No sorprende: las nuevas figuras de la ultraderecha juegan con la ambigüedad de sus gestos para movilizar a su base sin asumir las consecuencias.
La derecha religiosa sigue ofreciendo un espectáculo grotesco en su intento por monopolizar la moral y la fe. En esta ocasión, el protagonista es Calvin Robinson, un sacerdote británico vinculado a los sectores ultraconservadores, que ha sido expulsado de su iglesia tras imitar el gesto nazi de Elon Musk.
Durante el National Pro-Life Summit en Washington D.C., Robinson se dirigió a la audiencia con un discurso apocalíptico. «Este es el último bastión de la cristiandad. Es ahora o nunca. Europa se está desmoronando y solo Estados Unidos lucha por la vida», declaró, en una retórica digna del supremacismo cristiano que busca polarizar a la sociedad. Pero fue su gesto final lo que desató la polémica: levantó el brazo imitando el saludo que Elon Musk realizó en la toma de posesión de Donald Trump, comparado con el «Sieg Heil» nazi.
Father Calvin Robinson finished his remarks at the National Pro-Life Summit by throwing an Elon Musk salute, much to the delight of the crowd.
— Right Wing Watch (@rightwingwatch.bsky.social) 2025-01-29T19:18:48.054Z
EL ULTRADERECHISMO RELIGIOSO Y SU CONNIVENCIA CON EL FASCISMO
El video del momento se hizo viral en redes sociales y alcanzó más de 1.3 millones de visualizaciones. La indignación no tardó en llegar, especialmente desde el grupo progresista Right Wing Watch, que señaló la gravedad del gesto en un contexto político donde la ultraderecha gana terreno gracias a figuras que blanquean el discurso extremista.
La respuesta de la iglesia no se hizo esperar. La Anglican Catholic Church (ACC), a la que Robinson pertenecía, anunció la revocación de su licencia eclesiástica en un comunicado tajante: «No podemos afirmar cuál era la intención de Robinson, pero su acción parece un intento de congraciarse con ciertos sectores de la derecha estadounidense mediante la provocación». Y fue aún más allá: «Se le advirtió que el trolling en redes y otras acciones de este tipo eran incompatibles con su vocación sacerdotal. No ha hecho caso, y por ello, deja de ser sacerdote en esta iglesia».
Mientras tanto, Robinson se defendió con la estrategia habitual de la ultraderecha cuando es descubierta: el victimismo. En un mensaje en redes, aseguró haber recibido «cientos de llamadas y mensajes llenos de odio de izquierdistas amargados» y afirmó que todo era un malentendido. En su versión, su gesto era una broma destinada a ridiculizar a quienes acusaron a Musk de hacer un saludo nazi. Pero cuando un chiste necesita tantas explicaciones, es porque no era un chiste, sino un guiño cómplice.
El propio Musk, quien ha negado cualquier vinculación con el nazismo, ha optado por el silencio ante la polémica en torno a Robinson. No sorprende: las nuevas figuras de la ultraderecha juegan con la ambigüedad de sus gestos para movilizar a su base sin asumir las consecuencias.
Que un sacerdote termine expulsado de su iglesia por su cercanía al fascismo es solo una muestra más de cómo el fundamentalismo religioso y la extrema derecha van de la mano. Lo que queda claro es que la fe es solo una excusa para avanzar en su agenda de odio.
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