Gwyneth Paltrow desata la polémica vendiendo lujo en Israel
Gwyneth Paltrow ya no ocupa en España el mismo espacio mediático de otros años, pero en Estados Unidos sigue siendo mucho más que una actriz retirada a medias del gran escaparate de Hollywood. Es una ganadora del Oscar, una empresaria del bienestar, la cara visible de Goop y una marca humana cuidadosamente construida alrededor de la salud, el lujo, la espiritualidad de boutique y el consumo como camino hacia una supuesta plenitud. Ahora también es la imagen de una campaña inmobiliaria de lujo en Israel. Y no en cualquier momento. No ahora.
El anuncio, difundido en torno al 11 de junio, promociona 51 Park, un complejo residencial de lujo en Herzliya, ciudad costera al norte de Tel Aviv. El proyecto se presenta como una promesa de exclusividad, parques, diseño, vistas y vida aspiracional para quienes pueden pagar el privilegio de no mirar demasiado alrededor. Dos torres, lujo pulido, estética impecable. Todo limpio. Todo blanco. Todo tan ordenado que resulta obsceno.
Mazón, el Ventorro y el Gobierno de marketing: mientras la DANA mataba, el Consell controlaba el relato
Los WhatsApps del grupo del Consell durante el día de la DANA no son solo una filtración incómoda. Son una radiografía. Una de esas imágenes que muestran el hueso roto, la fractura política, la miseria de una administración que debía proteger vidas y acabó más pendiente del encuadre que del desastre. El 11 de junio, cuando esos mensajes salieron a la luz, las víctimas volvieron a sufrir otro golpe. Otro más. Porque lo que aparece ahí no es un gobierno desbordado por una tragedia imprevisible, sino un gobierno obsesionado con parecer gobierno.
Una acción anónima sabotea 153 pisos turísticos en barrios asfixiados por la gentrificación en Madrid
La protesta apunta directamente a uno de los símbolos más visibles de la turistificación salvaje: los cajetines donde se entregan llaves para convertir edificios enteros en hoteles encubiertos mientras desaparecen viviendas residenciales.
Trump fantasea con cancelar elecciones mientras EEUU se acerca peligrosamente al autoritarismo
Donald Trump vuelve a hacer una de esas cosas que sus portavoces intentan vender después como “sarcasmo”, “provocación” o “una simple broma”. El problema es que ya nadie puede fingir ingenuidad. Cuando un presidente que intentó revertir unas elecciones, alentó el asalto al Capitolio y lleva años difundiendo mentiras sobre fraude electoral habla de cancelar elecciones, la cuestión deja de ser retórica. Se convierte en una amenaza política real. Trump lo ha insinuado varias veces en los últimos meses. Primero hablando con Zelenski sobre la suspensión electoral en Ucrania durante la guerra. “Eso es algo bueno”, llegó a decir. Después sugiriendo que “ni siquiera debería haber elecciones” debido a su supuesto éxito presidencial. Y la Casa Blanca, como siempre, corriendo detrás para apagar el incendio diciendo que “solo estaba bromeando”.
La injerencia nuestra de cada día: Trump mete la mano en Colombia
Trump no está “opinando” sobre Colombia. Está marcando territorio. La misma derecha que grita “soberanía” cuando gobierna la izquierda se arrodilla ante Washington cuando el amo levanta la ceja. Llaman libertad a que Estados Unidos les diga qué candidato conviene. Llaman democracia a la subordinación.
La Fiscalía desmonta el caso contra David Sánchez y señala el festival de conjeturas del PP y la ultraderecha
La Fiscalía ha puesto nombre al método: conjeturas. Cuando no aparece la prueba, se invoca el apellido. Cuando no hay delito, se agita el parentesco. Y cuando los testigos contradicen el relato, se les ataca. El caso contra David Sánchez llega a su recta final con la acusación debilitada, la UCO cada vez más sola y una derecha que parece haber confundido los juzgados con un plató de televisión.
El poder, el silencio y Canal Sur: el caso que sacude a la principal productora de la RTVA
No hablamos de una empresita cualquiera ni de un jefe cualquiera. Hablamos del CEO de la principal productora de Canal Sur, investigado por agresión sexual y acoso, al frente de una empresa participada mayoritariamente por la Junta de Andalucía y alimentada por la televisión pública. El poder siempre dice que no sabía nada cuando el escándalo ya no cabe debajo de la alfombra. Y aquí hay demasiadas alfombras, demasiados despachos y demasiadas instituciones mirando hacia otro lado.
El Papa habla de “plaga”, pero deja fuera a las víctimas que más incomodan a la Iglesia
El Papa habló de “plaga”, sí. Pero mientras pronunciaba palabras sobre escucha, justicia y reparación, las asociaciones de víctimas de abusos sexuales en la Iglesia se quedaban fuera, esperando una puerta que nunca se abrió. La Iglesia vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: administrar el dolor ajeno sin perder el control del decorado.
De la Espriella: el trumpismo colombiano ya no disimula la motosierra ni la cárcel
De la Espriella no vende seguridad: vende miedo con traje caro, cárcel privada y bendición de Trump. Promete acabar en 90 días con décadas de violencia en Colombia, como si un país atravesado por guerra, desigualdad y abandono estatal pudiera arreglarse con megaprisiones y lenguaje de exterminio.
La ultraderecha latinoamericana ya tiene manual: copiar a Bukele, imitar a Trump, agitar la bandera y llamar “orden” al autoritarismo. Pero cuando un candidato habla de “limpiar” un país, conviene mirar quién pone los muertos, quién hace negocio con las cárceles y quién aplaude desde Washington.
Ada Colau señala el racismo estructural de España y vuelve a poner frente al espejo una verdad incómoda
¿España es racista o solo nos gusta fingir que no lo vemos?
Ada Colau soltó una frase en RTVE que ha escocido más que muchos discursos parlamentarios: “España tiene una estructura legal racista”. Y claro, saltaron los de siempre. Los que creen que el racismo son solo cuatro neonazis haciendo el mono en un estadio mientras las leyes discriminan según el dinero, el pasaporte o el color de piel.
El programa El juicio terminó con un veredicto incómodo: 6 de 9 personas del jurado dijeron que sí, que España es un país racista. Se habló de la Ley de Extranjería. De explotación. De segregación escolar. De Samuel Eto’o escuchando gritos de mono de cientos de personas. De actores racializados obligados a ser “el triple para conseguir la mitad”.
Y ahí está el problema. Que algunos siguen confundiendo racismo con mala educación cuando hablamos de un sistema entero.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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