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Cada año se producen en España entre 15 000 y 25 000 paradas cardíacas susceptibles de ser reanimadas fuera del entorno sanitario. Menos del 30% de los pacientes que las sufren llegan con vida al hospital. Ahora bien, estos son fenómenos potencialmente reversibles mediante técnicas básicas de reanimación cardiopulmonar.
Las probabilidades de sobrevivir tras una parada cardíaca fuera del hospital dependen de múltiples variables.
Una reanimación de calidad hecha antes de la llegada de los servicios de emergencias, así como la desfibrilación precoz son las intervenciones que más pueden influir en el pronóstico de la parada cardíaca. Eso sí, con independencia de otros factores.
Hace más de una década, la legislación e implantación de los primeros planes de desfibrilación para personal no sanitario supuso una importante apuesta en la optimización del manejo de la parada cardíaca.
¿Cómo funciona un desfibrilador externo semiautomático?
Los desfibriladores externos semiautomáticos (DESA) son dispositivos ligeros y portátiles basados en microprocesadores altamente complejos. Estos utilizan electrodos en forma de parches autoadhesivos para monitorizar el ritmo cardiaco o aplicar choques eléctricos.
Son capaces de registrar y analizar la señal electrocardiográfica de una persona y determinar si presenta una arritmia potencialmente letal. Su uso está indicado solo en pacientes con parada cardiorrespiratoria. Es decir, aquellos que se encuentran inconscientes y que no respiran.
Para hacer funcionar un DESA, solo hay que encenderlo y colocar los electrodos sobre el tórax. En caso de que identifique una arritmia que pudiese ser desfibrilada, el dispositivo recomendará una descarga eléctrica.
En ocasiones, esta es capaz de “resetear” el corazón. Así, da la oportunidad a los marcapasos naturales del miocardio a restablecer un ritmo cardiaco efectivo.
Actualmente es posible localizar desfibriladores en infinidad de espacios fuera del entorno sanitario.
Su diseño garantiza que puedan utilizarse con seguridad por cualquier persona: las señales visuales y sonoras que emite son capaces de guiar al operador. De esta forma, podrá practicar maniobras de reanimación cardiopulmonar básica hasta la llegada de los equipos de emergencia.
¿Quién puede utilizar un DESA?
Los DESA se concibieron para que cualquier persona, con independencia de su nivel de formación, pueda utilizarlos. Sin embargo, en España su uso está regulado por Real Decreto.
En función de cada Comunidad Autónoma, las condiciones que determinan quién está habilitado para utilizarlos en caso de necesidad son diferentes.
Por ejemplo, en el País Vasco cualquier ciudadano está autorizado a hacer uso de un DESA en caso de necesidad (previa alerta a los servicios de emergencia). Pero en el resto de comunidades es necesario realizar un curso inicial acreditado para poder manejar estos dispositivos.
El proceso de habilitación del personal no sanitario consta de una formación específica. Su duración varía entre 4 y 9 horas. Además, debe ser renovada con una periodicidad de entre uno y tres años.
De forma excepcional, once comunidades (Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla la Mancha, Cataluña, Extremadura, Galicia, La Rioja, Madrid, Navarra y Valencia) permiten que cualquier ciudadano pueda utilizar un DESA ante una eventual parada cardiaca, pero sólo en ausencia de personal sanitario o habilitado.
Sin menoscabo de la importancia de impulsar programas formativos o de sensibilización sobre atención a emergencias, las sociedades internacionales abogan por favorecer la accesibilidad a los DESA a la población general.
Sin embargo, la política reguladora española no parece del todo alineada con esta recomendación.
Esta diferencia de opiniones debería ser motivo de reflexión por parte de las autoridades sanitarias. Lo mismo sucede con la heterogeneidad legislativa española.
El libre uso de los DESA por los ciudadanos sin necesidad de acreditación parece una medida razonable. Después de todo, no debería haber impedimentos para emplear un dispositivo totalmente seguro si puede evitar una muerte prematura.
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Sendoa Ballesteros Peña no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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