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«De la noche a la mañana, nos han quitado prácticamente todos los complementos extra-salariales»
En un ambiente cada vez más caldeado y repleto de descontento, la noticia no ha tardado en romper las barreras del silencio: la plantilla de Telepizza ha decidido convocar una huelga para el próximo sábado 10 de junio. En un grito de protesta colectiva, estas voces descontentas también planean una concentración en la parada del tranvía de Plaza San Francisco. Pero, ¿cuál es la chispa que ha encendido esta mecha?
El sindicato de CGT en Telepizza señala con dedo acusador a un convenio del sector, impuesto «gracias a la firma de los sindicatos de UGT y CCOO a nivel estatal», que a su juicio, ha «eliminado las pocas conquistas» que la plantilla había logrado. En una apelación a la memoria reciente, recuerdan cómo en el convenio anterior de 2016-18, ya se les redujo un 83% el plus de nocturnidad. En este último convenio, dicen con voz amarga que «de la noche a la mañana, nos han quitado prácticamente todos los complementos extra-salariales«.
Añaden que «es el propio convenio el que reconoce que esta medida buscaría dejar sin efecto las propias subidas del Salario Mínimo decretadas». En términos claros y rotundos, es como si la empresa hubiera dibujado una sonrisa con una mano y empujado a los empleados al abismo con la otra.
UN PASADO DIFERENTE, UNA ESPERANZA FRAGILIZADA
La denuncia del sindicato no se queda solo en recortes y eliminaciones. Señalan, con visible frustración, que Telepizza se ha sacado de la manga «una nueva categoría con una doble escala salarial para que los y las compañeras que entran nuevas cobren menos que nosotros». Es como si un barco ya abarrotado, en lugar de ampliar la capacidad, redujera el tamaño de los camarotes.
Además, apuntan con indignación que «el convenio tampoco recoge una Clausula de Revisión salarial indexada al IPC real mensual para impedir que devalúen nuestros sueldos». En lugar de eso, ofrecen «una subida del 3% que solo se cobra si hay una subida del Salario Mínimo». Es un intento astuto, pero transparente, de parecer generosos mientras se mantiene firmemente el control del monedero.
El sindicato CGT se hace eco de estas preocupaciones y añade que «la subida del SMI decretada por el gobierno (8%) no solo es ridícula cuando el coste de la vida alcanza los 1500 euros mensuales según los expertos, sino que tampoco alcanza el sueldo más bajo de la hostelería». En resumen, la vida se vuelve más cara, pero los sueldos se mantienen en un eterno stand-by.
LA BÚSQUEDA DE SOLIDARIDAD, EL LLAMADO A LA LUCHA
Pero, ¿qué buscan con esta huelga? ¿Qué esperan conseguir con estas denuncias públicas? El sindicato CGT es claro en sus demandas: «queremos unir y apoyar las demandas de todos los colectivos que apoyan a la juventud precaria». Por lo tanto, piden «la solidaridad de estudiantes y jóvenes, de los movimientos sociales, pensionistas, del movimiento de mujeres y de todos los sindicatos para que apoyen y rodeen de solidaridad esta lucha de la juventud precaria que está harta de ver cómo sus vidas empeoran mientras la patronal engrosa millones a costa de la población trabajadora».
LA INJUSTICIA DE LOS RECORTES
Recuerdan, con una mezcla de rabia y resignación, que «estas subidas son vergonzosas cuando llevamos años de recortes salariales». Y más allá de eso, critican que toda subida salarial deja de ser un derecho «cuando se mantiene el Articulo 14, que dice que ‘la empresa podrá recortarnos los salarios cuando quiera‘». Es, según ellos, una declaración de impotencia y de aceptación resignada de una injusticia perpetua.
Aprovechando la huelga, el sindicato CGT hace un llamado a los trabajadores de las Fast Food para que se organicen «como los pizzeros», ya que UGT y CCOO los acaban de expulsar del convenio de hostelería. Invitan a los compañeros de OSTA a «confluir juntos el próximo 10 de junio». Una unión de fuerzas para contrarrestar una balanza que, según ellos, está fuertemente inclinada en favor de las empresas.
UN CONVENIO BAJO SOSPECHA
No obstante, el sindicato CGT considera que «estas negociaciones han sido totalmente antidemocráticas y a espaldas de miles de trabajadoras». Acusan que «ni siquiera han sido votados directamente por los y las trabajadoras para poder negociar, ni tampoco se han propuesto hacer un referéndum». Es una denuncia grave, que pone en cuestión el procedimiento de negociación del convenio.
Como último llamado a la solidaridad, piden a los clientes que el día de la huelga no consuman. No es solo un grito de protesta, sino un intento de presión económica sobre una empresa que, según ellos, está acumulando riqueza a costa de la precariedad de sus empleados.
CONCLUSIÓN
En conclusión, el próximo 10 de junio, los trabajadores de Telepizza convocarán una huelga. Su objetivo es protestar contra un convenio que, a su entender, no solo ha erosionado sus condiciones laborales, sino que además ha establecido un marco de inequidad. A través de esta acción, esperan generar conciencia y fomentar la solidaridad tanto de la sociedad en general como de los trabajadores de otros sectores similares. La jornada promete ser tensa, pero también es una muestra de resistencia y de la voluntad de los trabajadores de luchar por sus derechos.
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