12 Jun 2026

Blog

El Niño ya ha empezado y llega sobre un planeta llevado al límite
DESTACADA, MEDIO AMBIENTE

El Niño ya ha empezado y llega sobre un planeta llevado al límite 

Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .

La NOAA confirma el inicio del fenómeno en el Pacífico ecuatorial y los modelos advierten de un posible “super El Niño” capaz de agravar el calor, las sequías, las inundaciones y la crisis alimentaria mundial.

Los científicos ya lo han confirmado: El Niño ha empezado oficialmente. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU., la NOAA, anunció que las condiciones propias de este fenómeno meteorológico natural ya se están registrando en el Pacífico ecuatorial. No es una nota más en la sección de ciencia. Es una advertencia. Y llega, como casi todo en esta época, sobre un planeta previamente calentado por décadas de combustibles fósiles, extractivismo, beneficios privados y gobiernos que siguen tratando la emergencia climática como si fuera una molestia administrativa.

El dato central es claro. Las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico central y tropical ya han superado el umbral de 0,5 ºC por encima de la media que usan las científicas y científicos estadounidenses para definir un episodio de El Niño. La NOAA también detectó cambios en los vientos sobre el Pacífico ecuatorial, una señal importante: la atmósfera está respondiendo al calentamiento del océano. No hablamos solo de agua más caliente. Hablamos de una maquinaria climática que empieza a moverse.

El anuncio, publicado el 11 de junio en una información firmada por Matt McGrath, Simon King y Mark Poynting para BBC News, no pilla por sorpresa a las y los meteorólogos. La fase de calentamiento se esperaba después de que a principios de año terminara La Niña, el patrón considerado “hermano” de El Niño y asociado a condiciones más frías. Pero una cosa es preverlo y otra mirar los modelos actuales. Ahí está el golpe.

UN FENÓMENO NATURAL SOBRE UN DESASTRE FABRICADO

Muchas previsiones apuntan a que este episodio podría convertirse en un llamado “super El Niño”. Incluso podría situarse entre los más intensos desde que hay registros comparables. La propia NOAA señaló en su previsión de junio que existe un 63 % de probabilidades de que se produzca un episodio de El Niño muy fuerte entre noviembre y enero, lo que lo colocaría entre los más potentes registrados desde 1950.

La intensidad de El Niño se mide a partir de la temperatura promedio de la superficie del mar en una zona clave del Pacífico. Un episodio fuerte se define cuando esa temperatura supera la media en más de 1,5 ºC. Uno muy fuerte, cuando la supera en más de 2 ºC. Algunos modelos recientes de Estados Unidos y Europa, incluido el ECMWF, van más lejos y apuntan a que el Pacífico tropical podría superar la media en más de 3 ºC a finales de año. Conviene leer esa cifra despacio. Tres grados en una región oceánica clave no son una anécdota. Son una palanca capaz de alterar lluvias, cosechas, incendios, precios y vidas.

La NOAA pide cautela. Hace bien. Incluso los episodios muy fuertes no producen siempre los mismos efectos en todas las zonas. Pero la cautela científica no debe convertirse en anestesia política. Los tres episodios más intensos desde 1950 fueron los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Ya sabemos lo suficiente como para no fingir sorpresa cuando llegue la factura.

La diferencia ahora es brutal. El Niño no llega a un planeta “normal”. Llega a un planeta ya alterado. El profesor Adam Scaife, responsable de predicciones de un mes a una década en la Oficina Meteorológica de Reino Unido, lo resumió sin adornos: el fenómeno actual se suma a un calentamiento global considerable. Eso significa que las temperaturas reales en las zonas afectadas pueden alcanzar niveles sin precedentes, porque el empujón de El Niño se monta sobre el cambio climático provocado por la actividad humana.

Un El Niño muy intenso suele elevar las temperaturas globales del aire alrededor de 0,2 ºC, al liberar hacia la atmósfera calor almacenado en el océano. Parece poco si se mira como una cifra aislada. No lo es. Ese añadido cae sobre una Tierra que ya bate récords. El año 2024 fue el más cálido registrado hasta la fecha, impulsado por un El Niño que ni siquiera fue especialmente intenso. Y 2025, pese al efecto enfriador de La Niña, se situó como el tercer año más caliente registrado, por encima incluso de 2016, marcado por un “súper El Niño”.

CUANDO EL CALOR SE CONVIERTE EN HAMBRE

La previsión más dura mira hacia 2027. Scaife advirtió de que a finales de este año y hasta 2027 podrían registrarse temperaturas muy elevadas a escala mundial. En 2027, señaló, es probable que se observe un exceso de calor añadido al calentamiento global ya existente, con capacidad para llevar fácilmente a otro año por encima de 1,5 ºC respecto a los niveles de finales del siglo XIX. Ese umbral no es una línea mágica, pero sí un símbolo de fracaso. Un fracaso político, económico y moral.

No hay dos episodios de El Niño iguales, pero sus efectos suelen golpear con más fuerza a las regiones tropicales. Las inundaciones son frecuentes en el norte de Perú y el sur de Ecuador, y pueden afectar también a África Oriental, Asia Central y el sur de Estados Unidos. A la vez, aumenta el riesgo de sequía e incendios forestales en gran parte de Australia, Indonesia y el norte de Sudamérica. Dicho de forma menos técnica: donde ya hay vulnerabilidad, puede haber más hambre; donde ya hay precariedad, puede haber más expulsión; donde ya hay agricultura al límite, puede haber más ruina.

La profesora Liz Stephens, especialista en riesgos climáticos y resiliencia en la Universidad de Reading, recordó otro efecto: El Niño tiende a inhibir la formación de huracanes en el Atlántico, y ya se prevé una temporada con menos actividad de lo habitual. Suena bien, hasta que se mira el reverso. Para Centroamérica, esa reducción puede traducirse en menos lluvias y más sequías. El clima no reparte sus golpes de forma neutral. Los pagan antes quienes menos han contaminado y quienes menos margen tienen para protegerse.

Reino Unido también puede notar los efectos, aunque de manera más leve: El Niño puede inclinar la balanza hacia un invierno que empiece suave y termine frío, aunque la relación no es directa. Mientras tanto, la Agencia Meteorológica de Japón coincide con la NOAA en que ya existen condiciones propias de El Niño y considera prácticamente seguro que el fenómeno se prolongue hasta otoño. La Oficina de Meteorología de Australia, con criterios más estrictos, exige que la temperatura de la superficie del mar supere en más de 0,8 ºC la media. Esta semana dijo que el Pacífico tropical se estaba “acercando” a condiciones de El Niño, con temperaturas en el Pacífico central ya por encima de sus umbrales, pero no declaró formalmente su inicio.

Mohamed Adow, director de Power Shift Africa, lo expresó desde el lugar donde estas noticias dejan de ser gráficos y se convierten en comida, deuda y supervivencia. La declaración de El Niño no es un simple pronóstico meteorológico: para millones de personas es una alarma. Puede significar lluvias insuficientes, cultivos perdidos, precios de alimentos más altos y familias empujadas otra vez al borde. En África Oriental, dijo, golpeará a comunidades ya castigadas por sequías e inundaciones en los últimos años.

El Niño aparece cada dos a siete años y suele durar aproximadamente un año. Todavía no hay pruebas concluyentes de que el cambio climático esté aumentando su frecuencia o intensificando directamente estos episodios. Pero sí hay una certeza incómoda: el calentamiento global agrava sus efectos. Y eso basta para señalar al verdadero elefante en la habitación. No es el océano. No es el viento. No es una anomalía natural que aparece de la nada. Es un sistema económico que ha convertido la atmósfera en vertedero y luego llama “adaptación” a que las mayorías aprendan a sobrevivir peor.

El Niño ya está aquí; lo obsceno es que quienes encendieron el planeta sigan vendiendo gasolina mientras reparten consejos sobre resiliencia.

Este periodismo no lo financian bancos ni partidos

Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.

Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.

Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.

Related posts

Deja una respuesta

Required fields are marked *