Mientras Occidente debate, China despliega infraestructuras que guardan energía, estabilizan la red y reducen emisiones.
El 20 de enero, China activó Jiayuguan NingSheng, el primer sistema del mundo que combina baterías de litio y supercondensadores a escala de gigavatio-hora. No es una nota técnica ni un anuncio de laboratorio. Es una instalación real, conectada a red, operativa, que resuelve de una vez dos problemas que el discurso neoliberal lleva años usando como coartada para frenar las renovables: la intermitencia y la estabilidad del sistema eléctrico. Aquí no hay promesas. Hay megavatios.
Ubicado en Jiayuguan, en la provincia de Gansu, en pleno desierto del Gobi, el proyecto se levantó en 15 meses. Quince meses para poner en marcha 500 MW de potencia y 1.000 MWh de almacenamiento. Mientras tanto, en Europa se eternizan licencias, se protegen oligopolios y se alimenta el mito de que “no se puede”. Sí se puede. Y se ha hecho.
CUANDO LA TECNOLOGÍA SIRVE AL SISTEMA Y NO AL MERCADO
El corazón del proyecto es una arquitectura híbrida pensada para un sistema eléctrico moderno, no para el balance trimestral de un fondo. 475 MW proceden de baterías LFP (fosfato de hierro y litio) capaces de sostener dos horas completas de suministro. A eso se suman 25 MW en supercondensadores con descarga en 60 segundos, diseñados para responder casi en tiempo real a caídas de tensión o fluctuaciones de frecuencia.
Duración y velocidad. Respaldo y reflejos. Esa es la clave que tantos informes occidentales repiten sin ejecutar. El resultado es un sistema que actúa como reserva prolongada y como estabilizador inmediato. En términos técnicos, regulación primaria y secundaria, inercia sintética y equilibrio de picos. En términos políticos, menos dependencia de carbón, menos chantaje fósil y más soberanía energética.
El sistema está conectado a la red china y alimenta directamente la central solar de Jiaxi mediante una línea de 330 kV. No es un piloto, no es un “sandbox”, no es una maqueta para congresos. Es infraestructura crítica. Y además, diseñada para resistir temperaturas entre −40 °C y 60 °C, con refrigeración líquida, protección frente a arena y polvo, y estructuras reforzadas. La excusa del clima extremo también cae.
ESTABILIZAR LA RED ES DESPOLITIZAR LA EXCUSA
Durante años se ha repetido que las renovables “ponen en riesgo la red”. Falso. Lo que pone en riesgo la red es no invertir en almacenamiento, no planificar y subordinar la energía al beneficio privado. Jiayuguan NingSheng demuestra que el almacenamiento no es un problema técnico, sino una decisión política.
El sistema puede almacenar hasta 1 GWh por ciclo y operar con 500 MW de carga y descarga por hora. Participa en mercados eléctricos y servicios auxiliares: arbitraje (comprar en valle, vender en pico), regulación de frecuencia y estabilización. Rentabilidad sin depredación, eficiencia sin recortes sociales. Porque cuando la energía es infraestructura, el beneficio es colectivo.
El impacto ambiental también es medible y conviene subrayarlo: cerca de 200.000 toneladas anuales de CO₂ evitadas y una reducción significativa del consumo de carbón. No es retórica verde. Son cifras. En línea con lo que ya señalaba la Agencia Internacional de la Energía en su informe Energy Storage (IEA, 2023), donde se advertía que sin almacenamiento a gran escala no hay integración masiva de renovables. China no lo citó para adornar un PowerPoint. Lo construyó.
Además, el sistema convierte la sobreproducción en oportunidad. Cuando hay demasiado sol o viento, se almacena. Cuando la demanda sube, se libera. Se acaba el desperdicio y se acelera la descarbonización. Exactamente lo contrario de lo que hacen los mercados desregulados que prefieren verter energía antes que tocar márgenes.
Este proyecto no es neutral. Desmiente a quienes piden más gas “de transición”, a quienes alargan nucleares sin debate social, y a quienes siguen subvencionando fósiles mientras señalan a las renovables como problema. La flexibilidad es el nuevo estándar, y China acaba de fijarlo con acero, cables y algoritmos, no con editoriales.
Mientras aquí se discute si “llega”, allí ya funciona. Y cada megavatio estabilizado es una prueba incómoda para un modelo que necesita excusas para no cambiar.
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