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El abrazo a un príncipe acusado de ordenar un asesinato expone la hipocresía de la política exterior europea
¿CUÁL ES EL PRECIO DE LOS DERECHOS HUMANOS PARA LA UNIÓN EUROPEA?
La imagen es elocuente: Ursula von der Leyen y Charles Michel, los máximos representantes de la Unión Europea, recibiendo al príncipe saudí Mohamed bin Salmán con una sonrisa, como si su presencia no arrastrara la sombra de uno de los asesinatos más indignantes de la última década. ¿En qué momento los derechos humanos dejaron de importar para las y los líderes europeos?
En 2018, el periodista Jamal Khashoggi fue brutalmente asesinado en el consulado de Arabia Saudí en Turquía, y las pruebas apuntan directamente al príncipe heredero bin Salmán. Un informe exhaustivo de la ONU, liderado por Agnes Callamard, concluyó que había “pruebas creíbles” de la responsabilidad del príncipe y de altos funcionarios saudíes en la ejecución de Khashoggi. La CIA corroboró estos hallazgos, señalando su implicación en medidas violentas para silenciar a disidentes. Y sin embargo, aquí está, en Bruselas, en una cumbre que no trata de justicia, sino de negocios.
LA IMPUNIDAD DEL PODER Y LA HIPOCRESÍA EUROPEA
La presencia de bin Salmán en Bruselas no solo es un insulto a la memoria de Khashoggi, sino que subraya la hipocresía de una Unión Europea que se presenta como campeona de los derechos humanos, mientras cierra tratos con uno de los regímenes más represivos del planeta. Europa sigue justificando su complicidad bajo el pretexto de la «geopolítica» y la necesidad de mantener la estabilidad en el Golfo, pero lo que realmente busca es asegurar sus intereses económicos y energéticos.
Es cierto que la guerra en Ucrania ha empujado a la UE a diversificar su suministro energético, y Arabia Saudí, como uno de los principales productores de petróleo, juega un papel clave en esa ecuación. Pero, ¿a qué coste? El precio que pagamos es la legitimación de un régimen autoritario que no duda en usar la violencia para aplastar cualquier voz disidente. ¿Cómo puede Europa condenar las violaciones de derechos humanos en Rusia mientras le tiende la mano a un asesino?
La cumbre entre la UE y el Consejo del Golfo, que agrupa a países como Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos, se presentó como un hito geopolítico. Sin embargo, lo que subyace es la intención de fortalecer las relaciones comerciales, especialmente en el ámbito energético. El petróleo sigue siendo la moneda de cambio que todo lo perdona. Mientras tanto, los derechos humanos son relegados a una nota al pie de página en los discursos oficiales, una mención obligada, pero sin peso real.
UN DISCURSO VACÍO QUE NO ENGAÑA A NADIE
Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, intentó salvar las apariencias con una mención superficial a los derechos humanos en su intervención. Pero la realidad es que las y los líderes europeos han decidido ignorar las atrocidades cometidas por el régimen saudí, priorizando sus intereses económicos. Von der Leyen ni siquiera se molestó en mencionarlos. Para las víctimas del régimen saudí, este gesto es una bofetada más.
El informe conjunto de la cumbre menciona la “urgencia” de abordar el cambio climático y avanzar en la transición ecológica, pero no hay ninguna urgencia para exigir responsabilidades a bin Salmán por sus crímenes. ¿De qué sirven los compromisos con el medio ambiente cuando se firman con manos manchadas de sangre?
No es la primera vez que Europa cierra los ojos ante los abusos de los derechos humanos si los beneficios económicos están en juego. Hemos visto esta misma dinámica con países como China, Turquía o Egipto, donde los intereses comerciales prevalecen sobre cualquier otro valor. Pero lo que hace este caso particularmente insultante es la cercanía del crimen. Khashoggi fue asesinado por ejercer su derecho a la libertad de expresión, algo que Europa debería defender con todas sus fuerzas.
EL PRECIO DEL SILENCIO ES DEMASIADO ALTO
Lo que está en juego no es solo la reputación de la Unión Europea, sino la legitimidad de su discurso sobre derechos humanos. Cuando Europa elige el dinero sobre la justicia, está enviando un mensaje claro: los derechos humanos son negociables. Y ese es un mensaje que resuena más allá de las fronteras del Golfo. Otros regímenes autoritarios están tomando nota de que la UE no es tan firme como quiere parecer, y que su defensa de los derechos humanos se debilita ante la presión económica.
El asesinato de Khashoggi no fue un incidente aislado. Es parte de un patrón de represión que caracteriza al régimen saudí. Y la decisión de Europa de recibir a bin Salmán con los brazos abiertos refuerza la idea de que el poder y el dinero pueden comprar la impunidad.
En este contexto, no sorprende que la mención a los derechos humanos en el comunicado final de la cumbre sea vaga y vacía. Las palabras, sin acciones contundentes que las respalden, no tienen ningún valor. Europa ha dejado claro que no está dispuesta a enfrentarse a sus propios valores cuando el coste económico es demasiado alto.
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