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Marina Lobo en HECD expone sin filtros la tragedia de la Dana en Valencia y denuncia cómo políticos y empresarios priorizan su agenda e intereses sobre la vida de la gente, en medio del caos y la manipulación política.
En el último episodio de «Hasta el Coño de» (HECD), Marina Lobo arrancó despotricando a gusto sobre el desastre de la Dana, que ha dejado Valencia hecha un mapa de guerra. Mientras la gente está nadando hasta el trabajo —porque sí, muchos jefes han decidido que “en piragua llegas de sobra”—, los de siempre están más ocupados repartiendo culpas y sacando rédito político. Marina no escatimó en llamar al pan, pan, y a la politiquería barata… exactamente lo que es: un circo donde los jefes de cada banda se pasan la bola, como si los barracones estuvieran allí por arte de magia y no porque el cambio climático esté avisando y gritando “sálvese quien pueda” hace tiempo.
Marina no dejó títere con cabeza al repasar la visita de Pedro Sánchez, los Reyes y Carlos Mazón a Paiporta. Dice que en lugar de ofrecer soluciones, lo que vimos fue una triste función de teatro en la que unos neonazis infiltrados aprovecharon para hacer de Pedro Sánchez el enemigo público número uno, con gritos, insultos y algún que otro proyectil. “Es que parece que con estos se ha normalizado hasta la porra. Y de paso, a Feijóo y Mazón les ha faltado poquito para poner un cartelito de ‘Sánchez culpable’. La gente sigue bajo el agua y ellos montando teatrillos”, decía Marina, en referencia a la manipulación política y la violencia de estos grupos extremos que nadie parece tomarse en serio hasta que hay que lamentar daños.
Para cerrar, Marina fue a degüello contra el capitalismo de toda la vida, ese que ni se despeina ante una tragedia. “A los de Mercadona les da igual que te ahogues, si la lechuga tiene que llegar, llega. Y si el jefe te llama a las 7 para preguntarte por qué no estás en el curro con tu coche flotando a diez calles de distancia, ni te preocupes, seguro que te arregla las cosas diciéndote ‘búscate la vida’». La indignación, como siempre, mezclada con un poquito de sarcasmo, porque en medio de la tragedia, sigue siendo necesario reírnos de quienes, por desgracia, no van a cambiar jamás.
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