Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El capitalismo ha agotado su propia maquinaria humana. Ahora intenta sobrevivir sin obreros, sin sentido y sin alma.
LA FÁBRICA VACÍA DEL PROGRESO
Hace tiempo que el sueño americano dejó de ser un relato de ascenso social para convertirse en un espejismo gestionado por consultores. El país que prometía prosperidad a cambio de trabajo ya no tiene a nadie dispuesto —o capaz— de trabajar por lo que se ofrece. No se trata de pereza, sino de hartazgo. Ni siquiera de rebeldía, sino de una rendición silenciosa.
Estados Unidos se enfrenta a una escasez estructural de mano de obra que no es coyuntural, sino terminal. No hay reemplazo para los millones de ‘boomers’ que se jubilan. La tasa de natalidad lleva décadas desplomándose. La inmigración, que sostenía el ciclo, es ahora políticamente inviable. Y los y las jóvenes ya no creen en el sacrificio como inversión. Lo que antes se llamaba “ética del trabajo”, hoy se percibe como trampa.
La pandemia fue el punto de inflexión. El encierro forzado permitió a millones de personas poner distancia entre sus vidas y sus empleos. De ahí no surgió una revolución, sino una renuncia. La llamada «Gran Dimisión» —con más de 47 millones de personas dejando su trabajo en 2021— no fue una crisis laboral, fue un diagnóstico colectivo. Trabajar no era garantía de nada. Ni de bienestar. Ni de estabilidad. Ni de sentido.
El mercado no lo entendió. Los medios lo convirtieron en anomalía. Los economistas lo atribuyeron al subsidio. Pero lo que se rompió no fue la cadena productiva: fue el pacto existencial. El que decía que si trabajabas duro, te iría bien. Ahora, las empresas de Silicon Valley despiden por miles a quienes ayer vendían como imprescindibles. Los bancos colapsan mientras el pequeño ahorrador paga las consecuencias. Y la clase media, ese invento narrativo del siglo XX, ya no se reconoce en el espejo.
EL VACÍO TRAS LA RUEDA QUE GIRA SOLA
Estados Unidos, como toda sociedad capitalista avanzada, ha alcanzado una paradoja cruel: la maquinaria sigue en marcha, pero ya no hay nadie al volante. Los índices bursátiles baten récords mientras crece el número de personas sin hogar. Las grandes ciudades compiten por atraer a nómadas digitales que ya no quieren ni oficinas ni jefes. Y mientras tanto, miles de puestos siguen vacantes en sectores esenciales, desde la enfermería hasta la construcción.
¿Quién quiere ser camarera a cambio de 8 dólares la hora en un país sin sanidad pública? ¿Quién aspira a conducir un autobús escolar cuando sabe que un solo error puede convertirse en tragedia y juicio mediático? ¿Quién aguanta jornadas de doce horas en una fábrica cuando ve que el dueño se forra especulando con criptomonedas? El trabajo ha perdido su prestigio, su función social y su horizonte. Solo queda el agotamiento.
Lo que emerge es un nuevo tipo de escasez: no de recursos, sino de propósito. Una generación entera vive atrapada entre el burnout y la ansiedad, la adicción al rendimiento y el pánico al fracaso. Trabajan para pagar terapia. Consumen para calmar el vacío que les deja el consumo. Y repiten el ciclo porque no conocen otra salida.
La tecnología prometía liberación, pero trajo más vigilancia. El teletrabajo borró los límites entre casa y empresa. Las apps de reparto convirtieron a millones de personas en peones algorítmicos. La libertad se disolvió en la eficiencia. Y el “emprendimiento” se convirtió en eufemismo de autoexplotación.
En este contexto, hablar de “sueño americano” es como citar a Faulkner en un almacén de Amazon. Una burla. Porque no es solo que el sueño se haya roto. Es que ya no hay nadie que quiera soñarlo. Ni quienes lo venden desde sus púlpitos televisivos. Ni quienes lo persiguen desde América Latina jugándose la vida en la frontera. Ni quienes, desde dentro, sobreviven a base de antidepresivos y turnos rotativos.
El capitalismo estadounidense creó una sociedad que desprecia lo común, mercantiliza lo íntimo y convierte el futuro en deuda. Ahora, sin juventud dispuesta a sacrificarse por ese contrato roto, el imperio envejece en su propio despacho, rodeado de pantallas y promesas rotas.
Lo llaman escasez de mano de obra. Es, en realidad, escasez de humanidad.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Mira por dónde se parece a la precariedad laboral del turismo por aquí.
Trabajar en la hostelería 12 horas diarias, sin descanso semanal,con 4 horas declaradas, y nada de horas extras, por 1000e al mes.
A ver quien quiere está ganga de curro?
O recoger ajos a 40 grados, pagado por cajas, sacando unos 4 euros la hora de media, una peonada de 50e currando 8 horas sin declarar,etc …..
Poco nos falta para ser como EEUU.
Salud y anarkia