Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Un historiador militar desmonta la narrativa oficial y expone una guerra sin salida, más costosa cada día
La guerra impulsada por Donald Trump contra Irán ha encontrado una crítica difícil de ignorar: la de quienes estudian precisamente cómo funcionan los conflictos armados. Frente al discurso político que insiste en la firmeza y la victoria, el análisis del historiador militar Bret Devereaux introduce una idea incómoda pero contundente: no hay plan real, solo una escalada que se ha vuelto imposible de controlar.
En su análisis exhaustivo sobre la guerra en Irán, Devereaux desmonta la premisa central de la estrategia estadounidense. La Casa Blanca apostó por una hipótesis que, en términos históricos, roza la ingenuidad: que una campaña de bombardeos selectivos bastaría para desestabilizar al régimen iraní hasta provocar su caída. Sin embargo, el historiador recuerda que el sistema político iraní está diseñado precisamente para resistir ese tipo de golpes, con estructuras que permiten mantener el control incluso tras la eliminación de líderes clave.
Lejos de debilitar al régimen, la intervención ha reforzado su lógica de supervivencia. Para Devereaux, esto no es una sorpresa, sino una constante histórica: los Estados sometidos a agresiones externas tienden a cohesionarse internamente, especialmente cuando el conflicto se plantea como una amenaza existencial. La idea de que el poder se derrumbaría rápidamente no solo era improbable, sino que ignoraba décadas de precedentes en conflictos similares.
El punto más contundente de su análisis llega al definir la guerra como una “trampa”. No una emboscada diseñada por Irán, sino una dinámica estructural en la que entrar es fácil, pero salir resulta extremadamente costoso. Según explica, una vez iniciado un conflicto de estas características, cualquier retirada implica asumir pérdidas políticas y estratégicas que ningún liderazgo quiere reconocer públicamente. El resultado es una prolongación del conflicto más allá de cualquier lógica de interés racional.
Esta trampa de escalada se ha vuelto especialmente visible tras el cambio de objetivos declarado por Washington y Tel Aviv. Cuando la operación dejó de centrarse en ataques limitados y pasó a plantear abiertamente un cambio de régimen, Irán respondió con una medida de alto impacto: el cierre del estrecho de Ormuz. Este movimiento, largamente temido por la comunidad internacional, disparó los precios de la energía y puso en jaque a la economía global, confirmando uno de los principales riesgos que durante décadas había frenado a sucesivas administraciones estadounidenses.
Devereaux subraya que este escenario no era imprevisible. Durante más de cinco décadas, distintos gobiernos de Estados Unidos evitaron una confrontación directa con Irán precisamente por la combinación de factores que ahora se han materializado: la dificultad de ocupar un país de cerca de 90 millones de habitantes, el impacto global de sus represalias económicas y la posibilidad de una escalada regional incontrolable.
El problema, según el historiador, es que la administración Trump ha cruzado un umbral del que ya no puede retroceder sin asumir un coste político enorme. Abandonar el conflicto dejaría a Irán en una posición de fuerza, capaz de utilizar el estrecho de Ormuz como herramienta de presión sobre la economía mundial. Pero continuar la guerra implica profundizar en un desgaste que tampoco ofrece garantías de éxito.
La consecuencia es una paradoja estratégica: ninguna de las dos opciones resulta viable. Devereaux lo resume con una claridad que ha resonado más allá del ámbito académico. En declaraciones recogidas por medios como Common Dreams, el historiador afirma sin rodeos que “cada día que esta guerra continúa, tanto Estados Unidos como Irán se vuelven más débiles, más pobres y menos seguros”.
La frase más citada de su análisis, sin embargo, va aún más lejos en su contundencia: “Esta guerra es absurdamente estúpida”. No se trata de un recurso retórico, sino de una conclusión basada en la lógica histórica de los conflictos. Para Devereaux, el problema no es solo que la guerra no esté funcionando, sino que nunca tuvo posibilidades reales de hacerlo en los términos en que fue planteada.
Este tipo de diagnósticos pone en cuestión no solo la gestión concreta del conflicto, sino el marco mental desde el que se diseñó. La idea de que la superioridad militar puede traducirse automáticamente en control político vuelve a demostrar sus límites. En este caso, además, con un coste que trasciende lo militar: mercados energéticos tensionados, inestabilidad regional y una economía global cada vez más vulnerable.
Mientras tanto, sobre el terreno, la dinámica descrita por Devereaux sigue desarrollándose. Cada nuevo movimiento refuerza la lógica de la escalada, cada intento de presión genera una respuesta mayor y cada día que pasa hace más difícil cualquier salida negociada. No hay victoria clara en el horizonte, pero sí una acumulación constante de costes.
Y en medio de ese escenario, la advertencia del historiador resuena como un diagnóstico incómodo que nadie en el poder parece dispuesto a asumir: hay guerras que no se pierden ni se ganan, simplemente se convierten en errores cada vez más caros.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir