Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .

Tanto el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) como la Ley de Cambio Climático y Transición Energética (PLCCTE) tienen buenas intenciones impulsando medidas para que España alcance la neutralidad de emisiones en el año 2050.
Si hablamos de reducir las emisiones y mejorar la calidad del aire, la movilidad tiene una importancia capital. En este sentido, la idea central es conseguir un parque de turismos y vehículos comerciales ligeros sin emisiones directas para el año 2050.
En concreto, se establece para el año 2030 una flota de 5 millones de vehículos no contaminantes (3 millones de turismos) y que a partir del año 2040 todos los vehículos matriculados sean de emisiones nulas. Esto se complementa con la intención de disponer en el año 2050 de un sistema de generación eléctrica basado en renovables.
Estas son las buenas intenciones. Pero los propósitos no lo son todo cuando hay inconvenientes.
Puntos flacos en su planificación
Los años 2020 y 2021 han afectado gravemente a España debido a la covid-19. También en el sector del automóvil, con un descenso brutal de ventas. Esperemos que en 2022 nos encontremos con una situación de salud y economía mejor y los números se parezcan a los de 2019.
En ese año, el parque de turismos en España lo componían 10 939 069 vehículos de gasolina y 13 510 430 tipo diésel, con unas 883 000 altas de vehículos de gasolina y 450 000 propulsados por diésel. Por otro lado, las bajas estaban en el orden de 407 000 y 544 000 en gasolina y diésel respectivamente.
Con el ritmo de ventas recuperado y un impulso al vehículo eléctrico, ¿llegaríamos a tiempo para cumplir los objetivos de la ley de cambio climático?
Cuando hablamos de emisiones cero nos referimos a vehículos 100 % eléctricos, cuya flota actual es 45 000 unidades. Si se cambia de paradigma, sí se podría alcanzar las cifras de eléctricos previstas en 2030 por el PNIEC y también los 25-30 millones previstos en 2050.
Así, podríamos conseguir aplicar la solución que plantea la normativa, basada en un cambio de flota. Pero esta nos lleva de nuevo a un modelo insostenible por varios motivos.
Los consumidores
Quieren un vehículo eléctrico en propiedad con gran autonomía, que se recargue rápido y en una red de puntos muy amplia. Es decir, se busca un calco del modelo actual de movilidad, pero centrado en el vehículo eléctrico.
No parece haber otra alternativa para mantener la comodidad del estatus actual, y mientras el vehículo eléctrico no lo consiga, no interesará.
Los fabricantes
Lo que quieren es vender. Y en la situación actual, más aún. Evidentemente, preferirían continuar con el modelo actual basado en vehículos de combustión. Lo han intentado de todas las formas posibles, pero han tenido que aceptar el cambio.
La publicidad en internet, televisión y prensa especializada ya está completamente volcada hacia híbridos y eléctricos. Estos últimos se ofrecen cada vez con más autonomía (basados en más baterías) y con capacidad de recarga rápida (mínimo 50 kW de potencia) para conseguir igualar las prestaciones de los vehículos de combustión.
Esto, unido la inyección de fondos estatales para sustitución de vehículo, hará cambiar la opinión de los consumidores.
El consumo energético
El modelo de repostaje cambia y supone un proceso de adaptación difícil. El número de vehículos con plaza de aparcamiento con posibilidades de instalar un punto de recarga vinculada en horario supervalle es muy bajo.
El resto de vehículos recargarán en las futuras electrolineras, y lo harán de forma totalmente aleatoria para el sistema y demandando cada uno un mínimo 50 kW. ¿Esto en qué se traduce? Imaginemos que dos millones de vehículos coincidieran cargando al mismo tiempo en esas condiciones. Supondría un pico de demanda de 100 000 MW. El pico de demanda actual de potencia un día cualquiera en toda España es 32 500 MW.
Por otro lado, admitiendo un recorrido medio diario de 50 km por vehículo, el consumo de electricidad anual de 30 millones de vehículos eléctricos seria de 90 TWh. Actualmente, el consumo anual de energía en toda España es de 250 TWh.
Esto son solo dos ejemplos, pero nos debería hacer pensar. Si dejamos evolucionar este modelo, si fuera físicamente posible, se hará insostenible. Si además lo combinamos con otro punto clave de la ley (eliminar las centrales térmicas y nucleares), no habrá suficiente España para poner parques eólicos.
Es cierto que la generación distribuida y el hidrógeno están ahí. Pero también existe la alternativa de dejar de utilizar el vehículo de forma individual y pasar al uso compartido, lo que dividiría la energía media consumida entre 1,7 y 3, acercándola al uso de los autobuses urbanos. Otra opción es utilizar el transporte público y fomentar el uso de la bicicleta eléctrica, con un consumo medio de energía entre 15 y 20 veces inferior al de un coche empleado de forma individual en el entorno urbano.
La pregunta es ¿depende de nosotros seguir con esa huida hacia adelante que nos hace consumir cada vez más energía? ¿Tenemos que evolucionar siempre hacia la insostenibilidad del sistema? Nos encontramos en un momento de cambio en muchos sentidos, pero parece que no queremos cambiar nada. O que queremos cambiar, pero sin movernos de nuestro pedestal.
![]()
Roberto Álvarez Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
Compártelo:
Me gusta esto:
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir