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Estas personas no solo están muriendo por la falta de un techo bajo el cual cobijarse, sino por enfermedades prevenibles y tratables que se ven exacerbadas por las duras condiciones de la vida en la calle.
Miles de personas mayores mueren en las calles de Los Ángeles cada año, invisibilizadas por una sociedad que prefiere ignorar esta tragedia humana. Un análisis reciente de registros públicos revela una crisis humanitaria devastadora: en los últimos diez años, más de 3,000 personas mayores de 60 años fallecieron sin hogar en el condado de Los Ángeles. Estas cifras desmienten el mito de que la mayoría de las personas sin hogar en California son jóvenes o recién llegadas al estado en busca de oportunidades. La realidad es que los más vulnerables, personas mayores están muriendo en soledad y desamparo en una de las regiones más ricas del país.
UNA CRISIS QUE SE AGRAVA CON EL TIEMPO
Los datos son alarmantes y muestran un problema que se agrava con cada año que pasa. En 2023, la oficina del forense del condado de Los Ángeles registró un récord de 496 muertes de personas mayores sin hogar, casi cuadruplicando las cifras de hace una década. Estas personas no solo están muriendo por la falta de un techo bajo el cual cobijarse, sino por enfermedades prevenibles y tratables que se ven exacerbadas por las duras condiciones de la vida en la calle.
Más de 1,700 de estas muertes ocurrieron en personas que probablemente vivían al aire libre, en condiciones indignas y peligrosas. Fueron encontradas en callejones, tiendas de campaña, paradas de autobús, parques y otros lugares que evidencian la precariedad extrema en la que vivían. Este escenario es una denuncia directa a la falta de acción por parte de las autoridades y la sociedad en general, que han permitido que la situación llegue a este punto crítico.
Las causas de muerte incluyen insuficiencia cardíaca, enfermedades hepáticas y complicaciones relacionadas con la COVID-19, entre otras. Es revelador que más de 1,500 de estas muertes fueron catalogadas como «naturales», lo que indica que muchas personas murieron por condiciones médicas no tratadas o mal gestionadas, mientras vivían en las calles. La vulnerabilidad extrema de estas personas, a menudo invisibilizada, debería ser un grito de alarma para un sistema de salud y bienestar que claramente ha fallado.
El impacto racial también es un factor determinante en esta crisis. Las y los afroamericanos están desproporcionadamente representados entre las muertes, constituyendo el 33% de los fallecidos mayores de 60 años, a pesar de que solo representan el 9% de la población del condado. Este dato no solo revela un problema de pobreza y exclusión, sino también una profunda herida de desigualdad racial que persiste en una sociedad que se precia de ser inclusiva y equitativa.
LA INHUMANIDAD DEL TRATAMIENTO A LAS PERSONAS MAYORES
Con más de 75,000 personas sin hogar en el condado de Los Ángeles, de las cuales más de 5,100 tienen 65 años o más, el problema de la falta de vivienda ha alcanzado proporciones épicas. Según un estudio innovador de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), el 90% de las personas sin hogar en California ya vivían en el estado antes de quedarse sin hogar, desmintiendo la idea de que esta crisis es importada de otros lugares.
El costo exorbitante de la vivienda, la falta de atención médica y el desmantelamiento de la red de seguridad social han empujado a muchas personas mayores a una vida en la calle. El estudio encontró que casi la mitad de los adultos sin hogar tienen 50 años o más, y que muchas de estas personas están experimentando la falta de hogar por primera vez en su vida. Este dato es especialmente preocupante, ya que muestra cómo personas que han trabajado toda su vida y han contribuido a la sociedad, se ven ahora relegadas al olvido en su etapa más vulnerable.
El caso de Joseph Patin, un hombre de 62 años que vive en un desierto remoto al norte del condado de Los Ángeles, es emblemático. A pesar de haber sido hospitalizado por insuficiencia cardíaca congestiva y sufrir de esquizofrenia, Patin se vio obligado a vivir en condiciones indignas, en tiendas de campaña, mientras su salud se deterioraba aún más. Su historia es una de muchas que reflejan cómo el sistema falla a las personas que más necesitan ayuda.
Los equipos médicos móviles, como el dirigido por el Dr. Absalon Galat, son a menudo la única línea de vida para estas personas. Estos profesionales de la salud se enfrentan diariamente a la realidad brutal de tratar a personas en condiciones extremas, sabiendo que las soluciones que ofrecen son solo temporales y que el regreso a las calles es una posibilidad constante.
Es desgarrador ver cómo personas mayores como Wendell Stephens, de 81 años, son dejadas a su suerte en las calles de una de las ciudades más ricas del mundo. La soledad, el miedo y la desesperanza son compañeros constantes para estas personas, que ya han perdido tanto. Wendell, quien ha sido robado y ha enfrentado amenazas de violencia, ahora vive en un vehículo, con la esperanza de algún día regresar a su ciudad natal en el Valle Central.
En un acto de solidaridad, Wendell utilizó parte del dinero que le fue donado para comprar un vehículo para su amiga Angel, de 55 años, quien había estado viviendo en una tienda de campaña. Este gesto de generosidad entre las personas sin hogar contrasta de manera desgarradora con la indiferencia de la sociedad en general, que parece haber abandonado a estas personas a su suerte.
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