Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Treinta y cinco mil kilómetros para desmontar la mirada colonial que reduce África a un titular
Durante tres años, Meryem Belkihel cruzó África en bicicleta. 33 países, más de 35.000 kilómetros, de enero de 2023 a finales de 2025, sin volver a casa, sin atajos, sin el salvavidas de una narrativa prefabricada. Lo hizo desde Casablanca hacia el sur, atravesando desiertos, costas, cordilleras y ciudades hiperconectadas. Lo hizo sola, con dos mochilas, una riñonera y una idea fija: romper la caricatura.
El encuentro ocurre en el paseo marítimo de Casablanca, entre la mezquita de Hasán II y el faro de El Hank, con lluvia impredecible y viento de costa. La escena no es postal; es método. Belkihel no viaja para consumir paisajes, viaja para escuchar. Su cuaderno no es de papel: Instagram, YouTube, Facebook y TikTok. Allí documenta lo cotidiano, lo incómodo y lo que no cabe en un reportaje rápido. Durante el recorrido, miles de personas siguieron el viaje y algunas acabaron comprando billetes para visitar países africanos. No es turismo aspiracional; es contagio de curiosidad.
ÁFRICA NO ES UN PAÍS
El objetivo era claro y político, aunque se presente sin consignas. “África no es un país” repite Belkihel como quien corrige un error básico que sigue apareciendo en sobremesas y titulares. La generalización es el truco: convertir conflictos concretos en explicación total. La excepción elevada a norma. Ella enumera lo que vio: pagos digitalizados, grandes ciudades conectadas, dinámicas económicas complejas. También tensiones y protestas, porque el continente no es un folleto.
Las fechas importan. Febrero de 2024: Senegal, protestas por el aplazamiento de las presidenciales. Junio de 2025: Mozambique, carreteras cortadas y movilización antigubernamental en favor de la oposición de Venancio Mondlane. Octubre de 2025: Madagascar, golpe de Estado tras la huida del presidente Andry Rajoelina. La presencia del conflicto no cancela la vida. Belkihel insiste en una obviedad que se niega a entrar en el discurso dominante: incluso en países con problemas hay regiones seguras. El riesgo existe, se conoce y se gestiona. El miedo abstracto es otra forma de control.
La travesía fue física y mentalmente exigente. Desiertos, lluvias torrenciales, carreteras en mal estado. Al principio, dice, dominó la euforia; después llegó la rutina y el cuerpo aprendió. La experiencia humana era el fin: hablar con la gente, visibilizar el papel de las mujeres, observar los efectos del cambio climático en regiones distintas. No hay épica vacía: hay constancia. Tres años sin parar, con pausas estratégicas y estancias largas cuando el contexto lo exigía.
FRONTERAS, VISADOS Y LA GEOGRAFÍA DEL PRIVILEGIO
Viajar por África como africana no es lo mismo que hacerlo con pasaporte europeo. Los visados marcan la desigualdad. Las cifras también importan: 200 euros para Camerún, 300 para Mozambique, 200 para Nigeria. A veces no hay visado formal y, aun así, el cruce se vuelve un laberinto. La paradoja es conocida: europeas y europeos entran sin problemas; africanas y africanos no. La movilidad es poder y se administra con una lógica heredada del colonialismo.
Belkihel participó en debates sobre una África sin fronteras y señala el absurdo económico: viajar dentro del continente sigue siendo más caro y difícil que salir de él. No es un fallo técnico; es una arquitectura política. Las fronteras no protegen, ordenan jerarquías. En ese mapa, el cuerpo de una mujer africana carga con más controles, más tasas y más sospecha.
La dimensión de género atraviesa todo el viaje. “Como mujer marroquí quería mostrar que podemos hacer cosas grandes”. No es una frase motivacional; es una réplica a un sistema que repite el “no puedes” con voz grave y datos sesgados. La demostración es el recorrido. Y la pregunta que lanza incomoda: ¿qué puedes hacer tú.
También hay una intención de reencuentro. Marruecos y el resto del continente comparten hospitalidad, redes de cuidado y memoria, aunque el relato oficial empuje a mirarse hacia Europa. Belkihel cuestiona esa mirada y la que, desde España, sigue reduciendo África a pobreza y guerra. “Enséñales lo que he hecho”, pide. No para celebrar una excepción, sino para desmontar el marco.
Viajar exige una ética. Mente abierta, cero condescendencia. No llegar a un pueblo para quejarse de lo que falta. La felicidad no es patrimonio occidental; depende de la disposición a salir de la zona de confort y a escuchar sin colonizar la conversación. El viaje de Belkihel no vende esperanza; exige precisión. África no es un decorado ni un problema a resolver: es un continente vivo que no necesita permiso para existir.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
PP y Vox: medidas antirrenovables en Aragón y Extremadura
Los acuerdos en Aragón y Extremadura abren la puerta a frenar la transición energética mientras crece la dependencia exterior El nuevo rumbo energético pactado por PP y Vox en Aragón y Extremadura ha encendido todas las alarmas. No es una exageración. El sector de las…
Canarias financia con dinero público un festival vinculado a Desokupa
Instituciones públicas respaldan el Fit Experience Fest El Fit Experience Fest vuelve a celebrarse. Otra vez con dinero público. Y otra vez rodeado de polémica. El evento, que se presenta como una cita “familiar” y “deportiva”, arrastra una sombra que ya no se puede ignorar….
La “prioridad nacional” de Vox hace aguas: Javier Ruiz desmonta el discurso con el ejemplo de Felipe VI
Si se aplica su propia doctrina, el rey Felipe VI quedaría fuera de la definición de español
Javier Negre: vergüenza ajena
🍕 Smoking, croma y una fantasía: fingir que estaban en la cena de la Casa Blanca con 2.600 periodistas reales. Pero allí no estába ni Javier Negre ni Vito Quiles. Hasta Stephen King tuvo que intervenir para recordar lo obvio: la violencia no tiene partido,…
Vídeo | La mejor entrevista a Trump
Porque hay verdades que no necesitan explicación. Solo contexto. Y una cámara encendida
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir