«Tengo mucho dolor, contaba con estar muerto hace dos meses», lamenta Javier, solicitante de eutanasia.
La aprobación de la ley de eutanasia en España fue toda una alegría para aquellas personas que consideran que el derecho a la vida no debe minimizar nunca el derecho a la muerte. Sin embargo, las trabas con las que se están encontrando quienes no quieren sufrir más son muchas.
Una de estas personas es Javier, de 58 años, a quien le diagnosticaron ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) hace menos de un año. Entonces sólo le fallaba una pierna al caminar, pero hoy está sentado en una silla de ruedas, apenas puede dormir por el dolor y casi no mueve las manos.
Javier tiene ya todo preparado para morir, pero la Comunidad de Madrid no pone en marcha la Comisión de Garantía y Evaluación: «Si esto le estuviera pasando a alguno de sus familiares, ya estaría funcionando. Están alargando mi sufrimiento. Tengo mucho dolor, contaba con estar muerto hace dos meses.»
Ya se ha despedido de su familia y sus amigos: «La semana pasada, porque pensábamos que esta todo estaría hecho, fuimos a comer todos juntos para celebrarlo, si se puede decir así… Ya saben cómo quiero que sean las cosas cuando me vaya. En el velatorio, nada de sufrimiento, quiero que suene Depeche Mode, luego que me incineren, la misa… ‘Y a tomar por culo la bicicleta'».
Claro desde el primer momento
Él tuvo claro en todo momento que quería acogerse a la Ley de la Eutanasia desde su aprobación. «Desde el primer momento, no tuve ninguna duda, sabía que no me quería quedar en una cama tumbado, mirando al techo e intentando comunicarme con los ojos».
Su tratamiento comenzó en el madrileño Hospital Doce de Octubre. Denuncia que el neurólogo que llevaba su caso y el equipo de la Unidad de Paliativos era objetores de conciencia (una lacra en la Comunidad de Madrid). Este equipo, enviado por el mismo neurólogo, fue a visitarle a su casa y le «intentaron convencer de que no solicitara la eutanasia, me preguntaban que si había pensado en mi familia, que tenían pacientes que llevaban ocho años postrados, que se comunicaban con los ojos y que eran felices. Yo les dije que me daba igual, que no quería seguir sufriendo».
Cuando le visitaron los miembros del equipo de la Unidad del Paliativos comprendió que los trámites, que él creía que se habían iniciado para solicitar la prestación, estaban en el punto cero. Su hermana se desplazó al hospital para iniciarlos entonces.
Ahora, con todo iniciado, Javier está a la espera de que la Comunidad de Madrid apruebe la Comisión de Garantías. «De verdad, creo que si esto les pasara a alguno de ellos, o algún miembro de su familia, esto ya estaría en funcionamiento. Si estuviera en otra comunidad autónoma, no hubiese llegado a estar como estoy, me hubiera ido ya».
«No tengo miedo, si por mí hubiera sido me lo hubiera hecho hace tres meses. Soy creyente, aunque no voy a misa, creo en Dios, pero en el Dios Padre que no quiere que su hijo sufra. Sé que no voy a hacer nada malo», señala.
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