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Mientras las bombas caen sobre Gaza, una verdad incómoda emerge: el combustible que alimenta la maquinaria de guerra israelí proviene de las grandes multinacionales del petróleo y de países que, como Brasil, se presentan como defensores de la paz.
Las cifras no mienten. Un informe de Oil Change International revela la magnitud de la implicación de estas empresas y naciones en la perpetuación del conflicto. Bajo el título Behind the Barrel: New Insights into the Countries and Companies Behind Israel’s Fuel Supply, el estudio detalla cómo, a pesar de las resoluciones internacionales, el suministro de crudo y otros combustibles a Israel no solo ha continuado, sino que se ha intensificado desde el comienzo de la ofensiva en Gaza en octubre de 2023.
LA VERGONZOSA COMPLICIDAD DE MULTINACIONALES Y GOBIERNOS
Es inquietante comprobar cómo gigantes del petróleo como Chevron, BP, ExxonMobil, Shell, Eni y TotalEnergies continúan suministrando combustible a Israel. Uno de cada tres litros de crudo que abastecen las operaciones militares israelíes en Gaza proviene de estas corporaciones, que parecen más preocupadas por sus balances financieros que por el destino de miles de civiles palestinos. Esta situación no es nueva, pero la audacia con la que estas empresas desafían el derecho internacional es alarmante. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó en enero de 2024 que los palestinos en Gaza tienen derechos amparados por la Convención sobre el Genocidio, una resolución que, al parecer, ha caído en oídos sordos tanto de las multinacionales como de los gobiernos implicados.
Estados Unidos y Azerbaiyán se destacan como los principales proveedores de crudo a Israel. El caso de Estados Unidos es particularmente grave, dado que es el único país que suministra combustible para aviones de uso militar. Estos aviones, a su vez, son los que descargan su letal carga sobre una población ya asediada. En cuanto a Azerbaiyán, el petróleo fluye a través del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan, en manos de British Petroleum. Cada gota de combustible que atraviesa este oleoducto puede traducirse en una explosión, en una casa destruida, en una vida perdida.
Pero no solo las grandes potencias están implicadas. Brasil, bajo el mandato de un presidente que ha criticado abiertamente al régimen de Netanyahu, sigue siendo un proveedor clave de petróleo a Israel. A pesar de sus declaraciones, el gobierno brasileño ha permitido el envío de fuel incluso después de la resolución de la CIJ. Este doble rasero es, cuanto menos, vergonzoso.
En Europa, Italia, Grecia y Albania también tienen su cuota de responsabilidad. Mientras sus gobiernos hablan de paz, sus barcos transportan el crudo que alimenta la guerra. Y lo hacen a sabiendas de que este combustible será utilizado para perpetrar actos que muchos califican ya como genocidio.
Las y los jueces internacionales han advertido: las corporaciones que suministran combustible a Israel podrían estar incurriendo en complicidad con crímenes de guerra. No se trata de una acusación menor. La complicidad en el genocidio, tal como la define el derecho internacional, puede acarrear graves consecuencias legales. Sin embargo, parece que ni las amenazas de sanciones ni las potenciales demandas son suficientes para detener este flujo de crudo. El lucro sigue siendo el motor principal, superando en importancia la vida de miles de inocentes.
LOS EFECTOS DEL COMBUSTIBLE: UN APOYO MATERIAL A LA AGRESIÓN
El estudio de Oil Change International también arroja luz sobre cómo este suministro de petróleo no solo apoya la maquinaria bélica, sino que la legitima. Cada barril de petróleo que llega a Israel es un recordatorio de la hipocresía de una comunidad internacional que, mientras condena enérgicamente las violaciones de derechos humanos, sigue permitiendo que sus corporaciones e intereses nacionales se enriquezcan con la guerra.
David Tong, director de campaña de la industria de Oil Change International, resume la situación de manera contundente: «Cada día que Chevron, BP, Exxon, Shell, Eni y TotalEnergies suministran combustible a Israel, estas compañías se exponen a posibles acciones legales por su complicidad en actos genocidas contra civiles en Gaza.» Esta declaración no es solo una advertencia, es una acusación directa contra un sistema que privilegia el capital sobre la vida humana.
Lorne Stockman, director de investigación de la misma organización, amplía este punto al señalar que la complicidad de estos países y empresas no es accidental, sino deliberada. «A pesar de la sentencia de la CIJ que condena la ocupación ilegal del territorio palestino, los países y las empresas siguen suministrando petróleo que alimenta la agresión militar de Israel. Esta complicidad continua revela un flagrante desprecio por el derecho internacional y los derechos humanos, ya que priorizan el lucro por sobre la justicia y la paz.»
Es evidente que, mientras el crudo siga fluyendo hacia Israel, la sangre seguirá manchando las calles de Gaza. Las corporaciones que suministran este petróleo, así como los gobiernos que lo permiten, deben ser llamados a rendir cuentas. Pero, más allá de las palabras, es necesaria una acción decisiva. La historia no olvidará a quienes eligieron el dinero sobre la humanidad.
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