Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La ofensiva iniciada el 2 de marzo deja más de 1.200 muertos, destruye infraestructuras civiles y consolida una estrategia de guerra contra la población
Lo que está ocurriendo en Líbano no es un accidente ni una escalada puntual. Es la aplicación consciente de un modelo. Desde el 2 de marzo, la ofensiva del Gobierno de Benjamin Netanyahu ha provocado más de 1.200 personas asesinadas, entre ellas 124 niños y niñas, y ha forzado el desplazamiento de más de 1,3 millones de personas, aproximadamente el 20% de la población libanesa. No es una crisis humanitaria sobrevenida, es una estrategia deliberada.
La lógica es reconocible. Bombardeos sistemáticos contra viviendas, desplazamientos forzosos, destrucción de infraestructuras básicas y bloqueo del acceso a ayuda humanitaria. El mismo manual que ya se aplicó en Gaza desde octubre de 2023. El propio Ejecutivo israelí lo ha admitido sin rodeos. La guerra no se libra solo contra milicias, sino contra la vida cotidiana de millones de personas.
El paralelismo no es retórico. La expansión militar israelí en el sur del Líbano describe una estrategia de ocupación territorial sostenida, donde la destrucción precede al control. No se trata de neutralizar amenazas, sino de redibujar el mapa a golpe de desplazamiento masivo.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa. Y nadie los para. La impunidad no es un fallo del sistema internacional, es su funcionamiento real cuando los intereses geopolíticos están en juego.
LA GUERRA CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL Y LOS SERVICIOS BÁSICOS
Las cifras son demoledoras. En apenas tres semanas, más de 370.000 niños y niñas han sido desplazados. Al menos 435 escuelas públicas han sido reconvertidas en refugios, dejando a 115.000 estudiantes sin acceso a la educación. La infancia vuelve a ser la principal víctima de una guerra que se presenta como inevitable.
Pero el patrón va más allá del desplazamiento. Es una ofensiva directa contra las condiciones de vida. La destrucción de puentes, carreteras y redes de agua no es un daño colateral. Es una táctica. La ruptura de la movilidad impide huir, dificulta la llegada de ayuda y convierte el territorio en una trampa.
El anuncio de Netanyahu de ampliar la llamada “zona de seguridad” en el sur del país y la decisión de extender el control militar hasta nuevas áreas del Líbano, implica en la práctica el vaciamiento de regiones enteras. Una franja convertida en territorio inhabitable donde la población civil es expulsada de forma permanente.
La guerra también se libra contra quienes sostienen la vida. Según la Organización Mundial de la Salud, los ataques contra personal sanitario son constantes. La denuncia de la muerte de sanitarios y la destrucción de almacenes médicos en el sur del Líbano confirma un patrón que ya se vio en Gaza: hospitales evacuados, centros de salud cerrados y equipos médicos convertidos en objetivo.
Al menos 51 trabajadores sanitarios han sido asesinados y más de 120 han resultado heridos. Cinco hospitales han tenido que ser evacuados y más de 54 centros de atención primaria han cerrado. En este contexto, hablar de asistencia médica es casi una ficción. Las y los profesionales sanitarios trabajan bajo la amenaza constante de bombardeos, en condiciones límite y sin garantías de seguridad.
La destrucción alcanza también al acceso al agua. Más de 45 redes hídricas ya fueron dañadas en la ofensiva de 2024, afectando a casi 500.000 personas. Ahora, los ataques se repiten sobre embalses, tuberías y estaciones de bombeo. La consecuencia es previsible: enfermedades, hambre y colapso de los medios de subsistencia.
Todo responde a una lógica clara: hacer inhabitable el territorio para forzar el desplazamiento permanente. No es una estrategia militar en sentido clásico, es una forma de ingeniería demográfica sostenida por la violencia.
Incluso las órdenes de evacuación revelan el carácter discriminatorio de la operación. La prohibición del regreso de determinadas comunidades, especialmente en función de su identidad religiosa, vulnera de forma directa el derecho internacional. No se trata de seguridad, sino de exclusión sistemática.
Mientras tanto, la retórica oficial sigue apelando a la defensa. Pero los hechos desmontan ese discurso. La repetición del modelo de Gaza en Líbano no es una deriva, es una continuidad. Una arquitectura de guerra donde la población civil no es un daño colateral, sino el objetivo central.
Cuando bombardear hospitales, destruir redes de agua y expulsar a millones se convierte en estrategia, lo que falla no es la legalidad internacional, es la voluntad de aplicarla.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Ayuso convierte la maternidad en trinchera ideológica con su “ley del concebido no nacido”
Isabel Díaz Ayuso ha anunciado que el próximo 2 de julio llevará a la Asamblea de Madrid un pleno extraordinario para debatir y aprobar la llamada “ley del concebido no nacido”. No es una anécdota parlamentaria. No es una medida técnica. Es una pieza más en la ofensiva reaccionaria que intenta reescribir los derechos sexuales y reproductivos con lenguaje administrativo, una carpeta institucional y una sonrisa de superioridad moral.
La propuesta reconoce al “concebido no nacido” como “miembro más de la unidad familiar”. Dicho así parece una fórmula burocrática. Pero no lo es. Es política pura. Y de la más peligrosa: la que pretende colarse por la puerta de las ayudas sociales para instalar una visión ultraconservadora de la maternidad, del cuerpo de las mujeres y de la familia. No están ampliando derechos: están moviendo el marco para que el embarazo pese jurídicamente antes que la vida material de las mujeres.
El pacto entre EE.UU. e Irán redibuja Oriente Medio y deja a Israel mirando el desastre
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán, firmado el 18 de junio por Donald Trump y Masoud Pezeshkian, ya tiene su etiqueta grandilocuente: el “gran pacto”, el “acuerdo del siglo”, la jugada histórica que supuestamente cerraría una etapa de guerra y abriría otra de negociación. La liturgia también fue cuidadosamente escogida. Trump lo formalizó en Versalles, al margen de la cumbre del G7, como si el decorado imperial pudiera maquillar lo evidente: las potencias no reconstruyen el orden internacional, lo reparten.
Es el primer pacto firmado por un presidente estadounidense y un presidente iraní desde la Revolución Islámica de 1979. No es un detalle menor. Tiene 14 puntos, prolonga el alto el fuego durante 60 días, incluye a Líbano y abre la puerta a negociar un arreglo permanente, incluido el programa nuclear iraní. Dicho así parece diplomacia. Pero la diplomacia, cuando llega después de miles de muertos, suele ser el nombre elegante del fracaso moral.
Israel rompe con Kaja Kallas porque ya no soporta que Europa pronuncie la palabra apartheid
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, anunció el 18 de junio que rompe “todo contacto” con la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. La razón, según él, es que Kallas habría comparado a Israel con la Sudáfrica del apartheid durante una visita a México el pasado mayo. No hablamos de una ruptura por una masacre, ni por la expansión colonial en Cisjordania, ni por el asedio a Gaza, ni por la normalización de un régimen de privilegio étnico, militar y territorial. Hablamos de una ruptura por una palabra.
Ahí está el asunto. Israel no rompe con quien bombardea, ocupa, desplaza, bloquea o coloniza. Rompe con quien señala.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir