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El senador denuncia que Washington sigue respaldando una escalada militar que ya ha dejado centenares de muertos y cientos de miles de desplazadas y desplazados en Líbano.
La guerra que sacude Oriente Medio ya no puede presentarse como una serie de conflictos aislados. Lo que está ocurriendo en Gaza, en Líbano y ahora en Irán responde a una misma lógica militar que se extiende por toda la región. Y cada vez son más las voces dentro de Estados Unidos que empiezan a señalar el elemento que durante años se ha querido ocultar: sin el respaldo político, militar y financiero de Washington, esta escalada no sería posible.
El senador Bernie Sanders lo expresó con claridad el 11 de marzo, cuando acusó a Estados Unidos de continuar siendo cómplice de “las guerras de Netanyahu”. Su denuncia llega en un momento de máxima tensión regional, apenas doce días después del inicio de los bombardeos contra Irán, una ofensiva que ha vuelto a colocar a la región al borde de una guerra abierta de consecuencias imprevisibles.
Pero Sanders quiso subrayar algo que a menudo queda fuera del foco mediático. La ofensiva no se limita a Irán. “No es solo Irán. Es también Líbano”, escribió el senador en redes sociales al denunciar el aumento de ataques israelíes contra su vecino del norte.
Las cifras ilustran la dimensión de la ofensiva. En menos de dos semanas, los bombardeos israelíes han causado 570 muertos en Líbano y han desplazado a 750.000 personas, más del 10% de la población del país. Según el propio Sanders, edificios residenciales están siendo atacados sin previo aviso, una práctica que organizaciones humanitarias llevan tiempo denunciando como posible crimen de guerra cuando afecta a zonas civiles.
No se trata de un episodio puntual. La ofensiva sobre Líbano se produce a pesar del acuerdo de alto el fuego alcanzado en noviembre de 2024, que debía proteger a la población civil tras más de un año de guerra regional desencadenada por la ofensiva israelí posterior al ataque de Hamás en octubre de 2023.
EL APOYO DE WASHINGTON QUE PERMITE LA ESCALADA
La denuncia de Sanders apunta directamente al papel de Estados Unidos en esta dinámica militar. Desde hace años, Washington proporciona a Israel miles de millones de dólares en ayuda militar y armamento. Ese apoyo ha continuado tanto durante la presidencia de Joe Biden como bajo el actual mandato de Donald Trump.
En el Senado, Sanders ha intentado en varias ocasiones bloquear el envío de armas a Israel en protesta por la devastación de Gaza y por los ataques contra población civil. Todas esas iniciativas han sido derrotadas. El consenso político en Washington sigue blindando el apoyo militar a Israel incluso cuando las operaciones generan graves crisis humanitarias.
La ofensiva contra Irán ha reforzado ese patrón. Expertos en derecho internacional sostienen que los ataques vulneran la Carta de Naciones Unidas, que prohíbe el uso unilateral de la fuerza salvo en casos de legítima defensa inmediata o con autorización del Consejo de Seguridad. También juristas estadounidenses han advertido que la intervención podría contradecir la Constitución de Estados Unidos, que exige autorización del Congreso para iniciar una guerra.
A pesar de esas advertencias, la administración Trump ha reiterado su respaldo a la ofensiva israelí. Ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador estadounidense Mike Waltz insistió en el habitual argumento del “derecho de Israel a defenderse”, mientras condenaba las acciones de Hezbollah y reiteraba el alineamiento de Washington con el gobierno israelí.
Ese respaldo diplomático y militar es precisamente lo que Sanders cuestiona. “Estados Unidos no puede seguir siendo cómplice de las guerras de Netanyahu”, afirmó el senador.
UNA REGIÓN DEVASTADA Y UNA CRISIS HUMANITARIA CRECIENTE
Mientras las potencias discuten estrategias geopolíticas, las consecuencias recaen sobre la población civil.
En Gaza, la situación humanitaria sigue deteriorándose. El gobierno israelí ha vuelto a restringir la entrada de ayuda alegando que las reservas existentes serán suficientes durante un tiempo prolongado. Para las agencias humanitarias, esa decisión supone una nueva forma de presión colectiva sobre una población que lleva más de dos años sometida a una crisis extrema.
Philippe Lazzarini, responsable de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos, describió la medida como “un nuevo estrangulamiento sobre Gaza”. Tras más de dos años de guerra y hambre creciente, millones de personas siguen sin acceso regular a alimentos, medicinas o combustible.
En Líbano, el impacto de la guerra vuelve a extenderse sobre una población que lleva décadas viviendo entre crisis económicas y conflictos regionales. 750.000 desplazadas y desplazados en apenas dos semanas reflejan el alcance de una ofensiva que amenaza con desestabilizar de nuevo todo el país.
El coordinador humanitario de la ONU, Tom Fletcher, lo resumió ante el Consejo de Seguridad con una frase que sintetiza el drama de la región: “Líbano está exhausto de las guerras de otros”.
Pero mientras los llamamientos internacionales piden una desescalada inmediata y negociaciones diplomáticas, la lógica militar continúa imponiéndose.
Y mientras Estados Unidos siga respaldando esa estrategia, la guerra seguirá expandiéndose bajo el mismo patrón: más bombardeos, más desplazamientos y más vidas civiles convertidas en daño colateral.
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