03 Mar 2026

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¿Libertad? ¿Paz? No: petróleo, gas y uranio
DESTACADA, INTERNACIONAL

¿Libertad? ¿Paz? No: petróleo, gas y uranio 

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Washington no bombardea por democracia, sino por el control de los recursos en plena ansiedad por el declive del fracking

Miles de personas salieron a las calles de Nueva York contra los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán durante estos días. No protestaban por un debate abstracto. Protestaban porque saben que cuando Washington habla de libertad, suele estar hablando de otra cosa. Y esa otra cosa tiene nombre: crudo, gas y uranio.

El asesinato del ayatolá Alí Jameneí y los bombardeos coordinados con Israel no son el prólogo de ninguna transición democrática. Son el enésimo capítulo de una guerra por los recursos en un planeta exhausto. La Casa Blanca no actúa por altruismo, sino por cálculo geopolítico en un momento en que su modelo energético empieza a mostrar grietas.

EL BOTÍN ENERGÉTICO: PETRÓLEO, GAS Y EL CUELLO DE ORMUZ

Irán no es un actor marginal. Según el Statistical Review of World Energy del Instituto de Energía, produjo el 5,2% del petróleo mundial. Fue el quinto mayor productor, por detrás de Estados Unidos (15,9%), Rusia (12,3%), Arabia Saudí (11,1%) y Canadá (6,2%). En gas natural, ocupa el cuarto lugar con un 5,1% en 2024, solo superado por Estados Unidos (49,2%), Arabia Saudí (11,7%) y Canadá (5,3%).

No hablamos de cifras menores. Hablamos de un país que, además, controla el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio mundial de hidrocarburos. Quien condiciona Ormuz condiciona el precio global de la energía.

Las sanciones estadounidenses han forzado descuentos crecientes al crudo iraní. Un análisis del Real Instituto Elcano señalaba que en enero de 2026 esos descuentos alcanzaron los 9 dólares por barril, en exportaciones mayoritariamente destinadas a China. Castigar a Teherán no solo reduce sus ingresos. También presiona a Pekín.

Luis González, portavoz de Ecologistas en Acción, lo resume sin eufemismos: detrás del ataque están las reservas de petróleo y gas. Antonio Turiel, investigador del CSIC, matiza que Irán no es una potencia gasística exportadora por falta de infraestructuras, pero subraya algo más relevante: Estados Unidos necesita asegurarse acceso privilegiado al petróleo en un contexto de declive interno.

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, la ofensiva por los recursos no se ha detenido. Groenlandia por sus minerales estratégicos. Venezuela por su petróleo, coltán y oro. Ahora Irán. La lógica es coherente dentro de su brutalidad: acaparar lo que queda y bloquear el acceso a competidores.

EL DECLIVE DEL FRACKING Y LA COARTADA NUCLEAR

Durante décadas, la apuesta energética estadounidense fue el fracking. Perforaciones profundas, fractura hidráulica y extracción intensiva de shale. Pero los pozos no son eternos. La Administración de Información Energética de Estados Unidos prevé para 2026 una producción media de 13,5 millones de barriles diarios, 100.000 menos que en 2025. Puede parecer una caída moderada. No lo es en un sistema que necesita crecer de forma constante.

La firma Goehring & Rozencwajg ya advertía en agosto de 2025 que la industria podría estar acercándose a su “crepúsculo”. Turiel es aún más claro: los pozos de fracking entrarán en declive. Y cuando la producción interna flaquea, el imperialismo se vuelve más agresivo.

En ese tablero, China es el adversario principal. Un país deficitario en hidrocarburos, altamente dependiente de importaciones. Controlar el flujo energético no solo garantiza abastecimiento propio. Permite asfixiar a la competencia.

La otra coartada es el programa nuclear iraní. Irán inició su programa en los años cincuenta y es, junto a Emiratos Árabes Unidos, el único país de Oriente Próximo con generación nuclear civil. Según el Instituto de Energía, representa apenas el 0,6% de la producción mundial.

El Organismo Internacional de la Energía Atómica informó en mayo de 2025 de que Irán acumulaba uranio enriquecido al 60%, un nivel cercano al necesario para armas. Pero el mismo informe subrayaba que no había indicios creíbles de un programa nuclear estructurado no declarado. Es decir, preocupación sí. Prueba concluyente de armamento, no.

En junio de 2025, ataques previos dañaron instalaciones en Natanz e Isfahán. El OIEA confirmó que no hubo accidentes radiológicos. La narrativa de la amenaza nuclear sirve para legitimar la ofensiva, pero el patrón es conocido: se invoca el peligro inminente, se ejecuta la acción militar y después se gestionan las consecuencias.

Mientras tanto, las y los trabajadores iraníes pagan el precio. Las y los civiles viven bajo la amenaza constante de una escalada. Las y los jóvenes son convertidos en carne de cañón para una guerra que no decidieron.

No es una cruzada por la democracia. Es una carrera por el control de los recursos en un mundo que entra en su fase de escasez estructural. Cuando el crecimiento ilimitado choca con los límites físicos del planeta, el capitalismo responde con misiles.

No hay nada heroico en bombardear un país para asegurar el suministro energético propio. Hay cálculo, miedo al declive y voluntad de dominación. Y en esa ecuación, la paz nunca ha sido la prioridad.

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