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Nada como una pandemia para acelerar la digitalización de las colecciones permanentes de los museos y trasladar provisionalmente al entorno virtual las muestras temporales. En este contexto de alarma sanitaria, la Fundación Juan March ha dado una vuelta de tuerca a la renovación tecnológica de los espacios expositivos en su intento de otorgar una segunda vida audiovisual a una exhibición. “Los irascibles: pintores contra el museo” tuvo que ser cerrada a los 6 de días de su inauguración, debido al confinamiento decretado el 12 de marzo de 2020.
Ante tamaño contratiempo, la Fundación quiso salvar el proyecto a toda costa y, siete meses después de su cierre forzoso, presentó “Los irascibles por segunda vez”: una nueva muestra creada exclusivamente para ser disfrutada en red. ¿Nueva exposición o la misma en otro formato?
Sucedáneos en vídeo o visitas virtuales
La pregunta resulta pertinente porque las muestras digitales han proliferado enormemente a raíz de la pandemia, y suponen un reto para los museos y las instituciones artísticas, desde el mismo momento en que técnicamente se puede exponer en YouTube.
Ante este desafío, las propuestas han sido fundamentalmente tres: armar un inventario de las obras del museo (véase el Museo del Prado); ofrecer visitas virtuales con herramientas como Street View creadas en colaboración con Google (Museo Thyssen-Bornemisza); o producir vídeos donde se documenta la exposición por medio de la grabación de las salas y donde el comisario o el director del centro explican la muestra (Reina Sofía) con el fin de animar al público a verla en directo.
Una experiencia sensorial diferente
El propósito de “Los irascibles por segunda vez” es casi el opuesto a los tres modelos anteriores, puesto que –como proclama la web de la propia fundación– “no aspira en absoluto a producir un sucedáneo de una experiencia sensorial que solo se da en el mundo físico”, y porque, además, la exposición de la que se habla no quiere tampoco ser promocionada, dado que no se puede visitar.
La experiencia virtual que nos ofrece aquí la March es más una reflexión sobre en qué consiste exponer en las redes. En este sentido, intenta crear un protocolo para disfrutar virtualmente del arte fuera de los modelos académico, educativo o de marketing que son los más empleados actualmente.
Experimentando con lo ‘experimental’
Como todo experimento que trata de diferenciarse, el vídeo se radicaliza un poco y genera situaciones algo molestas. Los cuadros apenas se ven –la cámara se mueve por la sala, pero nunca se detiene frente a ninguno– y, quizá en el afán de crear una experiencia visual, se olvida de proporcionar algunos datos básicos, como títulos y autores de las obras, así como fechas clave u otra información objetiva.
Por ejemplo, la muestra se organiza en torno a la fotografía de 18 artistas que difundieron una declaración criticando al Metropolitan Museum neoyorquino por su actitud contraria al arte contemporáneo. Más concretamente, por su rechazo al movimiento que representaban los abajo-firmantes: el expresionismo abstracto.
Dicha foto es abordada en el documental de muchas maneras: vemos como la arranca un operario cuando se desmonta la exposición, está animada con mucha gracia para servir de cortinilla entre secuencias y también se la menciona verbalmente comentando que acabó convirtiéndose en el símbolo de esta Escuela de Nueva York, pero nunca se dice que fue tomada por Nina Leen para la revista Life en 1950.
“No se puede contar todo, para eso está el catálogo”, parece ser el argumento que guía esta aproximación creativa y trasversal a la obra de estos artistas.
Participación de los artistas
Los irascibles nunca llegaron a formar un verdadero grupo, y aunque muchos de ellos apenas han sido expuestos fuera de Estados Unidos, constituyeron el primer movimiento artístico contemporáneo que se gestó en Norteamérica. Y por eso se dice que, con ellos, Nueva York robó la capitalidad del arte a París.
Entre las virtudes de este vídeo experimental se encuentran los planteamientos de los artistas que colaboran en él. El fotógrafo Juan de Sande, por ejemplo, realiza una serie de instantáneas donde presenta de forma muy ingeniosa la experiencia de visitar una exposición a oscuras.
También resulta un acierto invitar a nuestro propio expresionista abstracto, Luis Gordillo, a retratarse junto al grupo como si estuviera dentro de la imagen. Gordillo, nada menos: un gigante que, además de asimilar el formalismo del expresionismo abstracto lo combinó con la filosofía del otro gran movimiento americano, el Pop, al utilizar para sus grandes e intrincados lienzos el rosa fresa, el verde chicle de menta o el marrón chocolate.
Paralelismos expresionistas
Pero el mayor atractivo de la cinta es sin duda cómo documenta el proceso de desmontar una exposición por el paralelismo simbólico que conlleva con la propia práctica del expresionismo abstracto, tan atento siempre al azar.
Surgen así juegos de letras y significados hasta que “Los irascibles” se transforma en “Los casi libres” o en “Loable crisis”. Y es que la crisis pictórica que el expresionismo forzó, rechazando la figuración, los motivos centrales o la misma acción de pintar con el lienzo en vertical, es asumida por la Fundación Juan March.
La March es “expresionista” respecto al concepto de exposición en redes, al negarse a ofrecer visitas virtuales más o menos realistas, a la catalogación o al documental erudito. En su lugar, produce este proyecto creativo con valor propio, que podría incluso competir en un certamen de cine documental.
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Almudena Baeza Medina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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