Agustina Arcadia
El pasado fin de semana, la formación ultraderechista VOX desenmascaró su verdadero rostro en Madrid: el de un partido al servicio de la oligarquía financiera y los especuladores. Bajo un discurso aparentemente «técnico» —centrado en vivienda y economía—, escondieron su habitual reacción retórica contra mujeres, migrantes y LGTBIQ+. Pero no por casualidad: su silencio delata que lo único que les importa es defender los intereses de la burguesía, aunque para ello tengan que traicionar su propia moralina ultracatólica.
¿Dónde quedó su «defensa de la familia tradicional»? Donde siempre: en el basurero de la hipocresía. A estos señores feudales del siglo XXI no les tiembla el pulso para aliarse con jeques petroleros o magnates de las criptomonedas, mientras persiguen a un migrante pobre. Su dios es el capital, y su única cruzada es la de enriquecer a los mismos de siempre: bancos, fondos buitre y la vieja guardia franquista que nunca dejó de mandar.
Vivienda: mercantilizar el derecho a techo para llenar los bolsillos de los ricos
VOX habló de «liberalizar el suelo» —léase: regalárselo a sus amigos constructores—, pero nada de expropiar viviendas vacías o acabar con los grandes tenedores . Monseñor Argüello, desde la COPE, hasta les dio un tirón de orejas: pidió poner fin a la avaricia inmobiliaria. ¡Ironías del sistema! Hasta la Iglesia critica lo que VOX defiende… aunque eso sí, solo cuando les conviene. Porque no olvidemos: esta misma Conferencia Episcopal apoyó a Franco y hoy pide elecciones contra un gobierno legítimo.
Frente a su programa neoliberal, solo las fuerzas del progreso combativo —como Unidas Podemos— han plantado cara con medidas reales: la Ley de Vivienda, la regulación de precios en Cataluña o las zonas tensionadas (que hasta el PP ha tenido que copiar en Galicia). Pero VOX no quiere soluciones; quiere esclavizar a la clase trabajadora : su plan es echar a migrantes precarios —esos que limpian, cuidan y cosechan por miserias— para que los «niños bien» de sus bases no tengan que mancharse las manos.
La motosierra del capital: destruir derechos, bosques y dignidad
Su eslogan de «desregular» es un eufemismo para saquear lo público . Quieren arrasar costas, bosques y barrios enteros con tal de que sus patrones construyen torres de oro. No les importa el colapso ecológico, la contaminación ni el patrimonio común. ¿Y tu gran idea? Eliminar impuestos a los ricos , esos que financian pensiones, sanidad y educación pública. Clásico de la derecha: socializar pérdidas, privatizar ganancias.
Milei, Huerta de Soto y el Opus Dei: la santa alianza del capital
VOX admira a Milei, ese bufón argentino que idolatra a Jesús Huerta de Soto —el gurú anarcocapitalista hijo del franquismo más rancio—. Este personaje, supernumerario del Opus Dei , odia al Papa Francisco por «socialista» y venera a Juan Pablo II, amigo de Escrivá de Balaguer. No es casualidad: el Opus Dei es un club para ricos donde no entra nadie. Exigen currículos impecables, fortunas familiares y negocios sucios. ¿Acaso esperábamos otra cosa de VOX?
Su máquina de adoctrinamiento funciona en la Universidad Rey Juan Carlos (avalada por PP-VOX), donde forman a los futuros explotadores sin tanto dinero como aquellos que pagan un pastizal en la UFV que le da voz a Aznar, ese ICADE que recoge a los supremos niñitos de papá oa ese CEU que se ha convertido en la Complutense de las derechas (un centro de culto sionista-conservador). Mientras, nos venden que el problema es «la burocracia», no los Gürtel, los Poceros o los fondos buitre que ellos defienden.
Conclusión: la lucha es de clases
VOX no es un partido «antisistema». Es la cara más cínica del sistema: la que usa la bandera y el rosario para blindar privilegios . Frente a su ofensiva, solo queda la organización popular , la expropiación de viviendas vacías y la defensa de lo público. Como dijo Marx: «Los proletarios no tienen nada que perder más que sus cadenas» .
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