora nos hace pensar que, en un futuro no muy lejano, la espirulina será uno de los productos indispensables en nuestra cesta de la compra. En nuestro planeta o en Marte, la espirulina ayudará a mejorar nuestra salud y aumentará la sostenibilidad de la producción de alimentos.
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Tomás Lafarga recibe fondos del Gobierno de España y la Fundación BBVA a través de una Beca Leonardo 2020 a Investigadores y Creadores Culturales
Ana Sánchez Zurano recibe fondos del Gobierno de España a través de una Beca FPU.
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