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La salida de Àngels Barceló de la SER y el paso al lado de Carlos Alsina en Onda Cero abren una temporada 2026-27 marcada por mucho más que simples cambios de presentadores.
LA SER PIERDE A BARCELÓ Y ABRE UNA BATALLA POR EL RELATO
La radio española está viviendo una sacudida de las grandes. No una de esas operaciones de maquillaje que las empresas venden como renovación amable, sino un movimiento profundo en el tablero de las mañanas, donde se reparten audiencia, poder, influencia y marco político. Porque aquí no hablamos solo de voces. Hablamos de quién cuenta el país cada mañana. De quién decide qué se subraya, qué se enfría, qué se normaliza y qué se convierte en escándalo.
El golpe principal lo ha provocado la salida de Àngels Barceló de la Cadena SER. La periodista catalana dejará la emisora el 31 de agosto, después de 21 años vinculada a la casa y tras haber pasado por programas centrales como A vivir que son dos días, Hora 25 y Hoy por hoy, donde estaba desde 2019. No es un cambio menor. Es la salida de la directora del programa radiofónico más escuchado del Estado, con 3.200.000 oyentes según el último EGM publicado a mediados de abril. Una cifra así no se mueve sin consecuencias.
La versión oficial habla de una decisión de no renovar. La realidad, como casi siempre en los grandes medios, parece bastante menos limpia. En los días previos ya había trascendido tensión entre Barceló y la cúpula de la empresa. Luego llegó su intervención del 25 de mayo en antena, con ese “solo puedo decir gracias” dirigido a oyentes, redacciones y delegaciones. Una despedida contenida. Cuidada. Pero también muy reveladora. A veces, en la radio, el silencio pesa más que el editorial.
La SER queda ahora ante una decisión de enorme calado. No solo tiene que sustituir a una presentadora. Tiene que decidir qué quiere ser en la temporada 2026-27. Los nombres que suenan pertenecen a la propia casa: José Luis Sastre, subdirector de Hoy por hoy y presentador de El juicio en TVE; Mara Torres, al frente de El Faro; y Aimar Bretos, director de Hora 25 y rostro reciente también en televisión con La noche de Aimar en La Sexta. Tres perfiles distintos para una misma pregunta incómoda: si cambia la voz, cambia también la orientación del programa.
Y esa es la clave. La radio matinal no es una simple compañía para quienes van al trabajo. Es una fábrica diaria de sentido común. Ahí se jerarquiza la actualidad. Ahí se decide si una crisis de vivienda es una emergencia social o un problema de “oferta”. Si una protesta es democracia viva o ruido callejero. Si la guerra se cuenta con víctimas o con mapas. Si la política se analiza desde abajo o desde los despachos. Quien controla la mañana controla una parte del clima mental del país.
ONDA CERO REORDENA SUS MAÑANAS Y CATALUNYA AGUANTA EL PULSO
Mientras la SER lidia con la marcha de Barceló, Onda Cero también ha decidido mover piezas. Carlos Alsina dejará desde septiembre el primer tramo informativo y de opinión de Más de uno para quedarse con la segunda parte, más centrada en el magacín. Él mismo lo explicó sin rodeos: pasar de conducir todo el programa a conducir solo el segundo tramo es una “relegación profesional”. Después añadió el matiz: autorrelegación. La palabra es curiosa. Casi quirúrgica. Sirve para admitir el descenso sin presentar batalla.
Alsina ha negado que se trate de un castigo, una imposición o un apartamiento. También ha descartado así las quinielas que lo situaban en la SER tras la salida de Barceló. Pero el resultado práctico es claro: menos Alsina en el tramo más duro de la mañana y más peso para Rafa Latorre, que asumirá el arranque informativo de Más de uno. Latorre deja La brújula, y ese espacio de tarde pasará a manos de Marta García Aller. Una reestructuración completa. Ordenada en apariencia. Política en el fondo.
El dato que explica mejor el desgaste es el propio recorrido de Alsina: desde el estreno de Más de uno en 2015, primero junto a Juan Ramón Lucas, y 33 años al frente de un programa diario de información y opinión. El 13 de marzo comunicó al director general de Onda Cero su intención inicial de retirarse. Finalmente no se va, pero se desplaza. No desaparece, pero cambia de lugar. Y en radio eso importa. Mucho.
Aquí conviene no hacerse los ingenuos. Los grandes grupos mediáticos no reorganizan sus mañanas solo por cansancio personal o por cambios de ciclo. También leen el ambiente político, el mercado publicitario, las presiones empresariales, la competencia por la audiencia y la necesidad de seducir a públicos cada vez más fragmentados. La palabra “renovación” suele sonar bonita. Pero muchas veces quiere decir otra cosa: ajuste ideológico, reposicionamiento comercial, búsqueda de un tono más útil para quien manda.
La radio española llega así a la temporada 2026-27 con dos terremotos simultáneos: la SER buscando sustituto para el programa líder y Onda Cero moviendo a Alsina al segundo tramo. Mientras tanto, en Catalunya, el mapa parece más estable. Jordi Basté mantiene el dominio de las mañanas con El món a RAC 1, seguido por Ricard Ustrell en El matí de Catalunya Ràdio. Allí, de momento, no hay una sacudida equivalente. Pero nadie debería confundir calma con inmovilidad.
La cuestión de fondo no es si una emisora gana o pierde una estrella. Eso es la superficie. La cuestión real es qué tipo de radio quieren construir los grandes operadores en un momento político cargado, crispado, desigual y profundamente mediático. Si van a reforzar el periodismo incómodo o a suavizarlo hasta convertirlo en decoración. Si van a incomodar al poder o a administrarle el desayuno.
Porque las ondas no son neutrales. Nunca lo fueron. Cada mañana, antes incluso de que muchas y muchos abran el periódico, alguien ya les ha explicado qué país deben creer que habitan.
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