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«Al convencer a todo el mundo de que sus opiniones valen lo mismo, al final nadie valdrá más que nadie y todo, ideas y personas, serán perfectamente intercambiables».
El burro le dijo al tigre: – El pasto es azul.
El tigre respondió: – No, el pasto es verde.
La discusión se calentó, y los dos decidieron someterlo a un arbitraje, y para ello concurrieron ante el león, el Rey de la Selva. Ya antes de llegar al claro del bosque, donde el león estaba sentado en su trono, el burro empezó a gritar: – Su Alteza, ¿es cierto que el pasto es azul?
El león respondió: – Cierto, el pasto es azul.
El burro se apresuró y continuó: – El tigre no está de acuerdo conmigo y me contradice y molesta, por favor, castígalo.
El rey entonces declaró: – El tigre será castigado con 5 años de silencio.
El burro saltó alegremente y siguió su camino, contento y repitiendo: – El pasto es azul…
El tigre aceptó su castigo, pero antes le preguntó al león: – Su Majestad, ¿por qué me ha castigado?, después de todo, el pasto es verde.
El león respondió: – De hecho, el pasto es verde.
El tigre preguntó: – Entonces, ¿por qué me castigas?
El león respondió: – Eso no tiene nada que ver con la pregunta de si el pasto es azul o verde. El castigo se debe a que no es posible que una criatura valiente e inteligente como tú pierda tiempo discutiendo con un burro, y encima venga a molestarme a mí con esa pregunta.

Moraleja
La peor pérdida de tiempo es discutir con el necio y fanático al que no le importa la verdad o la realidad, sino sólo la victoria de sus creencias e ilusiones. Jamás pierdas tiempo en discusiones que no tienen sentido.
Hay personas que por muchas evidencias y pruebas que les presentemos, no están en la capacidad de comprender, y otras están cegadas por el ego, el odio y el resentimiento, y lo único que desean es tener la razón aunque no la tengan.
No discutas con burros porque cuando la ignorancia grita, la inteligencia calla.
Hablar por hablar
La agenda fascista se centra en cuestiones típicamente privadas, tales como la familia, la sexualidad, la religión, la estética, entre otras, paralelamente al énfasis en las instituciones estatales y en los códigos legales/morales que deberían ocuparse de ellas.
Los ultras de extrema derecha actúan sistémicamente a favor del capital y de los capitalistas por medio de la construcción figurada del “orden”. Se opone con violencia verbal, estética y física a los que, real o
imaginariamente, protestan contra el capitalismo y/o contra las desigualdades producidas por ese sistema. Por ello, los trabajadores son, fundamentalmente, las primeras víctimas de las políticas económicas, así como sus organizaciones (sindicatos, partidos y otras formas de representación política) sus víctimas políticas.
Sin embargo, la clase trabajadora es un nicho de votos demasiado importante para tirarlo exponiendo todo lo indicado de manera clara y debatiendo sus propuestas de una manera abierta. Mientras que en una democracia como la nuestra el sistema de gobierno está fundado en la discrepancia y las opiniones son distintas y variadas, el fascismo, que antes identificaba a los disidentes y los hacía callar metiéndolos en la cárcel (o al estilo español, en una cuneta), ha tenido que adaptarse.
El fascismo quiere que hablemos, que los contrarios muestren su opinión, pero siempre, todos a la vez y acerca de todo. Si millones de personas que antes tenían la televisión y los periódicos como punto de referencia ahora se pasan la vida en redes sociales comentando, compartiendo, asintiendo o discrepando, no hay motivo alguno para impedírselo, porque el hecho mismo de que todo el mundo lo haga convierte sus opiniones en algo indistinto. En definitiva, irrelevante
El mensaje está claro: al convencer a todo el mundo de que sus opiniones valen lo mismo, al final nadie valdrá más que nadie y todo, ideas y personas, serán perfectamente intercambiables. De esta forma, se mina todo principio de jerarquía entre las opiniones a fin de que no se pueda distinguir entre lo verdadero y lo falso en función de quien lo afirma. Para lograrlo, desacreditan a las figuras públicas que poseen una autoridad moral o científica, es decir, a los que poseen el conocimiento.
Las redes sociales tienen un gran potencial para la difusión del fascismo: se puede hablar directamente a los ciudadanos sin pasar por los mediadores sociales. El mensaje, sea cual sea, puede llegar sin filtros (y sin verdad) con mensajes breves, claros y memorizables.
Sin periodistas, sin preguntas tendenciosas, sin entrevistas… un perfecto caldo de cultivo para los intolerantes. Y sobran los periódicos: los propios seguidores ultras difunden los mensajes.
Fuentes:
Francisco Pinto da Fonseca, Carmen Pineda Nebot. (2020). Las expresiones de la derecha en Brasil y en España: conservadurismo, neoliberalismo y fascismo.
Michela Murgia. (2019). Instrucciones para convertirse en fascista. Italia: Seix Barral.
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