El agitador Luis “Alvise” Pérez y su colaborador Vito Quiles fabricaron un bulo sobre la DANA en la Comunitat Valenciana.
No por error.
No por precipitación.
Por cálculo.
Por estrategia.
Mientras centenares de familias seguían buscando a sus muertos, ellos trabajaban en convertir ese dolor en campaña política y en audiencia.
El fascismo no se basa en la verdad, se basa en la capacidad de instrumentalizar la tragedia.
Esto no fue una confusión
La DANA arrasó hogares, barrios, vidas enteras.
La gente donó ropa, mantas, lo que tenía. Esa ropa se acumuló en almacenes improvisados, bajo lluvia, barro, humedad, hongos y chinches.
Los médicos y biólogos advirtieron: parte de esas donaciones no podían repartirse sin poner en riesgo sanitario a miles de personas.
La decisión de desechar las prendas contaminadas la tomó un concejal que también había perdido su casa.
La derecha radical vio algo muy distinto: una oportunidad.
No vieron madres exhaustas, ni vecinos arrasados, ni voluntarios que llevaban días sin dormir.
Vieron contenido.
El bulo se diseñó, se guionizó y se grabó
En una llamada filtrada, Alvise dirige a Quiles en tiempo real.
Le dicta cómo hablar.
Qué preguntar.
Qué sacar de contexto.
Qué cortar.
Qué difundir.
No hay investigación.
No hay periodismo.
Hay propaganda emocional.
El objetivo: fabricar indignación contra el enemigo inventado → el gobierno, la izquierda, los que intentan ayudar.
Esta es la técnica clásica de la extrema derecha digital:
tomar una tragedia real y convertirla en gasolina para la máquina del odio.
¿Por qué esto importa?
Porque si aceptamos que esto es “información”, mañana cualquiera puede reescribir cualquier realidad.
Si aceptamos que la mentira se puede imponer si se grita lo suficiente, la democracia deja de existir.
Cuando la derecha radical convierte el sufrimiento en contenido, no están haciendo política.
Están triturando comunidad.
Y eso tiene consecuencias.
Así que sí, la pregunta es necesaria:
¿Estos son a los que sigues?
¿Los que graban el dolor ajeno para monetizarlo?
¿Los que fabrican odio mientras la gente entierra a los suyos?
¿Los que llaman “periodismo” a una instrucción por pinganillo?
Si esto es “informar”, mañana cualquiera puede declararse médico, arquitecto o piloto con solo decirlo muy fuerte.
La mentira siempre tiene víctimas.
Y esta vez tienen nombre, barrio y cicatrices que siguen abiertas.
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