Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Del fascismo de uniforme al fascismo con filtro de TikTok.
DEL FASCISMO DE UNIFORME AL DE LOS MEMES
Hay una línea directa —y cuidadosamente blanqueada— que conecta el brazo en alto de los años treinta con el pulgar alzado del influencer reaccionario. El autoritarismo no ha desaparecido: se ha actualizado. Ha aprendido a posar, a ironizar, a parecer disidente mientras defiende el statu quo más salvaje. Su nueva trinchera no es un cuartel ni una plaza, sino un canal de YouTube o una cuenta de X. En ella no se alzan banderas, se venden marcas personales.
El viejo fascismo necesitaba marchas, el nuevo solo necesita viralidad. Ambos se fundan en lo mismo: miedo, frustración y una supuesta “rebeldía” que en realidad protege a los poderosos. El fascismo de Franco o Mussolini construyó su identidad a base de disciplina y estética bélica; el neofascismo digital se disfraza de sarcasmo, se graba en habitaciones minimalistas y cita a Orwell sin haberlo leído. El resultado es el mismo: obediencia disfrazada de libertad.
El politólogo Umberto Eco habló de los rasgos del Ur-Fascismo, el fascismo eterno: culto a la acción por la acción, desprecio por la reflexión, miedo a la diferencia, apelación a un pueblo humillado. Todo eso sigue aquí, solo que ahora lleva auriculares inalámbricos y dice “woke” con desprecio. El siglo XXI no necesitaba camisas pardas; bastaba con un algoritmo que premiara el odio.
De los manuales de propaganda de los regímenes totalitarios se ha pasado al marketing emocional del capitalismo digital. El objetivo no ha cambiado: convertir la frustración en consumo político. Cada tuit incendiario, cada vídeo en el que un “freedom fighter” se ríe de los feminismos o de la memoria histórica, no es una ocurrencia: es un producto ideológico empaquetado para adolescentes saturados de estímulos y vacíos de comunidad.
DE LOS DICTADORES A LOS INFLUENCERS DEL ODIO
Los herederos de Franco no desfilan; streamean. Han comprendido que el autoritarismo contemporáneo necesita algo más que disciplina: necesita deseo. Han convertido la sumisión en lifestyle. Se venden como librepensadores pero citan a los mismos gurús neoliberales que financian think tanks negacionistas. Han logrado hacer del privilegio una estética de resistencia.
Donde antes se gritaba “Arriba España”, ahora se dice “Viva la libertad, carajo”. Donde se juraba lealtad al caudillo, ahora se jura al mercado. El “yo obedezco porque amo a mi patria” se ha convertido en “yo obedezco porque el Estado me oprime”. Pero la lógica es idéntica: reducir la política a un teatro de emociones primarias y enemigos imaginarios.
El fascismo clásico apelaba a la nación; el fascismo cool apela al individuo. Ambos necesitan víctimas. Ayer fueron las y los comunistas, las personas judías, las sindicalistas. Hoy son las feministas, las migrantes y quienes defienden el planeta. La diferencia es que ahora se presenta como “sentido común”. La violencia se disfraza de ironía. El odio se pronuncia entre risas.
Detrás de cada “influencer antisistema” hay una red de financiación, de intereses geopolíticos y empresariales. De Think Tanks libertarios que repiten el evangelio de Ayn Rand a fundaciones ultracatólicas que exportan homofobia con estética de Silicon Valley. De canales de Twitch a reuniones en foros financiados por la alt-right estadounidense. La retórica es nueva, pero el proyecto es viejo: despolitizar, dividir y controlar.
En esa genealogía, Franco no es un fantasma del pasado, sino el primer eslabón de una cadena que llega hasta los “freedom fighters” contemporáneos. Aquellos que denuncian la “dictadura progre” mientras aplauden el cierre de universidades críticas, el acoso judicial al periodismo o el militarismo económico. Cambian las palabras, pero no la pulsión: el miedo a la libertad colectiva.
Hoy el autoritarismo se ha hecho sexy. Habla de criptomonedas, meritocracia y masculinidad alfa. Usa lenguaje de start-up y vende suplementos proteicos. Ya no busca uniformar los cuerpos, sino las mentes. No quiere marchas, quiere seguidores. Y lo está consiguiendo.
El fascismo de nuestro tiempo no llega con botas, sino con suscripciones premium.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
El PP copia el manual de Trump y Bolsonaro para ensuciar las urnas
Lo que está haciendo el PP con sus bulos sobre el proceso electoral no es nuevo, ni brillante, ni siquiera original. Está calcado del manual que Donald Trump activó en 2020 en Estados Unidos y que Jair Bolsonaro agitó en 2022 en Brasil: sembrar sospechas antes de que ocurra nada, convertir derechos en amenazas, presentar a quienes votan como material sospechoso y dejar flotando la idea de que solo hay democracia cuando gana la derecha.
Ahora el objetivo es el voto exterior, la llamada “ley de nietos” y el crecimiento del censo de personas españolas residentes fuera. Feijóo no necesita decir “pucherazo” con todas las letras para jugar a eso. Le basta con hablar de “ingeniería electoral”, insinuar que el Gobierno está fabricando votantes y colocar bajo sospecha a cientos de miles de personas que han recuperado la nacionalidad por vías legales. El País señala que el PP ha cuestionado el voto de más de 300.000 nuevos ciudadanos registrados al amparo de la Ley de Memoria Democrática y ha extendido dudas sobre el trabajo de funcionarias, funcionarios y personal diplomático encargado de tramitar peticiones de 2,45 millones de descendientes.
Patriotismo de pulsera y deuda con Hacienda: la España de la bandera en la muñeca también aparece en la lista de morosos
La Agencia Tributaria publicó el 30 de junio su decimotercera lista de grandes morosos con Hacienda. Y, otra vez, el retrato es incómodo. No solo por los nombres famosos. No solo por las cifras. También por la estética. Por esa manera tan española, tan de plató, tan de palco, de confundir el amor al país con llevar la bandera en la muñeca mientras la deuda con lo público queda para otro día. Patriotismo de mercadillo para tapar agujeros fiscales.
El Financial Times retrata el Madrid de Ayuso: una capital convertida en escaparate para ricos
El Financial Times ha puesto palabras —y bastante incómodas— a lo que en Madrid se ve desde hace tiempo caminando por sus barrios: la capital se ha convertido en una ciudad de moda, sí, pero también en una máquina de triturar vida cotidiana. El diario británico, fundado en 1888 y con más de dos millones de lectores diarios, ha dedicado un amplio reportaje a la Comunidad de Madrid y a la transformación de una ciudad que ya no se vende solo como capital administrativa, sino como refugio dorado para turistas, inversores, nómadas digitales y fortunas extranjeras.
El enlace al análisis original es este: https://www.ft.com/content/8955cbef-afe8-4c9f-8381-b279c7f4c2c0
La postal es muy bonita, claro. Fachadas luminosas, terrazas llenas, museos, gastronomía, sol, barrios “vibrantes”, ese vocabulario tan de folleto para gente que puede pagar 3.000 euros al mes por vivir donde antes vivía una familia trabajadora. Pero detrás del brillo aparece la pregunta de siempre. La pregunta sucia. ¿Quién gana con este modelo y quién se queda mirando desde fuera?
Porque Madrid crece. Madrid atrae. Madrid se llena de dinero. Pero no todo crecimiento es prosperidad. A veces es simplemente expulsión con camareros sonrientes, copas caras y apartamentos turísticos.
Vídeo | La obscenidad climática de la hija del dueño de Wal Mart: dos barcos y un helicóptero para desayunar
Mientras a la gente corriente se le exige culpa por cada bolsa, cada envase y cada error al reciclar, hay quien vive en otra dimensión: la hija del dueño de Wal Mart tiene dos barcos y un helicóptero para que el desayuno llegue desde una embarcación de servicio sin tener que mezclarse con quienes trabajan para ella. Sí. Ese es el nivel. A ti te cuentan que salves el planeta separando bien el plástico. A ella le organizan la mañana desde el mar con logística de lujo.
Vídeo | Michel Mboladinga, Lumumba y la memoria que Estados Unidos no puede deportar
¿Recordáis a Michel Mboladinga? Es el aficionado congoleño que se hizo viral por quedarse inmóvil durante los partidos de la República Democrática del Congo, brazo en alto, imitando la estatua de Patrice Lumumba en Kinshasa. Quieto. Noventa minutos convertido en una estatua viva. No era una pose para las cámaras ni una extravagancia de grada: era memoria política. Era el homenaje a Lumumba, primer ministro del Congo independiente, líder anticolonial y símbolo de la soberanía africana, asesinado en 1961.
Y, claro, Estados Unidos hizo lo que tantas veces ha hecho cuando la dignidad africana cruza una frontera: cerrarla. Le denegaron el visado y le impidieron seguir con su homenaje en los partidos de este Mundial. Como si una oficina consular pudiera decidir qué recuerdos entran en un estadio. Como si bastara un sello, una negativa administrativa, una puerta cerrada, para apagar lo que Lumumba representa. Pero entonces pasó algo hermoso, de una belleza política brutal: otro aficionado congoleño tomó el relevo. Otro cuerpo se quedó quieto. Otro brazo se levantó. Otra vez Lumumba entró en el estadio.
Porque se puede prohibir la entrada a una persona, pero no a una idea. Se puede cerrar una frontera, pero no deportar una memoria. A Lumumba lo torturaron, lo fusilaron, intentaron borrar su cuerpo y convertir su nombre en una nota menor de la historia colonial. Fracasaron. Congo no olvida. África no olvida. Los pueblos saqueados no olvidan. Y en medio del negocio obsceno del fútbol global, entre patrocinadores, himnos vacíos y diplomacias hipócritas, esa imagen vale más que cualquier gol: un brazo levantado recordando al mundo que el colonialismo mata, pero la memoria vuelve.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir