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En el siglo I, si sufrías migraña era posible que alguien te recetara unas cuantas descargas eléctricas del pez torpedo para aliviar tu dolor. Más tarde, en el siglo XI, los médicos empleaban las descargas del pez gato para reducir las crisis epilépticas.
¿Disparates de la medicina? Ni mucho menos. Aquellas estrategias terapéuticas podían tener una base científica. Lo sabemos porque en la actualidad podemos aplicar corrientes eléctricas muy débiles directamente sobre el cráneo (de hecho, sobre el pelo) y observar cómo modulan la actividad de la corteza cerebral.
Por ejemplo, si estimulamos la región motora primaria –la que envía las órdenes motoras a la médula espinal– registraremos cambios electrofisiológicos en las neuronas estimuladas. Pero también cambios en la respuesta motora: tiempo de reacción, precisión, tasa de aprendizaje de una repuesta motora nueva, etc.
Curar con corrientes eléctricas
Hoy día no necesitamos recurrir a peces eléctricos. Disponemos de una técnica denominada estimulación eléctrica transcraneal por corriente directa (tDCS, por sus siglas en inglés). En su modo más básico, consiste en colocar dos electrodos, positivo y negativo, sobre la superficie del cráneo. Estos electrodos se conectan a un estimulador que usa la potencia de una pequeña batería, generando una corriente eléctrica muy débil.
¿Pero qué efectos tiene? Volviendo al ejemplo anterior, sabemos que si estimulamos el área de la corteza motora primaria que se encarga del control de nuestros dedos y manos aumentaremos o disminuiremos la cantidad de ensayos necesarios para aprender una secuencia motora compleja y aleatoria.
Para ser exactos, la aumentaremos si previamente hemos estimulado mediante el ánodo, es decir positivamente. Y la reduciremos si estimulamos con el cátodo.
La investigación con esta técnica ha tenido también una vertiente clínica muy interesante. El dolor y la fatiga asociados a la fibromialgia y al dolor crónico neuropático–generado por algún desarreglo en nuestro cerebro– son buenos ejemplos.
Una sola sesión de estimulación eléctrica sobre la corteza motora modifica la sensación de dolor en participantes sanos. Pero lo que se busca son efectos duraderos. Si se utiliza esta técnica durante diez sesiones de veinte minutos distribuidas en dos semanas, se consigue reducir el dolor y la fatiga de forma mantenida en el tiempo, entre días y meses. Un efecto que se prolonga aún más aplicando dosis de recuerdo.
La depresión también puede ser un estado altamente incapacitante. Los tratamientos farmacológicos y psicológicos suelen ser efectivos, pero no todas las personas responden igual a los mismos. Los datos recientes apuntan a que la estimulación eléctrica con un electrodo positivo colocado sobre la corteza frontal dorsolateral izquierda, durante al menos 10 días, reduce la sintomatología depresiva. Y encima, permite reducir el consumo de fármacos.
Stop adicciones
La corteza frontal dorsolateral es un área extensa de la parte anterior del cerebro implicada en el control del comportamiento. Está relacionada con la atención, la memoria de trabajo, la toma de decisiones o el control de impulsos. De ahí el interés por modular su actividad.
Si ir más lejos, se ha comprobado que la estimulación eléctrica transcraneal puede poner freno a las adicciones. Para ser exactos, aplicar corriente positiva en el lado derecho y negativa en el lado izquierdo reduce el deseo de consumir sustancias adictivas como drogas, alcohol, nicotina, o incluso la comida.
Por otro lado, la esquizofrenia es un trastorno del neurodesarrollo que puede cursar con distinta sintomatología, principalmente alucinaciones. La estimulación positiva de la corteza prefrontal izquierda, con el electrodo negativo colocado sobre la corteza temporoparietal, parece ayudar a reducir las alucinaciones auditivas verbales. Con la enorme ventaja de que el efecto se mantiene meses después de haber recibido el tratamiento.
Dudas no resueltas
La investigación en este área ha avanzado mucho en los últimos veinte años. Actualmente contamos con una tecnología de bajo coste, portátil, no invasiva y sin efectos secundarios serios a corto o largo plazo. En algunos casos ya se está ensayando la autoaplicación de la técnica por el propio paciente en su hogar. Por supuesto, con un entrenamiento serio y bajo la supervisión de un terapeuta.
Con todo y con eso, quedan muchas preguntas por contestar. Es necesario establecer protocolos apropiados y adaptarlos a cada usuario. Eso es muy importante porque se sabe que hay grandes diferencias individuales. De hecho, una de las claves para avanzar en las aplicaciones clínicas es detectar a los “no respondedores”, es decir, aquellas personas que no obtienen el efecto deseado.
Puede ser un problema de sensibilidad, en cuyo caso bastaría aumentar la intensidad de la estimulación. Pero también podría deberse a variables anatómicas o fisiológicas, más complejas de detectar. Además, es fundamental tener en cuenta la experiencia previa, puesto que parece que el efecto de la estimulación depende del estado funcional del cerebro.
En cualquier caso, es muy importante destacar que en la mayoría de las ocasiones la eficacia de la estimulación eléctrica es más evidente si acompaña a terapias ya establecidas.
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Fernando Sánchez-Santed es socio fundador de la empresa Imparables
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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