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El respaldo ciego no es lealtad. Es ceguera interesada.
LA AMISTAD COMO COARTADA POLÍTICA
El 12 de junio de 2025, la política española sumó un nuevo capítulo a su tragicomedia interminable: Santos Cerdán, hasta entonces secretario de Organización del PSOE y diputado, anunciaba su dimisión y la entrega de su acta tras saberse que el Tribunal Supremo le llamará a declarar en el caso Koldo. Los audios que lo implican en posibles adjudicaciones amañadas de obras públicas, según la UCO, forzaron una salida apresurada. Pero esta historia no empieza aquí. Empieza en la hemeroteca.
Durante meses, altos cargos del Gobierno y del PSOE no solo defendieron a Cerdán: lo hicieron sin matices. Le tendieron manos ardientes de respaldo personal en un momento en que los indicios ya circulaban. Que hoy esas manos se chamusquen es el coste de confundir amistad con blindaje.
El 15 de mayo, en plena investigación judicial, el ministro de Justicia, Félix Bolaños, se mostraba inequívoco: “Sí, con toda claridad”, respondería cuando le preguntaron si pondría la mano en el fuego por Cerdán. No era un desliz, era un mensaje. María Jesús Montero, número dos del partido, lo había hecho ya en noviembre de 2024, reafirmándose después en elDiario.es: “Ha demostrado su honestidad, su compromiso… en un proyecto donde no cabe la corrupción”. La ironía, a veces, se escribe sola.
Cuando una dirección política cierra filas de este modo, lo hace en nombre de un valor que repite como mantra: la confianza. Pero cuando esa confianza se ejerce sin prudencia y sin esperar al dictamen judicial, se convierte en complicidad simbólica. Por eso hoy la dimisión de Cerdán no solo mancha su trayectoria: erosiona, también, la de quienes tejieron públicamente esa red de apoyo.
EL COSTE DE LA FIDELIDAD MAL ENTENDIDA
En este caso, las palabras pesan. Pedro Sánchez no se limitó a un respaldo institucional. El 21 de mayo, en el Congreso, acusaba a Feijóo de “difamar a personas honestas” por señalar a Cerdán. Días antes, en X, defendía su figura y atacaba a “ultraderechistas disfrazados de periodistas” por su cobertura del caso. Y meses atrás, en un acto del PSOE, lo definía como su “amigo”. Los lazos personales tomaban así forma de escudo político.
Lo mismo haría Patxi López, portavoz socialista, el 20 de mayo: denunció “la cacería de la ultraderecha” contra Cerdán, sin un matiz sobre la gravedad de los indicios. Y lo haría también José Luis Rodríguez Zapatero, que pidió incluso investigar las filtraciones del informe antes que cuestionar su contenido.
Todo ello ilustra un patrón recurrente en nuestra política institucional: el uso del relato persecutorio para neutralizar cualquier atisbo de responsabilidad interna. El enemigo externo —la prensa, la oposición, los jueces, cuando conviene— sirve como coartada discursiva para proteger a los propios. Pero en política, como en cualquier comunidad democrática, la ética se mide cuando los tuyos caen en sospecha.
El resultado es este: hoy, quienes ayer prometían su lealtad sin condiciones deben asumir que defendieron públicamente lo que acabará, con toda probabilidad, en una declaración ante el Supremo. Y en caso de que el proceso avance, en una causa penal. El daño no es solo reputacional; es también pedagógico. Porque se ha vuelto a enseñar que en la política de partido el afecto, la estructura y el miedo pesan más que el respeto a las instituciones.
Cuando desde el propio PSOE se repite que el partido representa un “proyecto de progreso donde no cabe la corrupción”, el contraste con esta cadena de apoyos a un dirigente señalado —antes de que la justicia siquiera pudiera valorar los hechos— resulta devastador. Porque lo que sí cabe, a la vista de todo el país, es la defensa automática, la ausencia de autocrítica y la infantilización del debate público a través del relato de la “cacería”.
Nadie está obligado a condenar sin pruebas. Pero nadie está obligado, tampoco, a “poner la mano en el fuego” cuando los hechos no están esclarecidos. Lo que se exige, mínimamente, es prudencia. Lo que se ha visto, en cambio, es la enésima sobreactuación de la política española, convertida en teatro de fidelidades impostadas.
Por eso hoy no solo ha dimitido Cerdán. Hoy, en buena parte, ha ardido también esa mano en el fuego de Montero, Bolaños y Sánchez. El humo lo respira toda la bancada socialista.
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La basura socialista entra en pánico.
Ahora llegará el fachorio porque la socialdemócracia decadente le está poniendo una alfombra roja al ppvoxjuntspnv que va llegar cómodamente al poder.
No sé puede ser de » izquierda» y seguir engañando al pueblo con migajas para callar la clase obrera,mientras robas a manos llenas, y uno de cada tres niñxs no puede comer 3 veces al día.
Tenemos lo que nos merecemos, a pastar que se nos da bien, y a seguir opinando desde las redes mientras desahucian a tu vecino.
Así nos va ,por creer a lxs que nos llaman a participar en la » gran fiesta de la democracia» cada 4 años, meeee, meeee, y ahí que vamos como rebaño .
No votes, lucha.
Salud y anarkia