Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Un ataque estructural al trabajo, envuelto en propaganda
Las y los trabajadores indios han dicho basta a un Gobierno que legisla como si el país fuese propiedad privada de unos pocos. Desde el 21 de noviembre de 2025, Narendra Modi ha reactivado cuatro códigos laborales aprobados en 2019, congelados durante cinco años por la presión sindical y rechazados por todas las federaciones obreras. El Ejecutivo los impone ahora sin debate, sin consulta y sin un mínimo respeto hacia quienes sostienen la economía real.
La respuesta ha sido inmediata. Protestas en decenas de ciudades, marchas, quema de copias de los códigos y un frente unido de sindicatos y organizaciones campesinas preparado para un paro nacional el 26 de noviembre. El mensaje es simple: estos códigos no modernizan el país, lo despojan.
LOS CÓDIGOS QUE DESMANTELAN DERECHOS
El Gobierno insiste en que unifica 39 leyes heredadas del periodo colonial británico. Hablan de “simplificación”, de “empoderamiento inclusivo”, de “sostenibilidad”. El lenguaje corporativo siempre suena igual cuando la intención es recortar derechos.
Las y los representantes de las Central Trade Unions (CTU) lo dijeron con claridad el mismo viernes 21: los códigos son un fraude político pensado para quebrar estructuras colectivas, debilitar la negociación y someter a las y los trabajadores a la voluntad patronal.
El comunicado del CTU definió la notificación como “una violación democrática que reduce a polvo el Estado del bienestar construido tras la independencia”. No se trata de exageración. Basta leer los efectos reales:
- debilitan la sindicalización
- legalizan la temporalidad encubierta mediante el contrato de “término fijo”
- permiten jornadas más largas
- limitan la capacidad de inspección laboral
- despojan al Estado de sus responsabilidades hacia la clase trabajadora
- refuerzan el poder empresarial en la definición unilateral de condiciones
Las cifras son contundentes. India tiene más de 500 millones de personas trabajadoras, con el 90% en el sector informal. Un país así no necesita menos protección, sino más.
La Central of Indian Trade Unions (CITU) respondió con un documento detallado desmontando cada argumento oficial. “Los códigos son la agresión más profunda a derechos conquistados durante generaciones”, señala. Y añade que convertir al Gobierno en mero árbitro entre patronal y trabajadores supone una renuncia política gravísima.
UNA REFORMA PARA ANULAR LA PROTESTA Y ABARATAR LA VIDA
El objetivo real aparece cuando se cruzan los discursos con los silencios. Las promesas de “salarios mínimos garantizados” y “seguridad social universal” son cortinas de humo. No existe en los códigos un mecanismo robusto para asegurar esos derechos. En cambio, sí aparece claramente el interés por facilitar despidos, ampliar jornadas y reducir los controles públicos sobre la precarización.
El Gobierno habla de empoderar trabajadoras y trabajadores, pero aprueba normas que les prohíben defenderse. Las y los inspectores laborales pierden capacidad para supervisar, los sindicatos pierden margen para organizar huelgas, y las empresas ganan flexibilidad para contratar y despedir sin responsabilidad.
El CPI(M) lo ha denunciado sin rodeos: estos códigos no generarán empleo, sino indefensión. Son un mensaje a los inversores internacionales de que pueden operar en India sin reglas que les molesten. Una política que repite la fórmula global del neoliberalismo duro: abaratar el trabajo para inflar beneficios.
También las organizaciones campesinas, agrupadas en el Samyukta Kisan Morcha (SKM), han advertido de que los códigos suponen la reforma más regresiva desde 1947. No es una conclusión improvisada; forman parte de la misma lógica que ya provocó la gigantesca revuelta agrícola de 2020-2021, una de las mayores movilizaciones sociales del siglo XXI.
“Minimizar costes laborales y destruir derechos”, resume la CITU. Y si algo demuestra la historia reciente de India es que cuando se precariza el trabajo, se precariza todo: salud, educación, vivienda, alimentación y tejido democrático.
Los códigos laborales aprobados en 2019, reactivados en 2025, nacen de un desprecio profundo hacia quienes hacen funcionar el país. Modi gobierna como si India fuese un laboratorio para experimentos neoliberales a gran escala, donde las y los trabajadores no cuentan como sujetos políticos sino como recursos sacrificables. El país responde hoy en las calles porque sabe que, sin derechos colectivos, lo que viene después es un futuro de servidumbre.
No hay reforma laboral que pueda llamarse modernización cuando convierte a millones de personas en mano de obra descartable.
India ya ha visto este guion y no piensa aceptarlo otra vez.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Mohamadou Diawara murió de un disparo en una comisaría y ahora la Audiencia exige investigar lo que el juzgado quiso cerrar
Mohamadou Diawara tenía 22 años, un trastorno mental diagnosticado y una vida que terminó el 24 de julio de 2025 dentro de unas dependencias policiales de Montornès del Vallès, en Barcelona. Murió por un disparo efectuado por un agente de la Policía Local después de entrar en comisaría con un cuchillo. Esa es la versión básica. La que cabe en un titular. La que suele servir para cerrar rápido el cajón cuando la víctima es joven, racializada, pobre o vulnerable.
Pero una muerte en comisaría no se archiva como quien firma una multa. No debería. Porque cuando una persona muere por el uso de fuerza letal a manos de agentes del Estado, lo mínimo exigible no es confianza ciega. Es investigación. Es prueba. Es reconstrucción. Es verdad material. El Estado no puede disparar, perder la grabación clave porque una cámara estaba estropeada y luego pedir fe.
Europa se cree imperio, pero compra las piezas en China
La Unión Europea vuelve a jugar a ser potencia imperial justo cuando más se le ven las costuras. El debate sobre China, que se discutirá en la cumbre europea del 18 y 19 de junio en Bruselas, no es una pelea entre España y Francia. Esa es la lectura cómoda, la de tertulia con banderitas. La disputa real es otra: diplomacia económica o seguidismo suicida de la lógica de bloques. Negociar con una potencia de la que dependes o fingir que puedes golpear la mesa sin que se te caiga encima la fábrica entera.
Los datos son brutales. El déficit comercial de la UE con China llegó a 360.000 millones de euros en 2025. En el primer trimestre, el agujero se amplió hasta casi 95.000 millones, frente a los 88.400 millones del mismo periodo anterior. China exporta más, Europa compra más y luego algunas y algunos dirigentes europeos se suben a un atril a llamar “soberanía” a depender de componentes, minerales, baterías, tecnología y manufacturas que no controlan. Europa se cree imperio, pero compra las piezas en China.
La gran derrota de Trump y la propaganda: explicamos uno por uno los 14 puntos del acuerdo de paz
El Gobierno de Donald Trump ha decidido enseñar su versión del acuerdo con Irán antes de que Teherán diga oficialmente esta boca es mía. Lo hizo el 17 de junio, a través de un alto cargo de la Administración estadounidense, que recitó en rueda de prensa los 14 puntos del Memorando de Entendimiento con el que Washington pretende presentar el final de la guerra como una victoria de la diplomacia. Qué casualidad. Primero se bloquea, se amenaza, se asfixia, se coloca al mundo al borde de una crisis energética y luego se comparece con tono solemne para decir que se ha evitado el desastre.
El acuerdo debe ratificarse presencialmente este viernes en Suiza, es decir, el 19 de junio, y hasta ahora Irán no se ha pronunciado oficialmente sobre la publicación estadounidense. Ese silencio importa. Importa porque no estamos ante un tratado cerrado, limpio y firmado con luz natural, sino ante un texto provisional, difundido desde la Casa Blanca, con versiones previas filtradas por Bloomberg y CNN que, según el propio relato periodístico, coinciden en lo esencial pero difieren en detalles. La paz, cuando la narra solo una de las partes, también puede ser propaganda.
Vídeo | Estrenamos reportaje contra la guerra cultural de la ultraderecha
Spanish Revolution estrena la primera parte del reportaje “¿Puede la ULTRADERECHA ganar la BATALLA CULTURAL?”, presentado por Patricia Salvador. Y la pregunta no es menor. Tampoco es una provocación para redes. Es una advertencia política en mitad de una época en la que la extrema derecha ya no necesita presentarse siempre con el uniforme completo. A veces le basta con hablar de “libertad”, “familia”, “patria”, “seguridad” o “sentido común” mientras va vaciando esas palabras de contenido democrático.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir