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La eliminación de programas esenciales de VIH o tuberculosis agravan la crisis sanitaria en pleno brote de sarampión
El gobierno de Javier Milei ha lanzado un ataque directo y brutal contra la sanidad pública argentina. El desmantelamiento de programas esenciales para el control del VIH, la tuberculosis y el sarampión ha desencadenado una ola de renuncias colectivas entre los profesionales sanitarios del Ministerio de Salud. El cierre del Instituto Nacional del Cáncer y la retirada de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) agravan aún más el colapso sanitario. Milei, en su cruzada por destruir el Estado, ha puesto en peligro la salud de millones de argentinas y argentinos.
DESMANTELAMIENTO DEL SISTEMA DE VACUNAS Y SALUD PÚBLICA
La crisis estalló cuando el Ministerio de Salud, dirigido por Mario Lugones, despidió a profesionales clave de la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (DiCEI), el organismo encargado de garantizar la calidad y distribución de las vacunas en todo el país. De los 46 profesionales que conformaban el equipo, 14 fueron despedidos y otros tantos renunciaron por considerar insostenible continuar trabajando en un contexto de desmantelamiento estructural.
Dos de las despedidas eran expertas clave en sarampión y hepatitis A, piezas fundamentales en la detección y control de brotes. La decisión llegó en el peor momento posible: Argentina atraviesa un brote de sarampión, con ocho casos confirmados en febrero, tras casi cinco años sin registros de la enfermedad.
“Cuando ya estaba declarado el brote de sarampión, se echó a una de las referentes y la otra especialista renunció porque no estaban dadas las condiciones para responder al brote”, explica José Barletta, infectólogo y uno de los renunciantes.
En la dirección de vacunas, el 85% de los profesionales fueron despedidos o renunciaron. En la dirección de VIH, tuberculosis y hepatitis, la situación es igual de dramática: de los ocho médicos que formaban parte del equipo en diciembre de 2024, seis fueron despedidos o renunciaron en los meses siguientes. Hoy solo queda un infectólogo realizando auditoría de medicamentos y una infectóloga pediatra. El 75% del personal desapareció en cuestión de semanas.
La renuncia masiva de profesionales fue acompañada por un comunicado en el que denunciaron la política sanitaria del gobierno:
«Nuestra renuncia es un acto de ética médica, de responsabilidad cívica y profesional, y una advertencia urgente. La salud pública no es un gasto: es una inversión en la vida y el bienestar de toda la sociedad.”
La respuesta del ministro Lugones fue negarlo todo. “Esto es falso”, declaró en redes sociales, acusando a los profesionales de dimitir por motivos políticos. Sin embargo, los números hablan por sí solos: en la dirección de vacunas solo quedan dos profesionales de los trece iniciales, y en VIH y hepatitis, solo quedan dos de ocho. No es política; es desmantelamiento.
RECORTES BRUTALES Y EL CIERRE DEL INSTITUTO NACIONAL DEL CÁNCER
El desguace no se limita a la atención médica primaria. Como parte de su ofensiva neoliberal, Milei ha ordenado el cierre del Instituto Nacional del Cáncer (INC), un organismo creado en 2010 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El INC ha sido un pilar en la prevención, detección temprana y tratamiento del cáncer, la segunda causa de muerte en Argentina.
El exdirector del INC, Daniel Gómez, fue claro en su denuncia:
«Se nos presenta como una simple reorganización administrativa, pero no nos engañemos: esto es un retroceso en la lucha contra el cáncer en Argentina. El INC no es una mera oficina burocrática. Es el corazón de la política oncológica en el país.»
La estrategia del gobierno es evidente: convertir el INC en una dirección dependiente del Ministerio de Salud, con menos presupuesto y menos capacidad operativa. No es una reorganización; es un desmantelamiento calculado.
El ajuste presupuestario es devastador. Según el informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el presupuesto en salud para 2024 se redujo en un 40%, con recortes específicos del 92% en el Programa de Respuesta Integral al VIH, infecciones de transmisión sexual, hepatitis, tuberculosis y lepra. Además, los fondos para la prevención y control de enfermedades transmisibles e inmunoprevenibles se redujeron en un 45% y un 54% respectivamente.
El gobierno de Milei ha optado por seguir la línea de Donald Trump, retirándose de la OMS. La decisión refleja una política sanitaria negacionista y ultraliberal, en la que las necesidades básicas de la población son sacrificadas en nombre del «ajuste» y el «libre mercado».
El resultado ya está a la vista: el sarampión, erradicado en Argentina desde 2020, ha regresado con fuerza. La falta de personal especializado, combinada con la creciente ola de desinformación sobre las vacunas, ha provocado una caída en las tasas de inmunización y el retorno de enfermedades que parecían cosa del pasado.
La salud pública está siendo destruida desde dentro. Mientras Milei inaugura el año legislativo con la promesa de acabar con el Estado, las consecuencias de su «motosierra» ya se sienten en los hospitales, las unidades de vacunación y las salas de emergencia. La salud pública no es un gasto: es un derecho que Milei está dinamitando a golpe de ideología ultraliberal.
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