Mientras Sergio Botana, presuntamente conocido como Sergio G.A., pasaba 6 años infiltrado en movimientos antifascistas, llevando incluso relaciones sexoafectivas para mantener su tapadera, surge la gran pregunta en boca de Marina Lobo en nuestro programa en directo, HECD:
¿Por qué no encontramos agentes encubiertos en esos grupos digitales donde se fomenta el odio y se ataca abiertamente a colectivos vulnerables? Esos rincones oscuros de Telegram, Whatsapp y Facebook donde las palabras se convierten en veneno y se enarbolan banderas de intolerancia. Que la justicia actúe contra quienes deseen hacer daño a la sociedad es lógico, pero… ¿Dónde está el balance? Si realmente estamos en la lucha contra el odio y la discriminación, esas zonas grises digitales no deberían quedar sin supervisión.
El deber de proteger a todos los ciudadanos es indiscutible. Sin embargo, ¿estamos seguros de que la atención y recursos están siendo dirigidos de forma justa?
Cada día que pasa, el mundo se convierte en un lugar más diverso, lleno de voces diferentes y perspectivas únicas. Es vital que esas voces sean escuchadas y protegidas. No puede haber una «selección» en cuanto a qué movimientos merecen vigilancia y cuáles no.
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