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3.151 kilómetros blanqueando el genocidio: el deporte convertido en propaganda de guerra
Veintiuna etapas, tres países, 3.151 kilómetros, 184 corredores y 23 equipos. Así arrancó el 23 de agosto la Vuelta Ciclista a España de 2025, presentada como un escaparate de esfuerzo y deporte, pero manchada por la participación del Israel-Premier Tech, el equipo impulsado por Sylvan Adams, empresario amigo y mecenas de Benjamín Netanyahu. No es un debut. Israel lleva cinco años colándose en la gran vuelta española, pero desde 2024 lo hace bajo la sombra del genocidio en Gaza, un contexto que convierte su presencia en una provocación abierta.
La estrategia es clara: usar el deporte como cortina de humo mientras la Franja es bombardeada, mientras miles de personas palestinas son asesinadas o desplazadas. A eso lo llaman sportwashing, una fórmula conocida en la que la camiseta y el pedal se convierten en instrumentos de propaganda.
Los movimientos de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) no han permanecido callados. La Rescop, junto a colectivos de Italia y del Estado español, han lanzado la Plataforma para el Boicot Deportivo a Israel, coordinando protestas en prácticamente todo el recorrido. En Figueres ya se vio la primera bandera palestina ondear frente al pelotón. Lidón Soriano, portavoz de la Rescop, lo dejó claro: “Este año el 90% de las acciones están planificadas y coordinadas. Es una respuesta de unidad frente al intento de normalizar un régimen de apartheid”.
El paralelismo con Rusia resulta sangrante. A equipos rusos se les cerró la puerta en cuestión de días tras la invasión de Ucrania en 2022. Pero cuando se trata de Israel, la Unión Ciclista Internacional (UCI) se aferra a la excusa de que el Israel-Premier Tech se ha ganado el derecho a participar por ranking. Una mentira a medias: el propio reglamento establece que se puede rechazar un equipo cuando su participación dañe la imagen del deporte. Si bombardear hospitales y hambrear a un pueblo entero no afecta a esa reputación, ¿qué lo haría?
SYLVAN ADAMS: DE EMPRESARIO A EMBAJADOR DEL APARTHEID
El Israel-Premier Tech nació en 2014, pero el salto vino en 2017, cuando entró en escena Sylvan Adams, magnate inmobiliario canadiense-israelí, millonario filántropo y ferviente defensor del proyecto expansionista de Netanyahu. Su dinero compró licencias, ciclistas de renombre como Chris Froome y hasta el traslado del Giro d’Italia a Jerusalén y Tel Aviv en 2018. Una operación valorada en más de 38 millones de euros.
Ese traslado no fue casual. Fue un mensaje: Israel quería que Europa aceptara como normal la anexión de Jerusalén Este, ilegal desde 1967 según la ONU. Lo que debería ser capital de un futuro Estado palestino se usó como escenario deportivo televisado a millones de personas. El deporte como arma política, como legitimación de un robo histórico.
Adams no solo financia pedales. En 2023 donó 100 millones de dólares a la Universidad Ben-Gurión tras los ataques del 7 de octubre. Está en el top 100 de filántropos mundiales según la revista TIME. Pero su filantropía no es inocente: engrasa las instituciones israelíes mientras el ejército arrasa Gaza y colonos armados avanzan sobre Cisjordania. Cada euro donado, cada etapa financiada, sirve para cimentar el relato de un Israel democrático, moderno, occidental, cuando lo que hay detrás es un régimen de ocupación militar permanente.
El blanqueamiento deportivo tiene nombres y apellidos. No es “Israel” en abstracto, es Sylvan Adams, es Netanyahu, es la maquinaria de propaganda que convierte a ciclistas como George Bennet, Jake Stewart o Ethan Vernon en carteles humanos de una política genocida. Cuando el pelotón rueda con el logo de Israel en el maillot, no promociona deporte: promociona colonización y muerte.
Las y los activistas lo saben. La Plataforma para el Boicot Deportivo a Israel exige al Ministerio de Deportes y al Consejo Superior de Deportes que revoquen el permiso concedido a este equipo. Porque sí, su participación depende también de un visto bueno español. Unipublic, la empresa organizadora de la Vuelta, podría haber dicho no. El Gobierno podría haber dicho no. Pero prefirieron mirar hacia otro lado mientras la Franja sigue siendo convertida en escombros.
La Vuelta a España no es neutral. Cuando permite que el Israel-Premier Tech desfile por sus carreteras, toma partido. Elige el lado del genocidio.
3.151 kilómetros no son solo deporte. Son 3.151 kilómetros de propaganda para un Estado que utiliza el hambre como arma, que encarcela sin juicio, que coloniza a sangre y fuego. Cada etapa televisada es una victoria para el aparato de Netanyahu y sus amigos millonarios.
El deporte no puede ser refugio para asesinos de pueblos enteros. O se corre limpio, o se corre sobre sangre.
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