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Miles de personas desplazadas luchan por sobrevivir sin refugio, combustible ni alimentos, mientras el mundo calla ante el asedio.
Gaza se hunde en una crisis humanitaria sin precedentes. Tras más de un año de bombardeos, el frío del invierno golpea con fuerza a decenas de miles de personas desplazadas, atrapadas en un territorio devastado. Las temperaturas descienden hasta los 5°C, mientras más de dos tercios de los edificios están destruidos o son inhabitables, según Naciones Unidas. En este escenario, miles de familias sobreviven en tiendas de campaña precarias, a menudo arrasadas por tormentas, sin acceso a combustible ni a ropa de abrigo.
En Al-Mawasi, una de las llamadas «zonas humanitarias», las condiciones son especialmente críticas. “El mar se tragó nuestras tiendas como un tsunami”, relata Hisham al-Haddad, quien tuvo que huir con su familia cuando una tormenta arrasó su refugio. Las olas se llevaron pertenencias esenciales como alimentos y ropa, dejando a cientos sin nada.
Las organizaciones humanitarias advierten de que la situación en Gaza se deteriorará aún más en los meses de invierno. La gente quema basura plástica para calentarse, exponiéndose a enfermedades respiratorias. Según Philippe Lazzarini, comisionado de la UNRWA, los ancianos y los niños son los más vulnerables: “El invierno en Gaza significa que muchos morirán tiritando de frío.”
EL BLOQUEO ISRAELÍ: UN ASALTO A LA SUPERVIVENCIA
El asedio impuesto por Israel intensifica el sufrimiento. La ONU calcula que entre 60.000 y 75.000 personas llevan más de dos meses sin recibir asistencia humanitaria debido al cierre de pasos fronterizos y al bloqueo militar. En noviembre, entraron una media de 90 camiones diarios de ayuda en Gaza, una cifra insignificante frente a las necesidades de una población de más de 2 millones.
Los precios de los alimentos se han disparado. Un saco de harina de 25 kilos cuesta ahora más de 114 euros, 10 veces más que antes del conflicto. Familias enteras dependen de comedores de beneficencia para una comida al día, mientras hacen largas filas para conseguir agua potable. “Recibimos ayuda una vez al mes, y siempre es insuficiente”, explica al-Haddad. “Vivimos de lo que nos dan en los comedores y del agua que conseguimos tras horas de espera.”
El bloqueo no solo impide la entrada de ayuda esencial, sino que también condena a las personas heridas. Sabreen al-Atout, que vive con sus seis hijas en una tienda improvisada, no ha podido sacar a su hija gravemente herida para recibir tratamiento médico. “Con este frío, las heridas de mi hija empeoran. No tenemos ni calcetines para calentarle los pies”, lamenta.
Mientras tanto, Israel justifica su ofensiva como respuesta al ataque de Hamás en octubre de 2023, que dejó más de 1.200 víctimas israelíes. Desde entonces, la ofensiva israelí ha causado más de 44.800 muertos y 106.300 heridos en Gaza, según las autoridades sanitarias locales. La mayoría son civiles, incluidas miles de mujeres, niñas y niños.
GAZA: UNA TRAMPA MORTAL TAMBIÉN PARA LOS PERIODISTAS
Gaza se ha convertido en la zona más peligrosa del mundo para ejercer el periodismo. Desde octubre de 2023, 145 periodistas han sido asesinados mientras cubrían el conflicto. Informar sobre las atrocidades cometidas en Gaza no solo es peligroso, sino que está siendo silenciado sistemáticamente.
La crisis de Gaza es una herida abierta en la conciencia global, agravada por el invierno, el hambre y el asedio. Mientras tanto, el silencio internacional perpetúa un sufrimiento que parece no tener fin.
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