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Cuatro demócratas se alinean con los republicanos para bloquear un intento de frenar la ofensiva de Trump mientras el Pentágono promete que “esto no ha hecho más que empezar”.
La maquinaria de guerra estadounidense vuelve a ponerse en marcha. Y esta vez con un mensaje claro desde el propio Pentágono: la escalada apenas comienza.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, lo dejó claro esta semana al advertir que “la cantidad de potencia de fuego sobre Irán y sobre Teherán está a punto de aumentar dramáticamente”. Sus palabras llegaron justo después de que la Cámara de Representantes bloqueara una resolución destinada a frenar la ofensiva militar impulsada por Donald Trump junto a Israel.
El resultado de la votación fue ajustado: 219 votos contra 212. Pero la clave no estuvo solo en el apoyo republicano, sino en la decisión de cuatro congresistas demócratas de romper filas con su propio partido y votar junto al GOP, lo que terminó tumbando la iniciativa.
Los demócratas Henry Cuellar (Texas), Jared Golden (Maine), Greg Landsman (Ohio) y Juan Vargas (California) se sumaron a la mayoría republicana para rechazar la resolución bipartidista presentada por el demócrata Ro Khanna y el republicano Thomas Massie.
El dato es crucial: si esos cuatro votos hubieran seguido la línea de su bancada, la resolución habría sido aprobada y el Congreso habría exigido a Trump detener la guerra.
Un Congreso que renuncia a su poder
La resolución invocaba la War Powers Act, una ley diseñada precisamente para impedir que un presidente arrastre al país a una guerra sin autorización del Congreso. Pero la iniciativa fracasó en la Cámara baja apenas 24 horas después de que el Senado rechazara una propuesta similar.
Para muchas organizaciones civiles, el mensaje es claro: el Congreso está renunciando a su responsabilidad constitucional.
“Esto es una vergonzosa abdicación del poder del Congreso para decidir cuándo Estados Unidos entra en guerra”, denunció la organización Defending Rights & Dissent.
El grupo recordó que los bombardeos estadounidenses e israelíes ya han alcanzado escuelas, hospitales y barrios civiles en Teherán, una metrópoli de cerca de 10 millones de habitantes.
Según cifras oficiales iraníes, al menos 1.230 personas han muerto hasta ahora, mientras los ataques continúan.
Críticas desde la sociedad civil
Las críticas no han tardado en llegar desde organizaciones de derechos civiles.
Christopher Anders, director de democracia y tecnología de la ACLU, fue especialmente contundente.
“Esta votación es pura cobardía. El Congreso ha permitido que Trump se burle de la Constitución y ha puesto en peligro tanto a civiles como a soldados”, declaró.
Para Anders, el fracaso de la resolución no elimina la obligación legal del Congreso de intervenir.
“Esta votación vergonzosa no silenciará a los millones de estadounidenses que se oponen a otra guerra ilegal”, advirtió.
Rebelión progresista dentro del Partido Demócrata
La votación también ha provocado una fuerte reacción dentro del propio Partido Demócrata. Diversos grupos progresistas ya han anunciado que podrían impulsar primarias contra los congresistas que apoyaron la guerra.
Organizaciones como Justice Democrats, MoveOn, Progressive Change Campaign Committee y Our Revolution habían advertido antes de la votación que apoyar la escalada militar tendría consecuencias políticas.
Tras el resultado, Justice Democrats fue aún más lejos y difundió públicamente los números de teléfono de las oficinas de los cuatro congresistas para que la ciudadanía los llame.
“Si quieren tanto la guerra, que vayan ellos mismos al frente”, escribió el grupo.
También el movimiento juvenil Sunrise Movement criticó duramente la decisión.
“Absolutamente ridículo. Señaladlos y votadlos fuera”, publicaron en redes.
Un cheque en blanco para la guerra
El Consejo de Relaciones Islámico-Americanas (CAIR) también denunció la votación, señalando que algunos demócratas han ayudado a dar “luz verde a una escalada peligrosa”.
Robert McCaw, director de asuntos gubernamentales del grupo, criticó especialmente otra propuesta impulsada por varios demócratas que permitiría a Trump continuar la guerra durante 30 días más.
“Los estadounidenses no eligieron al Congreso para que otorgue un ‘pase de 30 días de carnicería’ a una guerra ilegal”, afirmó.
McCaw recordó además que la Constitución estadounidense es clara: solo el Congreso tiene autoridad para declarar la guerra.
Una guerra que ya cuesta mil millones al día
Mientras Washington debate su responsabilidad, la guerra sigue ampliándose.
Según estimaciones recientes citadas por analistas en Washington, la ofensiva contra Irán podría estar costando cerca de 1.000 millones de dólares diarios al contribuyente estadounidense.
A esa factura económica se suman las consecuencias humanas. Además de los más de 1.200 muertos iraníes, ya han fallecido al menos seis soldados estadounidenses.
Pese a ello, desde el Pentágono no hablan de freno ni de negociación.
Todo lo contrario.
Pete Hegseth fue tajante al anunciar lo que viene.
“Solo acabamos de empezar. Si creéis que ya habéis visto algo, esperad”, declaró. “La capacidad de combate que aún estamos desplegando sobre Irán será multiplicada respecto a la actual”.
Una frase que resume perfectamente el momento.
Estados Unidos vuelve a entrar en otra guerra en Oriente Medio.
Y esta vez el propio Congreso ha decidido mirar hacia otro lado.
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