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El presidente y sus hijos animaron a los pequeños inversores a meter dinero en negocios vinculados a la familia mientras los gestores de su fortuna trasladaban buena parte de los beneficios hacia activos tradicionales y menos arriesgados
Donald Trump lleva años presentándose como el gran mesías de las criptomonedas. Promete convertir Estados Unidos en la “capital cripto del mundo”, habla de los activos digitales como la nueva frontera de las finanzas y deja que sus hijos recorran platós y congresos anunciando una riqueza casi inevitable para quien se suba al tren. El futuro, decían, estaba ahí. Lo curioso es que, cuando el dinero empezó a entrar de verdad en las cuentas familiares, los gestores de la fortuna de Trump no corrieron precisamente a comprar más sueños digitales. Corrieron hacia las acciones y los bonos. Hacia lo de siempre. Hacia lo seguro.
Las declaraciones financieras presentadas por el presidente ante la Oficina de Ética Gubernamental de Estados Unidos muestran una hipocresía difícil de maquillar. Mientras Trump y sus dos hijos mayores animaban a los inversores a volcar su dinero en proyectos cripto vinculados a la familia —proyectos que terminaron provocando fuertes pérdidas entre los compradores minoristas—, sus propios gestores colocaban una parte considerable de los ingresos en refugios mucho menos volátiles. La revolución financiera era para los demás. Su patrimonio, por supuesto, merecía otra clase de cuidados.
Más de 1.400 millones gracias a la maquinaria cripto de los Trump
Trump recibió durante 2025 más de 1.400 millones de dólares procedentes de los negocios cripto de su familia, entre ellos World Liberty Financial y la memecoin de Trump, según sus últimas declaraciones financieras. No fue una inversión marginal ni un capricho tecnológico. Las criptomonedas se convirtieron en una gigantesca máquina de ingresos construida alrededor del apellido presidencial, su poder político y una promoción constante dirigida a millones de potenciales compradores.
El dinero cripto entraba a chorros y, al mismo tiempo, la cartera tradicional de Trump crecía de manera obscena. El análisis realizado por Reuters sobre sus inversiones durante los dos últimos años revela que sus posiciones en acciones y bonos se multiplicaron al menos por cuatro. A finales de 2025, Trump poseía entre 703 millones y 2.600 millones de dólares en estos instrumentos financieros, frente a los entre 225 millones y 608 millones declarados al terminar 2024. Criptomonedas para hacer caja. Acciones y bonos para conservarla.
Hay un límite importante en la documentación: las declaraciones ofrecen horquillas, no cantidades exactas, y Reuters no pudo determinar qué parte concreta de los ingresos obtenidos mediante las criptomonedas fue trasladada a activos menos arriesgados. Conviene decirlo. Pero ese vacío no borra la fotografía general ni convierte la contradicción en una casualidad. Mientras los ingresos cripto inundaban el entramado empresarial familiar, la riqueza tradicional del presidente se disparaba. Y se disparaba mucho.
“Ganar dinero rápido” y guardar los beneficios lejos del incendio
Nueve especialistas en activos digitales revisaron el análisis de Reuters y llegaron a una conclusión demoledora: la actividad económica personal de Trump no parece la de un hombre que confíe en las criptomonedas como principal depósito de su riqueza. Conservó activos digitales, desde luego, pero su comportamiento financiero muestra que prefirió proteger una parte sustancial del dinero en instrumentos convencionales. Ni siquiera declaró haber comprado acciones de dos empresas cripto cotizadas y respaldadas por sus hijos Eric Trump y Donald Trump Jr.
Timothy Massad, director del Digital Assets Policy Project de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard y expresidente de la Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas, puso palabras bastante precisas a la maniobra. Aunque Trump presenta los activos digitales como el futuro de las finanzas, sus declaraciones sugieren que su estrategia personal consiste en ganar dinero rápidamente mediante la venta de su memecoin y de los tokens de World Liberty para después invertir los beneficios en acciones y bonos.
No hace falta adornarlo demasiado. Trump utiliza la fiebre cripto como una máquina de extracción y luego trata el dinero obtenido con la prudencia de un banquero suizo. A sus seguidores les vende vértigo, propaganda y promesas de enriquecimiento. Para él reserva la diversificación, la liquidez y el balance conservador. El riesgo siempre cae hacia abajo. Las ganancias, qué casualidad, siempre encuentran el camino de vuelta a la familia.
Los inversores perdieron 2.300 millones de dólares
El contraste resulta todavía más repugnante cuando se observa qué ocurrió al otro lado del negocio. Una investigación publicada por Reuters en junio concluyó que los pequeños inversores en los cuatro principales proyectos cripto respaldados por Trump habían perdido 2.300 millones de dólares hasta abril. Mientras miles de compradores veían evaporarse su dinero, la familia presidencial ingresaba cantidades astronómicas y trasladaba una parte de su fortuna hacia activos mucho más estables.
Ese es el modelo. El apellido Trump sirve de reclamo. La Presidencia aporta una visibilidad mundial imposible de comprar. Los hijos promocionan los productos y prometen un futuro dorado. Los inversores ponen el capital y asumen el golpe cuando el precio se desploma. La familia cobra. Después, el dinero abandona el casino y entra en una cartera gestionada por profesionales. No es precisamente la democratización de las finanzas que prometían. Es la vieja concentración de riqueza disfrazada con palabras como token, blockchain y libertad.
Trump aún conserva una enorme exposición a las criptomonedas
Nada de esto significa que Trump haya abandonado por completo los activos digitales. Sus declaraciones muestran que continúa conservando una cantidad gigantesca de tokens emitidos por World Liberty Financial, compañía que cofundó junto a sus hijos, y que durante 2025 aumentó su exposición general a las criptomonedas. A finales de ese año poseía 15.750 millones de tokens de gobernanza de World Liberty, valorados en más de 50 millones de dólares. Los recibió a cambio de su participación en la empresa y, como cofundador, está sujeto a un calendario de desbloqueo más largo que el impuesto al público general para vender esas participaciones.
Las empresas encargadas de gestionar los intereses de Trump en World Liberty Financial y en su memecoin tenían al menos 160 millones de dólares en bitcoin y ether, además de hasta seis millones en otros tokens, al cierre de 2025. El salto también fue considerable: a finales de 2024, Trump había declarado entre uno y cinco millones de dólares en ether. Sigue metido en el negocio. La diferencia es que no deposita ahí toda su confianza ni, mucho menos, toda su fortuna.
No hay contradicción entre mantener activos cripto y diversificar una cartera multimillonaria. Eso sería perfectamente normal en cualquier gran patrimonio. La obscenidad aparece cuando quien diversifica discretamente su riqueza utiliza al mismo tiempo la Presidencia, su apellido y a sus hijos para promocionar ante el público unos productos cuyo riesgo él mismo parece no estar dispuesto a asumir en la misma proporción. Trump no solo juega en el mercado. También ocupa el despacho desde el que se cambian sus reglas.
La Organización Trump presume de un “balance conservador”
La respuesta de la empresa familiar fue casi una confesión involuntaria. Un portavoz aseguró que la declaración financiera demuestra que la Organización Trump conserva una posición sólida, respaldada por activos de primer nivel, una liquidez considerable y un “balance conservador”. Conservador. Esa es la palabra elegida por la misma familia que vende las criptomonedas como una revolución destinada a enterrar las viejas finanzas.
El portavoz no explicó por qué los ingresos procedentes de las criptomonedas terminaron invertidos en instrumentos tradicionales como acciones y bonos. La Casa Blanca se limitó a señalar que los activos del presidente se encuentran en cuentas plenamente discrecionales gestionadas por instituciones financieras independientes. Es la excusa habitual: Trump no toca nada, Trump no sabe nada, Trump no decide nada. Sin embargo, sus hijos supervisan el fideicomiso que administra su dinero y son, precisamente, dos de los principales vendedores públicos de los negocios cripto vinculados a la familia.
David Wachsman, portavoz de World Liberty, sostuvo que la compañía fue construida pensando en el largo plazo y que el futuro de los servicios financieros se diseñará mediante tecnología de activos digitales. Puede ser. Lo que ya sabemos es que el futuro personal de Trump no depende únicamente de esa tecnología. Para eso están los bonos, las acciones y los gestores independientes. La fe absoluta queda reservada para los discursos promocionales.
Eric Trump promete un bitcoin a un millón de dólares
Desde noviembre de 2024, Eric Trump, responsable de la Organización Trump, ha repetido en entrevistas y conferencias que el bitcoin es “el mayor activo” de la era moderna y que alcanzará un precio de un millón de dólares. En el momento recogido por Reuters cotizaba alrededor de los 64.000 dólares. Eric también aseguró el año pasado que su padre creía “enormemente” en los activos digitales. Ni él ni Donald Trump Jr. respondieron a las preguntas de Reuters sobre las inversiones del presidente.
Creer, cree. Especialmente cuando los activos llevan su nombre, sus seguidores ponen el dinero y la familia cobra comisiones o ingresos millonarios. Pero cuando toca proteger el botín, la fe deja paso a una cartera convencional cuidadosamente administrada. Todo muy revolucionario hasta que llega el momento de guardar la caja.
Trump ha convertido la Presidencia en un escaparate comercial desde el que promocionar una industria beneficiada por sus propias decisiones políticas. Vende criptomonedas al público, obtiene más de 1.400 millones de dólares de los proyectos familiares y aumenta hasta cuatro veces su cartera de acciones y bonos. Los pequeños inversores pierden 2.300 millones. Él presume de liquidez y de un balance conservador. No es una contradicción accidental. Es la esencia del negocio: socializar el riesgo, privatizar el beneficio y llamar “libertad financiera” al saqueo.
Fuente original: https://www.reuters.com/legal/government/trump-invested-crypto-gains-stocks-bonds-filings-show-2026-07-13/
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