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La fortuna de Musk depende de un culto financiero que está empezando a tambalearse
El imperio empresarial de Elon Musk parece estar resquebrajándose. En solo seis semanas, las acciones de Tesla se han desplomado cerca de un 40%, eliminando prácticamente todas las ganancias obtenidas tras las elecciones de 2024. El descenso revela una verdad incómoda: la riqueza de Musk no está respaldada por un éxito empresarial real, sino por un culto financiero que ha permitido a Musk acumular poder político y económico mediante la manipulación de expectativas y el fervor irracional de sus seguidores-inversores.
Comparar a Musk con figuras como Steve Jobs, Bill Gates o Jeff Bezos resulta tentador, pero engañoso. Mientras que estos empresarios construyeron gigantes tecnológicos con productos y servicios sólidos, Musk ha edificado su fortuna sobre una base mucho más frágil. Como señala el artículo de The New York Times, «es probable que la perspicacia empresarial de Musk y su gusto por la política estén resultando ser su perdición.» En lugar de consolidar el éxito de Tesla con una estructura operativa sólida y una estrategia de sucesión clara, Musk ha optado por un camino mucho más arriesgado: lanzarse a proyectos descabellados como implantes cerebrales y cápsulas de transporte subterráneas, confiando en que la lealtad ciega de sus seguidores le permita seguir obteniendo capital sin límites.
El caso de Tesla es revelador. La empresa automovilística, fundada hace más de dos décadas, aún no ha conseguido generar un flujo de caja libre significativo. La caída de las ganancias en 2024 y la creciente dependencia de los recortes de precios para mantener las ventas reflejan una situación insostenible a largo plazo. Los ingresos de Tesla en el cuarto trimestre de 2024 cayeron un 8% respecto al año anterior. La reacción política contra Musk también está afectando a las ventas de Tesla, tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Musk ha respondido con el mismo patrón de siempre: sugiriendo que Tesla es una empresa de inteligencia artificial para avivar el entusiasmo de los inversores.
EL CICLO DE MUSK: ENTRE LA FANATIZACIÓN Y EL COLAPSO
El modelo de negocio de Musk sigue una lógica sencilla, pero peligrosa:
- Lanza una idea ambiciosa y extravagante (colonizar Marte, transporte por túneles a alta velocidad, coches eléctricos autónomos).
- Posiciónate como el genio absoluto detrás de la idea para capitalizar personalmente el entusiasmo de los inversores.
- Usa las redes sociales para reforzar tu estatus de ícono y desacreditar a los críticos.
- Alimenta el ciclo: los inversores acuden en masa, las valoraciones suben, la riqueza personal crece y las ideas se vuelven aún más extravagantes.
Este ciclo, que ha elevado a Musk al estatus de hombre más rico del mundo, ahora está mostrando sus límites. Los proyectos paralelos de Musk están en serias dificultades: SolarCity, la empresa solar dirigida por su primo, tuvo que ser rescatada mediante una controvertida adquisición por parte de Tesla y desde entonces ha permanecido estancada. The Boring Company, que prometía revolucionar el transporte mediante túneles de alta velocidad, ha recaudado cerca de mil millones de dólares, pero todavía carece de ingresos o perspectivas claras de rentabilidad. Neuralink, la empresa de implantes cerebrales de Musk, está aún más lejos de generar beneficios.
Pero el fracaso más evidente es X, la antigua Twitter. Musk gastó 44.000 millones de dólares para adquirirla, solo para convertirla en una sombra de lo que fue, tanto económica como culturalmente. SpaceX, quizás la empresa más sólida del imperio de Musk, ha tardado más de dos décadas en generar unos ingresos anuales de 12.000 millones de dólares, la mayoría provenientes de Starlink, pero su rentabilidad sigue siendo incierta.
La estrategia política de Musk también está empezando a volverse en su contra. En lugar de jugar un papel discreto en la política, Musk ha asumido un rol de poder visible, alineándose abiertamente con Donald Trump y utilizando su influencia económica para promover una agenda política favorable a sus negocios. Como señala el artículo de The New York Times, este es el último paso del ciclo: «Si Musk hubiera jugado bien, su imperio podría haber sido inexpugnable.» Pero Musk ha preferido buscar poder político en lugar de consolidar su imperio empresarial, y ahora las grietas están apareciendo.
El paralelismo entre Musk y Trump es evidente. Ambos han construido sus fortunas mediante la manipulación de los mercados financieros y la fanatización de una base de seguidores incondicionales. Pero la diferencia es que mientras el mercado inmobiliario de Trump tiene límites claros, el ciclo de Musk depende de un constante flujo de inversión y expectativas crecientes. Ahora que las acciones de Tesla están cayendo y la rentabilidad de sus otras empresas está en entredicho, el ciclo podría romperse definitivamente.
Los mercados financieros, que durante años fueron el motor del éxito de Musk, ahora amenazan con convertirse en su perdición. La subida de los tipos de interés, la inflación y el desgaste político están erosionando el blindaje que Musk construyó a base de fanatismo e inversiones desmedidas. Si los mercados financieros pueden fabricar riqueza y poder, con la misma facilidad pueden desmantelar ambos. Musk ha jugado al límite durante demasiado tiempo. El golpe puede estar a punto de llegar.
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