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Folio 48 del Códice Sassoon. Fotografía de Ardon Bar-Hama. National Library of Israel
Hace unos días salía publicada en diferentes medios de comunicación la noticia de la próxima subasta de una biblia hebrea por un valor estimado entre 30 y 50 millones de dólares.
Se hacían eco de la nota de prensa emitida por Sotheby’s, la casa de subastas encargada de la venta, según la cual este códice es el ejemplar más antiguo casi completo de la Biblia hebrea, datándolo entre finales del siglo IX y principios del X. La noticia corrió como la pólvora entre los académicos y especialistas a través de las redes sociales. ¿De qué manuscrito se trataba? ¿Por qué era tan valioso?
El códice Sassoon
La nota de prensa hace referencia al manuscrito como el Códice Sassoon, sin ninguna otra especificación. Lo describe como una Biblia casi completa –le faltan 12 folios–, compuesta por los 24 libros que forman la Biblia hebrea, dividida en tres partes: Pentateuco –Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio–, Profetas y Escritos.
Pero esta Biblia no es completamente desconocida ni sale a la luz por primera vez, como parece desprenderse de esa nota. Las fotos publicadas se corresponden con el manuscrito Sassoon 1053 (S1). De acuerdo con la descripción que aparece en el catálogo de la colección Sassoon, publicado en 1932, el manuscrito contiene 792 folios escritos a tres columnas, de 28-29 líneas cada una, con los signos de vocalización y acentuación.
Va acompañado de la Masora, nombre técnico con el que se conoce al conjunto de anotaciones marginales de contenido textual, exegético, etc., que se encuentran en la mayoría de los manuscritos bíblicos hebreos medievales.
(Ohel Dawid): catálogo descriptivo de los manuscritos hebreos y samaritanos de la Biblioteca Sassoon, Londres / compilado por David Solomon Sassoon, vol. 2, pág. 1112.
National Library of Israel
El catálogo también menciona los diferentes registros que dan cuenta del recorrido y uso del manuscrito, desde su venta –a principios del siglo XI– por Khalaf ben Abraham a un hombre llamado Isaac ben Ezequiel al-Attar –quien luego la transfirió a sus dos hijos, Ezequiel y Maimón–, hasta el siglo XIII, cuando se dedicó a la sinagoga de Makisin (actual Markada, en el noreste de Siria).
Aunque este códice ha estado en manos privadas desde 1929 –cuando el coleccionista David Solomon Sassoon lo compró por 350 libras– hasta la actualidad –en posesión de Jacqui E. Safra– no es desconocido para los investigadores.
Se suele listar entre los manuscritos bíblicos hebreos más antiguos que se conservan y, aunque hasta hace poco las únicas fotos disponibles eran en blanco y negro y de mala calidad (actualmente está disponible una copia digitalizada de alta definición), el manuscrito, especialmente su Masora, ha sido estudiado.
¿Por qué es tan valioso?
La valía del Códice Sassoon, según Sotheby’s, estriba en su datación (“la Biblia más antigua”), en su estado de conservación (“casi completa”), en las anotaciones de su Masora, y en su calidad de testimonio fundamental para entender la transformación en la historia de la Biblia hebrea.
Su datación entre finales del siglo IX y principios del X, aparentemente confirmada por pruebas de radiocarbono encargadas por su actual dueño, contrasta con el consenso entre la comunidad científica, que lo sitúa en la segunda mitad del siglo X. Sin colofón con la fecha, los investigadores han tenido en cuenta otros elementos para establecerla, entre ellos la información recogida en una anotación de la Masora escrita en el margen superior del folio 112, en la que se dice:
“…como en el maḥzor (= Biblia) del gran erudito Aaron ben Moses ben Asher, e el libro llamado al-Taj”.
El título al-Taj es el sobrenombre del códice de Alepo, cuya Masora fue escrita por Aaron ben Moses ben Asher, el más famoso de los masoretas, y reconocido como el texto bíblico hebreo más exacto y autoritativo.
Otros trabajos también llegan a la conclusión de que el masoreta del Códice Sassoon vio el códice de Alepo, copió y compiló las anotaciones masoréticas de este. Por lo tanto, el códice Sassoon tiene que ser posterior al de Alepo, datado en torno al año 930, y descrito precisamente como “la Biblia hebrea más antigua casi completa”.
Asimismo, su grafía y la disposición del texto también apuntan a una fecha más tardía. En comparación con los otros manuscritos de la biblia hebrea del siglo X, el códice Sassoon está copiado más descuidadamente, omitiendo diacríticos o algunas vocales en determinadas posiciones. Su Masora ha sido escrita por más de una persona.
Si bien preserva más folios que el códice de Alepo, muchos de ellos presentan un mal estado de conservación. No solo faltan los primeros diez capítulos del Génesis, sino que los primeros folios solo se conservan parcialmente, a veces con añadidos posteriores. La parte correspondiente a los Escritos (la tercera división de la Biblia hebrea compuesta por los libros de Salmos, Proverbios, Job, Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Esther, Daniel, Esdras, Nehemías y 1 y 2 Crónicas) es la peor conservada, faltando partes en prácticamente todos sus libros (normalmente una de las columnas).
El estado de conservación también afecta a las anotaciones de la Masora, ausentes en la primera parte del códice por el deterioro de los márgenes e irregulares a partir de la mitad, faltando en el margen superior o borrada en el inferior de muchos folios.
Diferentes ejemplos del deterioro del Códice. A la izquierda, el folio 750 al que le falta una columna. En el medio, el folio 13, con añadidos. A la derecha, el folio 458 con la Masora borrada. Fotografías de Ardon Bar-Hama.
National Library of Israel
¿Vale lo que cuesta?
Sin duda, esta Biblia es un ejemplar único, un testimonio imprescindible para el estudio de la transmisión del texto bíblico hebreo, de la historia del Libro y de las prácticas de los escribas. Uno de los escasos supervivientes del periodo que rompe con 600 años de falta de testimonios escritos directos. Pero ni es la Biblia hebrea más antigua, ni la mejor conservada.
Elvira Martín-Contreras does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
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