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Un shock exógeno como lo es una pandemia nos provee de un desafío natural, que afecta a todos los países sin distinción, y nos permite observar cómo los lideres confrontan la prueba en tiempo real.
A lo largo del año 2020 la prensa internacional publicó numerosos artículos que se hicieron eco de los éxitos en la gestión de muchas mujeres dirigentes, y de sus habilidades de liderazgo. Parece que ellas están gestionando la crisis provocada por la Covid-19 mejor que sus colegas varones, adoptando políticas con mayor rapidez, usando recursos con mayor efectividad, y gestionando la comunicación de una forma más eficaz.
Estos estudios se basan en su mayoría en casos concretos como el de Jacinda Ardern en Nueva Zelanda o el de Sanna Marin en Finlandia, y en el análisis, más o menos puntual, de las ratios de infectados y fallecidos en los distintos países.
Sin embargo, las investigaciones científicas a este respecto son aún escasas y sus resultados no son uniformes, ya que la mayoría de los trabajos publicados hasta ahora utilizan datos que, como muy tarde, llegan hasta agosto del 2020. Comparar diferentes países y sacar conclusiones robustas es una tarea complicada por la cantidad de factores de confusión que influyen a nivel estructural, político y cultural.
En la Universidad Pontificia Comillas hemos analizado una muestra de 31 países europeos –este entorno comparte una cierta homogeneidad cultural que facilita el análisis y la comparabilidad– con datos hasta el 31 de diciembre del 2020 que completa otro ya publicado sobre si muertes e infectados corroboraban la hipótesis de una mejor gestión por parte de los gabinetes liderados por mujeres. ¿Qué ha pasado siete meses de pandemia después?
La muestra de países europeos incluye los países de la UE-27 más Reino Unido. Hemos añadido Suiza, Noruega, Islandia y Georgia para incrementar el número de países con dirigente femenino, sin perturbar la comparabilidad, y hemos considerado país liderado por mujer aquellos que tienen al frente una presidente, primera ministra o canciller.
Para este estudio utilizamos dos indicadores de éxito en la gestión seguidos diariamente en los medios de comunicación: el ratio de contagiados y el de fallecidos por cada 100 000 habitantes a fecha de 31 de diciembre de 2020, extraídos del Johns Hopkins Coronavirus Resource Center, y la información sobre la población de cada país del European Centre for Disease Prevention and Control. Los datos se han ordenado de menor a mayor ratio de muertes.
Por simple inspección visual observamos cómo los países con mujeres al frente encabezan la lista con la menor incidencia de Covid-19.
Observamos que la situación ha cambiado claramente desde el 25 de abril: no existían diferencias estadísticamente significativas, para ninguna de las dos ratios, entre el grupo de países liderados por hombres y el liderado por mujeres; sin embargo, a fecha 31 de diciembre del 2020, los datos muestran diferencias que han resultado estadísticamente significativas.
Las distancias iniciales, lejos de corregirse, se han acentuado dejando constancia de una clara diferencia en los resultados de la gestión. Las causas de estos asombrosos resultados pueden ser sin duda muy diversas. Nosotros ofrecemos aquí una reflexión basada en un sesgo psicológico bien conocido: la sobreconfianza.
La existencia de este sesgo es quizás uno de los hallazgos más robustos en la psicología de las decisiones. Sobreconfianza es la tendencia de los seres humanos a poner más peso en su propio conocimiento y juicio del que merecen, dada la precisión de dicho conocimiento. Hay numerosos estudios en el campo del liderazgo, economía y empresa que hallan que los hombres son más tendentes a mostrar este sesgo de sobreconfianza que las mujeres. Aunque para vencer la sobreconfianza hay remedios como el feedback o la contraargumentación, cuanto mayor es el sesgo, menos se emplean las estrategias mitigadoras y es más difícil aprender de los errores. En el campo político las implicaciones de este sesgo son muy importantes debido a sus consecuencias, que, en este caso, se cuentan en número de muertes.
Las mujeres líderes han mostrado en sus manifestaciones públicas un adecuado nivel de confianza, mostrando actitudes humildes que valoraban la cooperación, la búsqueda de consejo experto, la colaboración.
La empatía que han ejercitado en sus discursos es también uno de los rasgos más alabados por la opinión pública, lo que contrasta con los enfoques, bien sensacionalistas, bien de despreocupación imprudente, que han mostrado algunos de los líderes masculinos mundiales más prominentes. Esta diferencia en sus niveles de confianza es crítica para entender el éxito de las mujeres.
La escucha y la humildad, al haberse dejado asesorar por expertos de diferentes procedencias, han hecho de ellas referentes claros. Siguen tomando decisiones difíciles de forma ágil y nos dan lecciones de buen gobierno. Somos testigos del nacimiento de un efectivo y muy humano estilo de dirección de países y de gestión de crisis. Estamos convencidos de que se escribirá mucho sobre este esperanzador fenómeno.
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The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
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