Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El plan de vivienda del alcalde socialista no amenaza la ciudad: amenaza el negocio de quienes la han convertido en una máquina de expulsar gente.
LA PROPIEDAD PRIVADA NO PUEDE SER UN SALVOCONDUCTO PARA LA NEGLIGENCIA
Zohran Mamdani ha dicho algo bastante elemental y, aun así, el bloque conservador ha puesto el grito en el cielo mediático. El 26 de mayo, el alcalde de Nueva York presentó su plan de vivienda, Block by Block, y dejó una frase que ha bastado para incendiar a los guardianes del ladrillo: los edificios sometidos a negligencia crónica podrían acabar transferidos a “administradores responsables”, incluidos fideicomisos comunitarios de tierras y organizaciones sin ánimo de lucro. No habló de soviets en Manhattan. No anunció tanques en Wall Street. Habló de retirar poder a propietarios que dejan viviendas inhabitables mientras cobran rentas como si ofrecieran palacios.
Ahí está el escándalo real. No en la palabra “transferir”, sino en la posibilidad de que la propiedad deje de ser una coartada absoluta. Para el capitalismo inmobiliario, una casa puede estar llena de moho, sin calefacción, con ascensores rotos o con familias atrapadas en condiciones indignas, pero seguirá siendo sagrada si alguien extrae renta de ella. Esa es la religión. Todo lo demás es decorado.
La derecha ha hecho lo de siempre. Recortar un vídeo, inflarlo con propaganda y presentar cualquier límite al abuso como una amenaza comunista. Venezuela, comunismo, expropiación, caos. El repertorio completo. Pero la realidad es menos cinematográfica y más incómoda: Nueva York tiene una tasa de disponibilidad de alquileres en mínimos históricos, apenas el 1,4%, y miles de personas viven pendientes de un mercado que no las considera vecinas, sino obstáculos entre un fondo y su rentabilidad. El propio texto base recoge que Mamdani no ha detallado todavía cómo aplicaría esa transferencia ni bajo qué criterios exactos, un matiz importante que la histeria interesada prefiere borrar.
Mamdani empezó su mandato inspeccionando apartamentos deteriorados. El gesto era político, claro. También era pedagógico. Quería decir a los grandes propietarios, a los fondos y a los arrendadores negligentes que el Ayuntamiento no iba a mirar para otro lado mientras las y los inquilinos llamaban al 311 para denunciar lo que debería avergonzar a cualquier administración con pulso. La lista de “malos propietarios” no es una extravagancia. Es una forma mínima de nombrar a quienes han convertido la vivienda en un rehén.
Y molesta porque cambia el foco. Durante años se ha exigido disciplina a las familias, paciencia a las y los jóvenes, resignación a las trabajadoras y trabajadores, sacrificio a quienes no heredaron un piso ni una cartera. Pero casi nunca se exige disciplina al rentismo. Casi nunca se habla de castigo para quien incumple normas básicas de habitabilidad. Casi nunca se plantea que la negligencia sostenida tenga consecuencias patrimoniales. El mensaje de Mamdani rompe esa impunidad: si explotas una necesidad básica y abandonas el edificio, quizá el problema no sea el Estado, quizá seas tú.
UNA CIUDAD NO SE SALVA REZANDO AL MERCADO
La parte más importante del plan no es el clip viral. Es la escala. El Ayuntamiento plantea asegurar 400.000 viviendas asequibles durante la próxima década: 200.000 nuevas unidades de alquiler regulado y otras 200.000 preservadas o estabilizadas. La oficina del alcalde confirma que el plan se apoya en una inversión de capital de 22.000 millones de dólares durante cinco años, junto a reformas de protección de inquilinas e inquilinos, vivienda pública, propiedad cooperativa y condiciones laborales en la construcción.
La cifra importa. Porque frente a una crisis fabricada por décadas de especulación, financiarización y cobardía institucional, la respuesta no puede ser un folleto con buenas intenciones. Hace falta dinero público. Hace falta suelo. Hace falta regulación. Hace falta planificación. Y sí, hace falta conflicto con quienes han vivido de que todo siga igual. El mercado no ha fallado. El mercado ha hecho exactamente lo que hace: concentrar poder, subir precios, expulsar población y llamar eficiencia a la violencia económica.
El plan también reserva 5.600 millones de dólares para la Autoridad de la Vivienda de la Ciudad de Nueva York, la NYCHA, durante cinco años. No es un detalle técnico. La NYCHA aloja aproximadamente a 300.000 neoyorquinas y neoyorquinos, muchas veces en edificios castigados por años de infrafinanciación, reparaciones eternamente pendientes, cortes de calefacción, ascensores averiados y moho. Las reparaciones acumuladas rondan los 80.000 millones de dólares. Esa cifra debería cerrar la boca a quienes ahora fingen preocupación por la eficiencia. Lo ineficiente ha sido abandonar vivienda pública durante años y luego usar su deterioro como argumento para seguir privatizando.
Mamdani quiere relanzar la NYCHA como promotora pública. Esa idea, en una ciudad gobernada tantas veces por el altar financiero, suena casi obscena. Una administración construyendo, reparando, preservando y disputando al capital el derecho a decidir quién vive dónde. Qué escándalo. Qué herejía. Qué mínima decencia.
También se busca acelerar el acceso a viviendas asequibles. El año pasado, Nueva York recibió más de 7 millones de solicitudes para unas 10.000 viviendas a precio asequible. La aritmética es brutal. Mientras tanto, muchos pisos permanecen vacíos durante meses por procesos burocráticos que castigan precisamente a quienes no pueden esperar. Esa es otra forma de violencia: no siempre llega con una orden de desahucio; a veces llega con formularios, colas, silencios administrativos y portales digitales diseñados para agotar.
La reacción conservadora revela el fondo del asunto. No temen que Nueva York se convierta en Venezuela. Temen que una ciudad gobernada desde la izquierda demuestre que se puede tocar el privilegio inmobiliario, invertir 22.000 millones de dólares, proteger a las y los inquilinos, recuperar vivienda pública y decir en voz alta que la propiedad privada no está por encima de la vida. Eso es lo que les aterra. Que alguien abra una grieta en el dogma.
Porque cuando una vivienda se usa para especular, no estamos ante libertad económica: estamos ante una forma organizada de expulsión. Y cuando un alcalde decide enfrentarse a eso, el rentismo grita no porque le roben nada, sino porque por primera vez alguien le recuerda que una ciudad no es su caja registradora.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir