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El último informe de Nature Climate Change ha hablado. Claro y alto. Y lo que dice es devastador. La Antártida Occidental, esa que tantas veces hemos visto retratada en impresionantes imágenes satelitales, ya tiene su fecha de caducidad. «Inevitable» es la palabra que ha resonado con más fuerza en el ámbito científico. El deshielo de esta región es un hecho inapelable, un verdadero puñetazo en el estómago de la esperanza climática.
Pero, ¿cómo hemos llegado a este punto de no retorno? La respuesta es, lamentablemente, sencilla: nuestra continua y desmedida contaminación por carbono. Por mucho que ahora se intente reducir, el daño ya está hecho. Las investigaciones de la revista Nature Climate Change ya han puesto los puntos sobre las íes. «La trayectoria de calentamiento de la Antártida Occidental ya es irreversible según los distintos pronósticos de emisiones», tal y como señala el estudio.
Y es que el ojo clínico ha estado en el mar de Amundsen, ese espacio crucial que, hasta ahora, ha funcionado como cortafuegos contra el deslizamiento glacial hacia el mar. Ahora, ese mismo ojo revela una realidad aterradora sobre los futuros escenarios según las temperaturas globales. ¿Objetivos del Acuerdo de París? Se quedan cortos, a la luz de los datos. Los números no mienten: si el mundo ya ha registrado un calentamiento de 1,2 °C desde la Revolución Industrial, con el rumbo actual nos espera una cifra de 3 °C o más.
ENTRE EL PESIMISMO Y EL LLAMADO A LA ACCIÓN
Dirigida por Kaitlin Naughten del British Antarctic Survey, la investigación deja en evidencia que el océano en el mar de Amundsen está calentándose a un ritmo tres veces superior al histórico. Pero no todas las voces científicas suscriben este apocalíptico panorama. El Dr. Tiago Segabinazzi Dotto, investigador del National Oceanography Centre, sostiene que «Es probable que hayamos superado un punto de inflexión para evitar la inestabilidad del casquete glaciar de la Antártida Occidental». Pero insiste en que se deben tomar con cautela conclusiones basadas en un único modelo.
Por su parte, el Dr. Andrew Shepherd, jefe del departamento de geografía y medio ambiente de Northumbria, cataloga de «pesimista» el tono general del estudio. Afirma que «apegarse a 1,5 °C de calentamiento global nos consigue 50 años más en el escenario extremo RCP8.5». Sin embargo, la comunidad científica coincide en algo: es un llamado a la acción.
«La investigación ilustra que es probable que nuestras decisiones pasadas contribuyeron de forma directa al derretimiento sustancial de la capa de hielo de la Antártida Occidental», asevera el Dr. Alberto Naveira Garabato, profesor de oceanografía física de la Universidad de Southampton. Pero también advierte: todavía podemos actuar, aprender de nuestros errores y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
El reloj corre y el hielo se derrite. Las y los científicos han dado la voz de alarma. Queda por ver si las y los líderes mundiales están dispuestos a escuchar.
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