Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El negacionismo científico implica el rechazo de hechos contrastados y la creación de debates artificiales en torno a evidencias sólidas. La negación del conocimiento puede dificultar la acción para revertir problemas ambientales como el cambio climático y las invasiones biológicas. El Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 del Gobierno de España parece seguir esta senda en la defensa de su Proyecto de Ley de protección, derechos y bienestar de los animales.
La Organización Colegial Veterinaria, el Consejo General de Colegios de Biólogos, muchos científicos (800 ecólogos y biólogos de la conservación) y las principales organizaciones conservacionistas estatales han criticado este proyecto de ley desde sus primeros borradores por cómo aborda la gestión de gatos asilvestrados y de colonias felinas, aportando recomendaciones concretas para su mejora. Sin embargo, los promotores y defensores de la ley incurren en argumentos falaces para ignorar las evidencias científicas en las que se basan estas críticas
Estos son algunos de ellos.
“Los impactos de los gatos no son tan importantes, hay poca evidencia y no puede extrapolarse a España”
Las evidencias científicas sobre el impacto negativo de los gatos en la biodiversidad son abrumadoras. Siempre que se ha estimado la mortalidad de vertebrados causada por los gatos las cifras son astronómicas, frecuentemente en el orden de cientos o miles de millones de individuos.
Los gatos han contribuido a la extinción de al menos 63 especies de vertebrados, ponen en peligro a muchas otras, también en España y son vectores de enfermedades graves, que pueden transmitir a la fauna silvestre, incluyendo especies amenazadas, y a las personas.
Los defensores de la ley afirman que los gatos aún no han extinguido ninguna especie en nuestro país. Este argumento quizás sea falso, por el papel que pudieron tener los gatos en la extinción del ostrero canario y otras especies del archipiélago. Pero, en cualquier caso, es una falacia por negación del antecedente, que justifica la inacción hasta que no se registre la extinción, ya irreversible, de una especie, saltándose de paso el principio de cautela al que obliga la legislación europea.
Quienes deben velar por la conservación de la biodiversidad no pueden negar el impacto de los gatos sobre la fauna nativa. Incluso PETA, la mayor organización animalista del planeta, lo reconoce.
“Se demoniza a los gatos, pero el problema real es otro”
En la defensa del proyecto de ley se ha acusado repetidamente a los críticos de centrarse solo e injustamente en los gatos, olvidando otros problemas ambientales. Se ha sugerido que la supuesta demonización de los gatos es oportunista y que solo responde a un interés por atacar al Gobierno. Esto es falso.
Kawanabe Kyōsai, 1887.
Diversos grupos de investigación españoles llevan décadas trabajando sobre los impactos de los gatos sobre la biodiversidad y alertando públicamente de ellos. Notablemente, pero no solo, en Canarias y Baleares. Por otro lado, estos investigadores y muchos otros que se han manifestado críticos con el proyecto de ley trabajan también sobre otras amenazas para la diversidad, como la caza, la pesca, la industria energética, la contaminación y los impactos de múltiples especies invasoras.
El Gobierno debería saberlo bien, porque maneja los resultados de estas investigaciones y busca el consejo de estos especialistas. Negar la necesidad de abordar el problema de los gatos sin dueño porque existen otros problemas solo conduce a la inacción frente a todos los motores de pérdida de biodiversidad.
Una variante especialmente preocupante de esta afirmación es la resumida en la frase “el problema no son los gatos, sino el ser humano”. Es evidente que tiene su parte de razón, ya que el motor último de la pérdida de biodiversidad es la actividad humana. Pero lo preocupante de la afirmación es que no hace referencia a lo que los humanos hacemos (y podemos cambiar), sino a lo que somos.
Ofrenda al gato.
Faustino Bocchi, CC BY
“El método CER es el único que funciona y asegura el bienestar de los gatos callejeros”
El proyecto de ley impone el método CER (captura, esterilización y retorno) como única gestión posible de las llamadas colonias felinas, asegurando que reduce el número de gatos callejeros. Sin embargo, numerosos estudios niegan esta eficacia.
Se ha demostrado, con trabajos muy sólidos, que para que el CER fuese efectivo haría falta esterilizar a una proporción muy alta de gatos (por encima del 80 %) en territorios muy amplios y evitar la llegada de nuevos individuos. Estas condiciones pueden ser muy difíciles de alcanzar, no solo por las muchas dificultades logísticas, sino porque el establecimiento de colonias, especialmente de las mas cuidadas, fomenta el abandono de gatos. Más importante aún, reducir el número de gatos callejeros mediante CER depende de que muchos animales (al menos el 50 %) sean retirados del medio. Si la R del acrónimo CER implica el retorno de los gatos a sus colonias, ¿por qué el éxito se logra sólo retirando animales?
Los defensores de proyecto de ley afirman que la aplicación del CER mejora el bienestar de los gatos, pero para PETA el CER no es un método ético, precisamente por no mejorar este bienestar.
Por una gestión de lo público sin negacionismo
Los gatos domésticos son animales fascinantes que proporcionan bienestar a las personas con las que conviven. No obstante, ignorar los impactos que estos animales tienen sobre la biodiversidad, las implicaciones para salud humana, o las limitaciones del CER para reducir las poblaciones de gatos es una irresponsabilidad enorme.
En la tramitación del Proyecto de Ley se ha desoído de manera reiterada a las numerosas entidades conservacionistas (las principales del país) y colegios profesionales (biólogos y veterinarios), que se han mostrado críticos con la norma en su forma actual.
La inmensa mayoría de las aportaciones hechas por estas organizaciones, positivas siempre a la redacción de una ley de protección animal, coinciden en estos puntos básicos:
La necesidad de una carga presupuestaria y medidas reales para fomentar la adopción y otras estrategias de retirada de gatos callejeros.
Fomentar el confinamiento de las colonias para evitar la depredación sobre especies silvestres.
La extracción de colonias y gatos asilvestrados de áreas protegidas, zonas de presencia de felinos silvestres (lince ibérico, gato montés) y lugares con presencia de especies de interés de conservación (toda especie listada en el anexo IV de la Directiva Hábitats, por ejemplo).
El debate se ha simplificado en un ficticio choque entre supuestos amantes de los animales y supuestos matagatos, cuando los investigadores tratan de mejorar una norma necesaria, pero que debe ser reformulada.
La acción del Gobierno está promoviendo el descrédito de la actividad científica, en perjuicio del bien común. Abrazar el discurso animalista negando las aportaciones de los colectivos científicos ha conducido a una ley que no solo no se ha enfrentado a los lobbies importantes, como la caza o la tauromaquia, sino que además está generando un amplio rechazo (desde PACMA hasta federaciones de cazadores). Al final, la norma no beneficiará ni a la fauna silvestre ni a los propios gatos.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir