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André Ventura es un abogado de 37 años que se dio a conocer como comentarista deportivo del Benfica, que desde octubre es parlamentario por el partido de ultraderecha Chega.
André Ventura es un abogado de 37 años que se dio a conocer como comentarista deportivo del Benfica, que desde octubre es parlamentario por el partido de ultraderecha Chega. Chega traducido al castellano significa «Basta» y esa es la principal proclama desde una postura que en Portugal entienden como autárquica y que tiene la mirada puesta en abordar las elecciones legislativas ante unos cálculos de desplome económico (ha caído un 16’5 en el segundo trimestre de este año).
Esta tentativa espera que exista y se provoque una crisis política y por lo tanto un adelanto electoral. En esta disyuntiva explica El País que el partido «suma alrededor de un 7% de la intención de voto tanto para las presidenciales como para unas eventuales parlamentarias. El plan del partido es alcanzar al menos el 10% de los votos para ser un actor a tener en cuenta en la próxima legislatura y ser tomado en consideración para formar un eventual Gobierno junto al PSD, la formación mayoritaria en la derecha».
Por su parte el PSD, de la mano de su líder Rui Rio, se postula afín y cercano a las posiciones extremas de André Ventura. Sin embargo, “la estrategia de dejar entrar a la derecha radical en los Gobiernos, como en el caso de Vox en la Comunidad de Madrid, a la espera de que así moderen sus posiciones es muy arriesgada”, señala André Freire, profesor de Ciencia Política del Instituto Universitario de Lisboa.
“Lo que hemos visto es que en un panorama más general conduce a lo contrario, a que la derecha tradicional se radicalice. El PSD está mucho más al centro que el PP, pero la opción de que aumente la polarización en el sistema político está abierta”, agrega.

Por otra parte en el panorama portugués, con el ocaso pandemico sobrevolando todo contexto, ha aumentado las tensiones del gobierno con los comunistas y el Bloco de Esquerda.
La controversia respecto a su figura se debe a sus declaraciones racistas, como por ejemplo contra la etnia gitana: «Voy a ser muy directo, en Loures, donde existe una mayor multiculturalidad que en el resto de Portugal tenemos dos tipos de problemas: por un lado es que hay grupos que viven casi exclusivamente de las rentas del Estado, mientras que además viven por encima de las reglas de este mismo Estado de Derecho».
Apoyo empresarial
Durante estos meses de pandemia, según los medios locales, ha sido recurrente ver a Ventura en cenas junto a destacados empresarios interesados en escuchar de primera mano los proyectos del diputado ultra.
No obstante no es un hecho aislado de las pujantes ultraderechistas a nivel internacional, puesto que sigue el patrón de Abascal, Bolsonaro o Orbán.
Por el momento, a pesar del gancho mediático de Ventura, se desconocen sus posiciones explícitas más allá de su discurso anticorrupción, los ataques a las minorías y las propuestas extremas como la castración química de pedófilos.
En este sentido, El País alude a que «la estrategia comunicativa de Chega recuerda la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Ventura se despacha en exabruptos que después matiza, desestima o directamente contradice.
El racismo de André Ventura
La controversia respecto a la figura de André Ventura se debe a sus declaraciones racistas, como por ejemplo contra la etnia gitana: «Voy a ser muy directo, en Loures, donde existe una mayor multiculturalidad que en el resto de Portugal tenemos dos tipos de problemas: por un lado es que hay grupos que viven casi exclusivamente de las rentas del Estado, mientras que además viven por encima de las reglas de este mismo Estado de Derecho».
Ante ello, André Ventura, predispone la videovigilancia como medida para contener las pesadumbrosas condiciones de los barrios sociales. «La videovigilancia no va a resolver todo, pero va a ayudar. Esto que voy a decir puede no ser muy popular pero tenemos una excesiva tolerancia con algunos grupos de minorías étnicas», afirmaba.
«No entiendo que haya personas a la espera de la rehabilitación de sus casas, mientras familias, por ser de etnia gitana, tienen siempre la casa arreglada. Y no hace falta hablar de las ocupaciones ilegales… Quien tiene que trabajar todos los días para pagar las cuentas al final de mes considera esto con una enorme perplejidad», explicó Ventura, ya que considera que «la verdadera discriminación es permitir que algunos no cumplan la ley en detrimento de aquellos que si cumplen las reglas del Estado de Derecho», continuó.
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